Rodolfo Braceli zbraceli@gmail.com Viernes, 12 de Abril de 2019

¡129! ¡Que vivan las parteras!

Nos enseñan el optimismo de la memoria. Porque la fastidiosa memoria es el modo más porfiado de la esperanza.

Viernes, 12 de Abril de 2019
Diario Jornada Diario Mendoza. Buscanos en Facebook, Twitter e Instagram

Viernes, 12 de Abril de 2019 | Nos enseñan el optimismo de la memoria. Porque la fastidiosa memoria es el modo más porfiado de la esperanza.

En medio del desencanto y de la contagiosa desesperanza en esta, nuestra Argentina, de pronto ¡estalla! una prodigiosa noticia: las Madres Abuelas de Plaza Mayo anunciaron la recuperación ¡de la nieta 129! Evidente: a las parteras de la memoria no las para nadie 

La Nieta 129 vive en España. Es hija de Carlos Alberto Solsona y de Norma Síntora, militante del PRT-ERP. Norma fue secuestrada el 21 de mayo de 1977; en ese momento Carlos Alberto estaba en el exterior, y luego debió exiliarse. La nieta nació en cautiverio. Su padre la busca desde hace poco más de 40 años. Ahora, tras la comprobación de su ADN, la secuestrada podrá abrazarse con sus hermanos y con su padre, quien estuvo junto a Estela de Carlotto haciendo el luminoso anuncio. Estos días podrá concretarse ese abrazo que, como Solsona dijo, imaginó atravesando miles de noches sin dormir.

Para dimensionar este nacimiento, tras 42 años de búsqueda, es oportuno afrontar algunas preguntas. Tratándose de un secuestro, ¿cómo procederían los medios y periodistas estelares si, por ejemplo, el secuestrado fuera un nietito de Susana Giménez o de Mirtha Legrand? Supongamos que el secuestro se extendiera por el espacio de 40, 42 horas. Diarios, revistas, radios, televisión harían una cobertura que rebalsaría nuestras horas. Ahora bien, observemos lo que pasa periodísticamente ante la aparición de un secuestro que duró no 42 horas sino 42 años. Pasa poco, casi nada. Y es una obscena vergüenza.

Así son las cosas: la mayoría de los medios minimizan los espacios y los contenidos para afrontar esta noticia extra-ordinaria, la de las nieta 129. Mientras tanto en el mundo entero se valora la infatigable búsqueda de las Madres Abuelas.

La Nieta 129 ha nacido a los 42 años de su edad, y ahora sabe, por fin, cómo se llama y quién es. Pero hay una parte demasiado grande de nuestra sociedad que no sabe quién es, vive entretenida con la nostalgia de la Mano Fuerte. Esa parte de la sociedad a la democracia la “usa” como condón o, si se prefiere, como preservativo.

Renovemos la pregunta: ¿por qué la aparición de una secuestrada de identidad como la Nieta 129 que ahora nos ocupa, apenas si es mencionada con un espacio miserable entre las noticias menores que hay que descubrir mucho más allá de las páginas centrales?

La respuesta cae por madura: las apariciones de nietos afanados de cuajo desde la placenta, a gran parte de los medios nacionales y a sus periodistas estelares, le dan en el hígado. En el hígado de sus oscuras conciencias. Aborrecen la noticia porque en el fondo aborrecen la memoria alumbradora.

Otra pregunta: este comportamiento periodístico, de complicidad con lo más oscuro de nuestra tragedia, comportamiento de indiferencia activa, ¿no es acaso una manera de ahondar la famosa “grieta”?

Quiénes enarbolan la necesidad de reconciliación, ¿por qué ningunean, por décadas, noticias prodigiosas como son las apariciones de nietos secuestrados de identidad? Cada aparición sucede, por así decir, después de un embarazo infinito, de una denodada búsqueda de decenas de años. Se trata de estallidos de vida. De partos conseguidos por las “viejas locas” madres abuelas de Plaza de Mayo. Muchas de ellas viven más allá de sus 90 años. ¿Es que se quedan a vivir?

Se quedan a buscar, hasta que encuentran. Estas parteras hacen la Vida sin arrojar una piedra, una bala. Y ahí, con cada parto, brota un torrente de sol. Y esta sí que es alegría genuina. Esta sí que es la revolución de la alegría. La otra, la de los globitos, es cartón pintado. Se cantan esos alegres de los globitos en cada uno de los 129 nietos. Y en los alrededor de 300 que resta por encontrar.

Hablando de alegría, propongo abrazar con brindis a esas madres que convirtieron al dolor y a la desesperación en militancia del pulso. Las trataron de chifladas. Y como incomodan, las quieren desaparecer con indiferencia y olvido. Pero no podrán: las locas parteras vencen, y enseñan.

Buen momento para mirarnos a un espejo, y para afrontar las preguntas incómodas:

–Permiso, Memoria. Permiso, Conciencia: ¿Qué sería de nosotros si ellas, las Madres locas, no existieran?

¿Qué quedaría de nosotros si ellas no hubieran salido a alumbrar la más eterna de las noches? ¿Qué sería de nosotros? ¿Qué?

¿Estaríamos de pie o en cuatro patas? ¿Estaríamos?

 Reconozcámoslo de una vez: sin ellas alumbrando, esta patria idolatrada hoy sería un definitivo “agujero negro” con silueta de mapa. Y de tanto tocar y tocar fondo, habríamos desfondado el abismo. Pero ellas nos enseñaron y nos enseñan a sembrar el abismo.

 Y nos enseñan que la paciencia no es resignación.

 Y nos enseñan el optimismo de la memoria. Porque la fastidiosa memoria es el modo más porfiado de la esperanza.

La madre que nos parió. ¡Las madres que nos parieron! Brindemos con el luminoso vino oscuro. ¡Que sea el vino por la Nieta 129! ¡Y con los pulsos de la genuina alegría sembremos todos los aires!

Brindemos, pero ojo, sin olvidar que estamos en plena pulseada.

Por eso, durmamos con un ojo abierto y el otro también.

Por nada del mundo dejemos la esperanza para mañana.

No nos aflojemos, y no le aflojemos. Aprendamos de la Madres Abuelas por siempre parteras. El sol nos pide ayuda; escuchémoslo, nos está llamando. Y la Vida cuenta con nosotros.

www.rodolfobraceli.com.ar


Seguí leyendo