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Bielsa: mejor que un héroe

Por Rodolfo Braceli

Viernes, 3 de Mayo de 2019
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Viernes, 3 de Mayo de 2019 | Por Rodolfo Braceli

Bielsa, Marcelo Bielsa: ¿héroe o traficante de nubes? Doy mi parecer: Bielsa es alguien mejor que un héroe. Es un fundamentalista de la ética. El domingo 28 de abril del 2019 después de Cristo hizo el más prodigioso de los goles habidos y por haber. Un gol ecuménico. 

Bielsa se especializa en “desafíos imposibles”. Ahora dirige al equipo Leeds United, que estuvo a un paso del ascenso directo a la liga mayor del futbol inglés. Le ganaba 1 a 0 al Aston Villa. Pero el gol de su equipo sucedió fuera del fair play, con un adversario caído por lesión. Entonces Bielsa ordenó a sus dirigidos dejarse anotar un gol. El empate tuvo un precio altísimo: el Leeds perdió la posibilidad ascender directamente. Bielsa declaró: “El gol no lo regalamos, lo devolvimos.”

Semejante decisión causó estupor en el mundo entero. Y se cayeron las caretas: Oscar Ruggeri declaró: “En la vida soy honesto, pero en el fútbol soy el mayor h de p que hay”. Rechazó el gesto de Bielsa. El periodista showman Horacio Pagani casi ladrando opinó que Bielsa era un vendedor de humo, que tenía que renunciar. En fin, mostró qué clase de periodista es él y su códigos de vida. Por otro lado a Bielsa lo respaldaron Gallardo, Alfaro, Ginóbili.

En esta contratapa de los viernes, en cinco oportunidades he dedicado mi columna a Bielsa, la primera fue en julio del 2004. No se podrá pensar que en mis conceptos hay oportunismo, adhesión a la moda. El enorme gesto deportivo de Bielsa responde a su código de vida. Voy por conceptos que vertí en aquellas columnas. Coincido con Darío Grandinetti cuando sostiene que Bielsa es el “mejor dirigente” que dio la Argentina en décadas. Bielsa es un prodigioso ejemplo. Él a la ética la exige, pero además la practica. Devolver un gol conquistado legítimamente, pero con un adversario fuera de juego, requiere lucidez, carácter, mucho coraje, una condición humana excepcionalmente templada.

Me permito afanar líneas de mi libro “De fútbol somos”. Allí digo que el fútbol, además de un juego apasionante, es la mejor herramientas para conocernos como sociedad. El fútbol es el espejo que mejor nos espeja. Entre otras cosas nos muestra nuestro costado exitista y derrotista. Y sirve para descaretar a una punta de periodistas estelares, camaleones. Saltan y nos hacen saltar de la euforia a la depresión. No olvidemos, como sociedad, nuestro comportamiento en la desguerra de Malvinas (aleccionados por ese periodismo camaleónico).

Nos extenuamos hablando de los “fracasos de la selección en la era de Messi.” Hemos perdido la chaveta. Olvidamos que llegar a una final en América y a dos finales en mundiales, perdiendo por un penal es una hazaña para celebrar. Pero, en fin, aquí no ser campeón mundial es ser un reverendo pelotudo.

Mientras nos entretenemos con esta desmemoria cretina no le prestamos atención a la selecciones juveniles, donde se siembra lo que vendrá. Estos días se pasó por alto el título sudamericano conseguido por la selección Sub 17 conducida por Pablo Aimar, rara selección que en sus victorias más resonantes, antes de celebrar se dedicó a saludar y consolar a sus adversarios. Aimar hereda el código Bielsa. Cualquier día ordena “devolver” algún gol obtenido por fuera del fair play.

Cuando la selección de Bielsa fue eliminada en la primera ronda del mundial del 2002 la mayoría de los periodistas lo ahorcaron, lo fusilaron, lo pasaron por la silla eléctrica. Cuando Bielsa con el Sub 23 ganó el primer título olímpico fue obscena la cantidad de expertudos que alentaban el no triunfo, para luego reclamar por su cabeza. Pero no pudo ser: les salió el fútbol por la culata. Finalmente Bielsa se fue del país y concretó cosas milagrosas con la antes desahuciada selección de Chile. Dependemos asquerosamente de los resultados.

Bielsa es un personaje ejemplar. Nos decimos que aquí no hay “clase dirigente”. Olvidamos que la clase dirigente se siembra en todos los terrenos. Bielsa demostró ser un dirigente como esos que reclamamos para dejar de ser un conato de país. Este hombre es un denodado trabajador. Aprende y enseña a aprender. No se casa con nadie. Es admirable por su austeridad: sale a la cancha vestido con buzo, no se disfraza de ejecutivo ni de intelectual. Su autoexigencia no tiene feriados.

Vivimos distraídos por la obligación del éxito. La jodida vez que aparece un tipo que encarna el trabajo, el estudio, la ética, la coherencia, y que no le escriben las declaraciones, nos damos el patético lujo de dejarlo ir a otras patrias. Empezamos a extrañarlo pero, acaso, ¿nos merecíamos Bielsa?

 Si un cinco por ciento de la dirigencia argentina, en cualquier terreno, tuviera los valores de Marcelo Bielsa, la Argentina dejaría de ser un conato de país invertebrado. Dejaría de ser el emporio del barullo y de la banalidad y de los globitos. En un país tan dado a la frivolidad y a la güevada, en un país sirviente del FMI, en un país sometido a la peor de las corrupciones, la corrupción de la desmemoria, presencias como las de Marcelo Bielsa hacen pensar que no todo estará perdido porque no todo estaba podrido.

Posdata.

La pregunta salta otra vez, es incómoda: el promedio de nuestra sociedad, ¿merecemos a un hacedor como Marcelo Bielsa? Respondo con dos letras: NO.

¿Por qué? Porque la dimensión que Diego Armando Maradona tiene como futbolista (una magistral suma de belleza y eficacia), la tiene Marcelo Bielsa en el terreno de la capacidad técnica y, sobre todo, en el terreno de la ética.

Hay que decirlo y en voz alta: Bielsa es a la ética, lo que Maradona es al fútbol.

Oíd mortales: en el código Bielsa entre el dicho y el hecho no hay un gran trecho. Este hombre vive para que ese trecho cada día sea más corto.

www.rodolfobraceli.com.ar


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