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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 1 de Febrero de 2019

 Malvinas, gran metida de pata

La mayoría de los medios llamados de comunicación, desde hace tiempo funcionan como máquinas de picar papel; en este caso la carne de las noticias. Así es que las noticias duran menos que cañitas voladoras. La fugacidad engendra banalidad. Y la banalidad es un modo de la obscenidad.

Viernes, 1 de Febrero de 2019
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El de Malvinas ¿es un tema veraniego? Muchos piensan que el de Malvinas NO es un tema propicio para el verano. Pero, con el debido permiso: me canto en los “temas propicios para el verano”. Digo “me canto”… en fin, trato de cuidar las formas. Pero que las formas no nos distraigan del fondo. A mediados de diciembre pasado –hace un mes y medio– pasó esto: resulta que la Argentina tiene un embajador en el Reino Unido, un cargo delicadísimo que exige una extremada vigilia y profesionalidad. El señor embajador en un “tuit” calificó de “máximas autoridades” de las islas Malvinas a las actuales del gobierno británico. ¡Nada menos! A este impensado reconocimiento, ¿cómo calificarlo?: ¿Metida de pata? ¿Fursio con ese? ¿Furcio con ce? ¿Furzio con zeta? Mucho más que todo eso: en esa calificación de “máximas autoridades” de las islas al gobierno británico ¿hay torpeza?, ¿hay ignorancia?, ¿hay ineptitud?,  ¿hay un acto fallido? Hay ¡ayyyyyyyy!!

La declaración fue a tal punto escandalosa que por un rato consiguió el repudio unificado de representantes de las bancadas opositoras y oficialistas, (entre ellos, Guillermo Carmona, Daniel Filmus, Cornelia Schmidt, Elisa Carrió). Todos coincidieron en convocar al representante argentino en el Reino Unido para dar explicaciones. El formidable “embajador”, mientras transcurría la sesión en la Cámara Baja, difundió una carta dirigida al canciller Faurie. En ella expresaba que “lamenta profundamente las confusiones que se generaron” debidas a su “tuit”. Y añadió: “Dejo constancia que las legítimas autoridades de las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes son el Gobierno Nacional y el Gobierno de Tierra del Fuego”. ¡Bravooo! ¡Chocolate por la noticia! (“Tarde piaste”, dijo la verdulera.)
A propósito de la noticia; pasadas unas semanas, ¿quién se acuerda de ella?  
El insólito asunto corre el riesgo de quedar traspapelado, a merced del olvido y de la indiferencia activa. El argumento / atenuante, que se utilizó para minimizar y disimular la garrafal declaración de nuestro embajador (de carrera) en el Reino Unido fue que se trató de una “expresión desafortunada”. ¿Desafortunada o afortunada? Porque esas expresiones, así calificadas, sirven para revelar la opinión y el sentimiento de quienes las expresan. Delatan, hacen caer las caretas; el “error”, descomunal, pone en evidencia a quien lo comete.
Más que como periodista, pienso como ciudadano, que cuando el embajador dice que “lamenta profundamente las confusiones” y a continuación “deja constancia” de que las legítimas autoridades de las islas son argentinas, debiera renunciar inmediatamente a su cargo. Bueno, esto si tiene un poco de vergüenza.
Pero esto, la “vergüenza”, es un concepto y un sentimiento que suena fuera de época y al parecer está fuera de los códigos de ciertos personajes.
Reflexionemos, ya que estamos: La de Malvinas fue una des/guerra. ¿Qué opinarían nuestros militares ciudadanos, Manuel Belgrano y José de San Martín si vieran lo que pasó durante y después de la des/guerra de Malvinas? Murió un millar de casi criaturas, combatiendo en las islas y con el hundimiento del Belgrano. Después de esa carnicería, aquí, en este mapa patrio, se suicidaron más de 400 ex soldados. Más murieron aquí que combatiendo en las Islas.
Es cierto: los militares de turno nos engañaron. Pero ya es hora de afrontar que también nosotros nos dejamos engañar. Los medios de des/comunicación, más allá de la censura, contribuyeron obscenamente para desatar el exitismo y el derrotismo. Recordemos: aquella guerra se vivió con el ánimo deportivo de un Mundial. Pasamos de la euforia histérica a la depresión vergonzante y avergonzada.
Memoria y balance de lo que nos hicieron y de lo que nos hicimos. Gracias a la desgracia de esa des/guerra los militares y el neoliberilalismo de los civiles, desfondamos hasta el colmo de los colmos y, casi de la noche a la mañana, así los argentinos ¿conseguimos? volver a esta especie de democracia. Democracia siempre a merced de las nostalgias autoritarias; hoy, encima, alentadas por la “moda Bolsonaro”.
(A propósito: ¿cómo es posible que encarnaciones de la antipolítica, monicacos fascistas como Trump y Bolsonaro, entre otros, justamente invoquen la “sagrada democracia” para voltear al gobierno de Maduro en Venezuela?)
Volvamos a nuestro tema. Ahora, entrados al 2019, de pronto nos encontramos con un señor embajador que tiene toda la impronta de un británico. El Hombre se ha mandado una burrada difícil de superar en la antología mundial de las Relaciones Internacionales. Antes de que lo rajen, ya debiera haber rajado adentro de su traje, en moto o en un misil colateral con sidecar. Su colosal “error” en realidad  expresó lo más profundo de su opinión y sentimiento. Así, con declaraciones como la suya, “las Malvinas, Georgias, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes” son y serán cada día y cada noche menos argentinas.
En fin, esto no tiene nombre, es una vergüenza.
Posdata.  Ahora me doy cuenta que al embajador ¿argentino? ante el Reino Unido, no lo he nombrado. Pero tiene nombre y tiene apellido: se llama Carlos Sersale. En realidad su nombre completo es Renato Carlos Sersale di Cerisano. Es diplomático “de carrera” y economista. En verdad, tiene un notable curriculum. Hasta acredita un premio Konex. Al parecer nació en 1950 ¡y en Argentina! Seguramente habla el idioma inglés con fluidez. Su razonable renuncia podría redactarla en castellano, o en inglés. Da lo mismo.
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar

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