Rodolfo Braceli zbraceli@gmail.com Viernes, 26 de Abril de 2019

Malvinas, 37: ¿huid mortales?

"Las culpas de militares siempre ilesos, de civiles y cardenales cómplices, de periodistas obsecuentes, no caducan. Y no se fraccionan", reflexiona el autor.

Viernes, 26 de Abril de 2019
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Viernes, 26 de Abril de 2019 | "Las culpas de militares siempre ilesos, de civiles y cardenales cómplices, de periodistas obsecuentes, no caducan. Y no se fraccionan", reflexiona el autor.

Desde Buenos Aires

No podemos, no debemos, pasar por alto el 37 aniversario del 2 de abril de 1982. El episodio –trágico y patético–, nos exige reflexión. No soy reiterativo, reiterativas son la desmemoria, y la indiferencia activa.

  Pregunta: ¿Qué opinarían hoy nuestros militares ciudadanos, Belgrano y San Martín, sobre lo que pasó en la des-guerra de Malvinas? Dicho en números: en combate en las islas y con el hundimiento del Belgrano perdieron, nada menos que la vida, 649 muchachos. Pasada esa sangría, aquí, en el suelo de la patria idolatrada, se suicidaron más de 450 ex combatientes. Hubo más suicidados que muertos en combate. Afrontémoslo: estos y aquellos murieron “de a uno”.

   Segundo interrogante: la responsabilidad de aquella guerra, ¿fue sólo de los militares? La respuesta es la misma que cabe para el Golpe criminal y asesinador de 1976. Fue una guerra militar con gran adhesión cívica, y la bendición del cardenal Aramburu y de parte de la jerarquía de la Iglesia Católica Oficial. Atención: todo pasó con la obsecuencia informativa de la mayoría de los medios y de sus periodistas estelares.

   Tercer incómodo interrogante: el grueso de nuestra sociedad ¿adhirió porque fue engañado? Es evidente que aquellos militares alérgicos al honor nos engañaron. Pero también es evidente que nosotros nos dejamos engañar, periodismo mediante.

   Hubo censura, innegable. Pero ojo al piojo: vayamos por los archivos y comprobaremos que muchos de los periodistas estrella aportaron un obsceno entusiasmo nacionaludo. Desataron en nuestra errática sociedad dos rasgos muy sembrados, el triunfalismo y el derrotismo. Se estimuló la euforia. Y la euforia –¿cuándo lo aprenderemos?– es depresión al revés.

   Es un lugar común: gracias a la desgracia de esa des-guerra recuperamos esta democracia. Democracia hoy cariada por los nostálgicos de la Mano Dura. Desde 1976 la mayoría de nuestros militares, tras violar la Constitución se dedicaron a violar las vidas y a violar las muertes. Sembraron el mapa de muertos sin sepultura. No les fue suficiente: como yapa robaron bebés de cuajo, desde la placenta. Mientras tanto el país era vaciado bajo la tutela de un hijo de la Sociedad Rural, Martínez de Hoz, que reencarnaría después en Cavallo y en otros exterminadores que tuvieron su apogeo, ya en democracia, con los zarpazos del neoliberalismo.

  Aquellos “corajudos militares” de oficina se apropiaron de un reclamo legítimo para hacer una desguerra patética. “Huyeron hacia adelante”, dijo don Borges. El dictador Galtieri salió al balcón y no le costó nada alzar la euforia de una multitud que tres días antes había apaleado. Con sinceridad alentada por el whisky se lo confesó a Oriana Fallaci: “Tomamos las islas, pero nunca pensamos que la Gran Bretaña iba a mandarnos la flota”. ¡Qué pedazo de valiente! Él y otros militares “corajudos”, de los hielos del sur no conocían nada. De los hielitos del whisky sí.

   Memoria, aunque duela: al compás de numerosos escribas aquella desguerra fue vivida con la banal excitación de un Mundial de fútbol. Mientras, adolescentes hambrientos se retorcían de frío y de espanto. Padecían la guerra y, además, atención: las torturas de sus superiores. A los 76 días de aquel 2 de abril la verdad nos cayó en la mollera. Y la euforia patria mutó en depresión vergonzante y avergonzada.

  No le huyamos a la verdad: nuestros muchachos volvieron entre sombras, fueron silenciados y encima despreciados por la indiferencia activa. El tan alentado triunfalismo, convertido en derrotismo, los marginó: los soldaditos héroes, de la noche a la mañana, fueron parias. El grueso de la sociedad les trasladó a ellos el desprecio que merecían esos generales eructantes y esos escribas estelares que hoy siguen minimizando los más de 450 suicidados.

   Hablando de archivos, observemos las páginas veraniegas de la revista Gente, a meses de la rendición. El general Mario Benjamín Menéndez, el fugaz gobernador de Malvinas que regresó sin el prometido suicidio (antes de rendirse) y sin siquiera un rasponcito, ahí va, peinado a la gomina y perfectamente ileso. Menéndez retoza en bermudas, del brazo de su señora esposa, por la rambla de Mar del Plata. El varón, ¿así elaboraba el duelo? Ante aquella postal veraniega, ¿qué le dirían Belgrano y San Martín al rozagante Menéndez?

  Escándalo y vergüenza, hay que machacar aún después del aniversario: a los muertos que quedaron allá en lo más sur del sur, se le fueron sumando, de a uno, esos más de 450 ex combatientes que se suicidaron ¿o los suicidamos? No soportaron la pesadilla de una sociedad triunfalista fogoneada por periodistas obsecuentes. Muchos dirán: “¡Ya basta de revolver el pasado!”. Ojo: la memoria no es retroceso, es imprescindible para que el patético y criminal pasado no se vuelva a repetir.

Posdata. Qué curioso: las señoras tan aseñoradas y los señores tan almidonados que tanto se indignan ante el debate de la legalización del aborto, jamás mencionan esos otros “abortos posteriores” de muchachos cuyas vidas fueron “interrumpidas”.

   Las culpas de militares siempre ilesos, de civiles y cardenales cómplices, de periodistas obsecuentes, no caducan. Y no se fraccionan.

   Oíd mortales, una más: pasó aquí en el pasado diciembre: en un alegre twit, nuestro actual embajador ante el reino Unido calificó de “máximas autoridades” de las islas Malvinas a las actuales del gobierno británico. ¿Fue una expresión desafortunada o una expresión reveladora?

En el Congreso, todos los bloques repudiaron los dichos de Carlos Sersale, diplomático de carrera y economista y premio Konex. Pero el señor Sersale continúa en su cargo lo más campante. Como decía Charly García: “¡huid mortales!”

* zbraceli@gmail.com===www.rodolfobraceli.com.ar


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