Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 8 de Marzo de 2019

Ojo: ellas ya no quieren flores

Hasta no hace mucho el Día de la Mujer era una careteada de ocasión. Que florcitas, que bombones… Cambiaron las cosas, ¡y para mejor! Hoy –a la vista está– el  de la Mujer es un día celebratorio y militante. Más exactamente, es un día de celebración porque es de militancia. Verde que te quiero verde, diría García Lorca.

Viernes, 8 de Marzo de 2019
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Viernes, 8 de Marzo de 2019 | Hasta no hace mucho el Día de la Mujer era una careteada de ocasión. Que florcitas, que bombones… Cambiaron las cosas, ¡y para mejor! Hoy –a la vista está– el  de la Mujer es un día celebratorio y militante. Más exactamente, es un día de celebración porque es de militancia. Verde que te quiero verde, diría García Lorca.

Si queremos avanzar, hagamos memoria. Recupero reflexiones tejidas desde esta columna. Por ejemplo: el 8 de marzo del 2015 marcó un cambio rotundo en la fecha. Como nunca antes las mujeres masivamente decidieron que ese día se dejaran de lado celofanes y ramitos: aquella fecha estuvo marcada por actos en los que se celebró poetizando y debatiendo. La síntesis de aquella jornada militante fue un inspirado aviso: “No queremos flores”. Y esto no fue un mero espasmo de lucidez, se incorporó como costumbre activa.

Con el “no queremos flores” las mujeres nos están diciendo que quieren igualdad real, tareas repartidas en el hogar; que exigen que el ser madres y trabajar afuera no sea incompatible; que quieren decidir sobre el destino de sus vientres y sobre su sexualidad y sus goces. En otras palabras, con una marea de intensos pañuelos verdes quieren –y exigen– que se naturalice una vida sin acoso y sin violencia. Se trata de conseguir la pareja realmente emparejada, para afrontar todas las intemperies del vivir.  
Últimamente brotan voces escandalizadas y preocupadas, entre los hombres y también entre las mujeres apegadas a los mandatos tradicionales. Escandalizadas porque las libertades de las mujeres han puesto en peligro la comodidad de lo que se denomina “buenas costumbres”. Ahora las mujeres saben y lo dicen y lo enarbolan que eso de las “buenas costumbres” es un eufemismo que a lo largo de los siglos impusieron los hombres machistas y las mujeres satisfechas con la “natural” dictadura del patriarcado. Por eso, en este 2019, que no le vengan con flores el 8 de marzo.
Qué flores ni qué flores: las mujeres están haciendo una real revolución que anida un profundo cambio. El patriarcado cruje por todos lados. La discusión por la despenalización del aborto sacudió hasta los cimientos. Ellas saben que son dueñas de sus cuerpos, de sus vientres, de los goces de sus sexos, de sus “sí” y de sus “no”. Saben que en todos los terrenos valen tanto como los hombres.
Y los hombres, claro, estamos desorientados y con nuevos miedos. Tenemos que aprender. Por ejemplo, en materia sexual. Desde hace rato las revistas femeninas abundan en notas comentadoras del sexo. Las mujeres aprendieron el abecedario entero, mucho más allá de la “g”. Los hombres apenas si sabemos las vocales. Por generaciones, para leer sobre sexo en los medios los varones debíamos esperar a los Mundiales, cada 4 años. Para ver si convenía que los jugadores de la selección tuvieran castidad, abstinencia, durante la competencia. Madremía, qué pelotudos.
El caso es que al oleaje de los pañuelos verdes ya no lo para nadie. El dique antiaborto legal que puso, el más que temible, temeroso Senado de la Nación tiene días contados. El aluvión de conciencias simbolizado por los pañuelos verdes ya ha trisado el dique de los retrógrados. Precisamente, porque “la vida es sagrada”, hay que legalizar el aborto; sacarlo de la clandestinidad que padecen las mujeres marginadas por las penurias de la pobreza, hoy neoliberalismo mediante.
Hablando de mujeres ejemplares en esta celebración militante del Día de la Mujer, no debemos olvidar a las –para nosotros y para el mundo– mujeres cruciales, con agallas, con ovarios, con güevas. Me refiero a las prodigiosas Viejas Locas, a las Madres Abuelas que desde el horroroso 1976 fueron la última cornisa de la dignidad para una sociedad que, en su promedio, era cómplice, porque  practicaba la indiferencia activa. Estas mujeres pusieron el cuerpo a disposición del insomnio. Afrontaron la persecución en medio de la atroz indiferencia de esos años en los que se violaba la Vida y se violaba la Muerte y, como botín y propina, se desnucaban todos los colmos robando criaturas, de cuajo, hasta desde la placenta.
Muchas de estas mujeres vienen pasando el umbral de sus 90 años. Qué las parió. ¿Cómo se explica que, atravesadas por el dolor de los dolores, sigan viviendo aun con el dolor multiplicado porque ni siquiera encontraron el consuelo de tener una tumba para poner sus flores? Se explica porque son mujeres. En esas porfiadas rondas de los jueves no le aflojan. Se explica porque son parteras de cada nieto que encuentran. Y ya van 128, pero faltan más de 300, ¡y van y van por ellos!
Antes de que concluya esta semana de mujeres que ya no quieren flores, una vez más, para celebrar este milagro terrenal recupero algunas líneas de una “Plegaria Furiosa” que cerraba mi libro Madre argentina hay una sola:
––Permiso, Memoria. Permiso, Conciencia.
¿Qué sería de nosotros si ellas, las Madres Abuelas, no existieran?
¿Qué quedaría de nosotros si ellas no hubieran salido a alumbrar la más eterna de las noches? ¿Qué sería de nosotros? ¿Qué?
¿Estaríamos de pie? ¿Estaríamos en cuatro patas? ¿Estaríamos?
––Ellas nacieron para semillar semillas. Para resucitar lo desaparecido.
Ellas se tutean con el milagro, pero no esperan a que caiga del cielo.
Una de dos: lo hacen o lo hacen, al milagro.
Salen, ellas, a darle vuelta los bolsillos a la muerte.
No necesitan armas, ¡para eso sus corazones!
Camino se hace al andar, conciencia se hace al girar. Si es rueda la Vida, rueda por ellas.
No hay caso: ¡no se cansan de resucitar! ¡son tenaces parteras!
Porque tienen, ellas, el optimismo de la memoria.
(Posdata. Si ellas ya no quieren flores, ¿qué quieren?
Quieren que despertemos. Así, ¡despiertos y despiertas!, vamos a hacer más intensamente el amor de los amores.)
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar



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