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Rodolfo Braceli zbraceli@gmail.com === www.rodolfobraceli.com.ar Viernes, 29 de Marzo de 2019

Ser el hijo de La Negra

Viernes, 29 de Marzo de 2019
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Recordemos a Fabián Matus, el hijo de Mercedes Sosa y Oscar Matus. Dos volcanes. Fabián nació en Buenos Aires, pero fue semillado en Mendoza. Lo conocí cuando la Negra "estaba gruesa". 

  Voy por Fabián a través de algunos fragmentos de mi biografía "Mercedes Sosa / La Negra" (Sudamericana) que escribí con ella viva, en el 2003. Escuchemos a este único hijo:

"-Los más lejanos recuerdos que tengo de la mamá son de mis seis años, cuando me llevaba a la escuela. Un recuerdo lindo, pero con gusto a poco: la escuela estaba a una cuadra. Ella se reía mucho.

-Aunque llora con frecuencia.

-Podrá llorar mucho pero es terriblemente divertida. Eso sí, cuando te está retando. pega a donde a uno más le duele. siempre la mamá fue considerada, digamos, una mina difícil. Pura intuición. Y a su intuición le hace mucho caso.

-Conserva ese don de anticipación de los animales.

-Intacto lo conserva. Y no es lo mismo ser sincero que ser frontal. Ser frontal, como en el caso de la mama, le trae inconvenientes. Su frontalidad excede la sinceridad.

-La Negra carece de sentido diplomático.

-No, al contrario, cuando tiene que ser diplomática es muuuy diplomática. No hay nadie como ella para hacerse la pelotuda cuando no quiere transitar cierto camino. Los periodistas lo saben. Mercedes los lleva por dónde quiere. Los mete en su laberinto. La mama es una mina muy inteligente. Tan difícil como coherente.

-Me llama la atención el vacío de recuerdos de tu infancia.

-Sólo tengo dos imágenes fuertes: vivíamos con mi mamá y mi papá, Oscar Matus, y con dos hijas del anterior matrimonio de él, en una pensión de Plaza Once. Yo dormía en una piecita-comedor con mis hermanas. Mi papá y mi mamá en la otra.

-¿Y la otra imagen?

-Es de cuando viví solo con mi mamá. Ya se han separado mis viejos y de repente estábamos en una sola pieza, rechiquitita, en otra pensión. Mucho dolor. Yo con siete años. En mi cabeza la separación es un borrón feroz. La mudanza debe de haber sido conflictiva. Más con el carácter de mi mamá y el de mi papá. cuando el amor se acaba, se acaba. Pero cuando el amor se acaba y se mete otra persona entre medio todo se vuelve mucho más doloroso. Curiosamente, aunque estábamos en una piecita sórdida, de esos días tengo los mejores recuerdos de mi mamá: ella se encargaba mucho más de mí. Era una madre con el dolor quemante de haber sido dejada. Pero yo comprendía que era necesario que ella saliera por las noches a buscar laburo, a cantar en alguna peña por ahí. No me sentí abandonado, pero...

-¿Pero?

-Pero ella sí se sintió abandonada. Mi viejo salía con otra mujer y la realidad es que un día le dijo: "Mirá; Mercedes, vos no. Ésta sí. Estaba con vos. Ahora voy a estar con ésta." Y mi vieja quedó en la calle. Perdió al marido y encima perdió a su guitarrista, porque mi viejo era su guitarrista y su compositor. Perdió un montón...

-Volvamos: vos y Mercedes viviendo solos...

-Solitos en la pensión Santa Rosa. Después a Tucumán, fui a vivir con mis abuelos. Pero aquí en Buenos Aires vivimos medio año. Por las noches yo me quedaba solo, la mamá tenía que encontrar lugares dónde cantar. Y tenía que conseguir guitarrista.

-¿Cómo sigue ese medio año?

-Con dificultades. Mi vieja no podía seguir conmigo, era imposible. Yo iba por la mañana a la escuela; cuando volvía, ella ya se despertaba, preparaba la comida, después salíamos, la acompañaba a ver músicos. Insisto, ella tenía que armar toda su vida de nuevo.

-Dijiste que cocinaba.

-¡Puta si cocinaba rico! Difícil que Mercedes haga algo mal.

-Sigamos con tu, digamos, exilio en Tucumán.

-Exilio hasta por ahí nomás. La separación era dura pero la mamá hacía un esfuerzo terrible y viajaba seguido para verme. El gran beneficiado era yo porque la mama obviamente sentía una culpa de la puta madre y se caía dos por tres con una bocha de juguetes.

-A veces decís mama sin acento.

-Sí, como si fuera en italiano. Como la nonna, como la mamma.

-Fabián, habrás tenido épocas de distanciamiento con ella.

-Ser hijo no es fácil. Ser hijo de Mercedes Sosa tiene sus vueltas...

-¿En qué te quedaste pensando?

-En la pensión... Recuerdo que algunas noches yo me despertaba y me levantaba asustado, no había nadie en la pieza, entonces bajaba las escaleras y me encontraba con el encargado. El tipo me daba un poquito de charla y después me decía "dále pibe, andáte a dormir". Después la casa de mis abuelos en Tucumán. hasta que un día mi vieja vino a buscarme y claramente me dijo que me iba a encontrar con su nuevo compañero, Pocho Mazzitelli. Con Pocho por primera vez vivíamos en un departamento, en Sarmiento y Ríobamba. Un cambio de la puta madre.

-¿Muy difícil ser hijo de Mercedes Sosa?

-Una relación como cualquiera otra. La joda es cómo dimensionan los de afuera el que uno sea el hijo de la Negra. Que quede claro: yo soy Fabián Matus, no soy Mercedes Sosa; eso es importantísimo saberlo.

-¿Mercedes tiene alguna frase de ésas que son como un sello?

-Más que frase, tiene humor hasta para pensar su epitafio tomándole el pelo a ese costado sufridor que ella evidentemente tiene. Y la mama eligió, para ella, este epitafio: "Nunca fui feliz. Y menos ahora".

-¡Fabián! ¡Fabiááán!!

-¿La escuchás? Ahí me llama. Quiere saber qué te estuve contando en este par de horas. Así es la mama. Siempre quiere saber.

Posdata. A este Fabián que ha muerto a sus 60 años lo recuerdo en 1972, en la noche del Colón. Él y el hijo de Poccho Mazzitelli, niños, están en un palco con trajecitos nuevos, junto a la abuela Emma. Aquella noche todos éramos felices, y no lo sabíamos.



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