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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 1 de Marzo de 2019

Don San Martín, ¿feliz cumple?

Conmemoramos siempre la muerte de San Martín. Necrológicos somos. Pero se nos pasa de largo el día de su nacimiento, el 25 de febrero. En este 2019 acaba de cumplir 241 años de su ¿vigente? edad. Madremía, al general ciudadano ¿hoy habría que pedirle perdón?

Viernes, 1 de Marzo de 2019
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No debe estar orgulloso de nuestra reiterada sumisión a los buitres del Fondo Monetario. Ni de la extendida actitud vergonzante en cuanto a la pertenencia a la Patria Grande.

Tiempo de mirarnos en el espejo. Con la bendita soja enarbolada, la “patria” es succionada por los caballeros de la Sociedad Rural, dueños de la escarapela (y de grandes pedazos de mapa). Urge reflexionar. Voy a imaginar una conversación con el prócer, utilizando tramos de un librito que Galerna me publicó hace 26 años, reeditado hace un par de años por Ediciones Culturales de la Provincia: “Don San Martín, vengasé, conversemos”. Es saludable traer a aquel militar que priorizó el “ser ciudadano”. Don José me responderá con hebras textuales entresacadas de sus cartas y proclamas. De la charla surgirá que en el siglo 21 don San Martín sería un ciudadano amante de la democracia y rechazante del neoliberalismo, y de los Trump y de los Bolsonaro. Entremos a la charla ilusoria:    
–Don José, observe: ahí tenemos, en el vientre de la burbuja financiera los huevos de la serpiente antidemocrática. ¿Cómo afrontar a los buitres de afuera y de adentro?
–Con “las bibliotecas”.
–La biblioteca, realmente ¿tiene fuerza?
–“La biblioteca es más poderosa que nuestros ejércitos”.
–Suena a música. Ya descorcho un vino de Mendoza... Y brindo por el general ciudadano. ¡Salud!
–“Las ciudades multiplicadas se decorarán con el esplendor de las ciencias y las magnificencias de las artes.”
–Libros, ciencias, artes... aquí han padecido hogueras, bastonazos, indiferencia.
–“Querer detener con la bayoneta el torrente de la opinión universal... es como intentar la esclavitud de la naturaleza… La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene.”
–Qué curioso, usted, general victorioso, rechazó la tentación de gobernar.
–“He tenido la desgracia de ser hombre público.”
–Usted llama desgracia a lo que tantos monicacos ambicionan.
–“Porque estoy convencido de que serás lo hay que ser, si no eres nada.”
–Pero usted al Poder lo tenía servido. Era un presidente cantado.
–Siento una “espantosa aversión a todo mando político.”
–Justamente usted vino a tener esa aversión. En el siglo 20, después de un tal Uriburu, no se imagina la de presidentes sin sufragio que tuvimos.
–“El empleo de la fuerza, siendo incompatible con nuestras instituciones, es, por otra parte, el peor enemigo que éstas tienen... Años de una libertad que no ha existido, deben hacer pensar a nuestros compatriotas.”
–Usted pudo ser un mandatario ejemplar.
–“¿Cuáles serían los resultados favorables que podrían esperarse” de mi persona “entrando al ejercicio de un empleo, con las mismas repugnancias que una joven recibe las caricias de un lascivo y sucio anciano?”
–¿Y si la patria se lo pidiese en este siglo? Usted no se imagina la cantidad de argentinos que le pedirían que tire la Constitución al calefón, tapie el Congreso y venga con “mano dura” a poner Orden.
–“¿Será posible que sea yo el escogido?”
–Supongamos. Es el escogido. ¿Acepta ser el sumo Presidente?
–“No. Jamás jamás.”
–Pero don, escuche, lo reclaman los “republicanos” que usan las urnas sólo cuando les conviene.
–“Mil veces preferiría correr y envolverme en los males que la amenazan, que ser yo el instrumento de tamaños horrores.”
–Cierre los ojos, imagine. Una multitud en la Rural grita: “¡Se siente/ se siente/ don José está presente!”.  Arrecia el clamor… se busca un papi redentor que nos evite la incomodidad de pensar y de ser libres.
–Le dije: “el que se ahoga no repara en lo que se agarra.”
–No es delirio: usted es el candidato.
–“¿Será posible, sea yo el escogido para ser el verdugo de mis conciudadanos, y cual otro Sila, cubra mi patria de proscripciones?”… “No quiero llorar la victoria con los mismos vencidos... Jamás. Jamás.” Insisto: “La patria no hace al soldado para que la deshonre... Paisano mío, hagamos un esfuerzo...”
–Entonces, ¿contamos con usted?
–Sí, pero no como “verdugo de mis conciudadanos. Mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas. Si algún día se viese amenazada la libertad... disputaré la gloria de acompañarles para defenderla. Como un ciudadano.”
–Evidente: usted se prefiere ciudadano.
–Soy “un general que, por lo menos, no ha hecho derramar lágrimas a su patria. No se acuerden de mí para ningún mando.”
–¿Y si, adictos a la sumisión, se le implorara que termine con la política y encabece un gobierno de facto salvador?
–“Alto aquí. Voy a embarcarme... Adiós, mi querido amigo.”
–Espere, no se nos vaya. Ya basta de exilio y de puerto con niebla y de Ezeiza… Don José, venga, quédese.
–“Paisano mío...”
–Viva aquí su eternidad. Mientras trataremos de aprender a ser ciudadanos. Pero... ¿escucha ese ruido?
–“Es la tempestad.”
–Tal vez son los buitres disfrazados de tempestad. ¿Hasta cuándo estaremos a merced de la tempestad?
–Valor. “Es la tempestad que lleva al puerto.”
–La tempestad voltea ventanas y puertas... ¿Qué hacemos, don José?
–“Seamos libres y lo demás no importa nada.”
–Dígame, si esta tempestad nos lleva al puerto ¿por qué usted está tan inquieto? –Porque “la primavera se aproxima y no alcanza el tiempo para lo que hay que hacer.”
Posdata. Don San Martín: un ciudadano nada conservador. ¿Puede ser “conservador” alguien que se aventuró a imaginar y a realizar el épico del Cruce de los Andes?  Insisto: ¿qué diría él si se asomara a este país en el que decir “Patria Grande” se convirtió en mala palabra?
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar






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