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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 25 de Enero de 2019

 Picana, oferta imperdible

Ojo al piojo y a la pulga, y ojo al mosquito: sociólogos y psicoanalistas coinciden en que actualmente la sociedad que más miedo tiene en el mundo es la norteamericana. Joder, se están refiriendo al país/imperio, a la primera potencia paranoica mundial. Vaya, ¡qué pícara la paradoja!

Viernes, 25 de Enero de 2019
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Vuelvo sobre reflexiones vertidas en esta columna. Caballeros y caballeras: aquí, en esta patria idolatrada, la paranoia también se convirtió en una religión y en una ideología. De derechas, naturalmente.

Proclives a la imitación como somos, nos bebemos con patética sed los tremendos ejemplos que provienen del desasosegado imperio yanqui, azotado desde hace décadas por frecuentes asesinos seriales, adolescentes, provenientes de dulces hogares armados hasta los dientes. Armados porque aquella Constitución lo autoriza. Bien sabemos que en los Estados Unidos “el que quiere andar armado, anda armado”.
Los medios de des/comunicación son decisivos para multiplicar los miedos, para alentar la persecuta. A rajacincha inflan las malas noticias, crean sensación de fin del mundo. Y esto no es inocente: todo el tiempo se siembra la antipolítica. Esto a su vez se traduce en el “¡que se vayan todos!” y en el más cercano “¡son todos iguales!”. Así es como la paranoia se ha convertido en religión, en intensa y eficaz ideología.
Entre la basura no deseada que atosiga la casilla de mails, advierto una reiterada oferta para proteger mi “seguridad”. Es una simpática mochilita con elementos para la defensa personal de ambos sexos. Espeluzna la oferta:
“Picana de 3.500 kv + Gas Lacrimógeno de 60 ml. / Ideal para defensa personal.”
Continúa  la oferta con la módica cifra y con esta argumentación:
“En la realidad que vivimos es muy probable que debamos enfrentarnos con intentos de robo y agresión física, camino del trabajo, esperando un colectivo o caminando…”
“Picana Eléctrica (Stun Gun K98 Type) de 3.500 kv, recargable a 220v y de altísima efectividad. Genera un estado de shock y contracción muscular en el agresor, por 11 minutos. Tiene incorporada una linterna LED, ¡atraviesa cualquier tipo de vestimenta!! (A los 2 segundos el agresor acusa dolor y contracción muscular en la zona de contacto. A los 3 segundos lo agobia un estado de desorientación mental que lo paraliza.
- De los 3 a los 5 segundos: no posee control del esfínter, cae en el aturdimiento.
 La oferta del aerosol explica esto:
“-Gas Lacrimógeno en aerosol XA de 60 ml, ideal para llevar en el bolsillo. Brinda seguridad extra a quienes estén en desventaja física. La picana eléctrica recargable de 3.500 kv, más el Gas Lacrimógeno de 60 ml., en gran oferta, a $ 1.360. Abonable con tarjeta de Crédito, hasta en 12 cuotas, o en efectivo en domicilio.”
Hasta aquí la oferta, para la dama y el caballero. Faltó que propusiera un descuento para güevones paranoicos de la primera hora.
Observemos un detalle, atroz: el propietario de esa picana eléctrica que, entre otras cosas, puede hacer que el presunto atacante pierda hasta su control de esfínter (que se haga encima), puede accionar ante la sola sospecha. ¿Y si, por humano error, se equivoca y toma por delincuente a un laburante que es portador de vestimenta precaria y rostro marrón?
Apuesto triple contra sencillo que los eventuales compradores de esta basura están a favor de la pena de muerte. Y están de acuerdo con que en las comisarías se utilice la “persuasión” de la tortura.  Y a la hora de hacer memoria, prefieren el borrón y cuenta nueva. Con la excusa de la “reconciliación”.
Es muy probable que, a propósito de la dictadura de 1976, a la hora de justificar los horrores y las violaciones de la vida y las violaciones de la muerte, lo harían con dos frases de tres palabras cada una: “En algo andarían” o “Por algo será”.
En las personas que se arman de manera tan ridícula (y contraproducente) es posible que haya una necesidad morbosa de ser atacado. La misma necesidad que tienen aquellos que curten armas en la casa. Muy en el fondo, están esperando, deseando, la venida de delincuentes, para poder actuar en consecuencia. Y hacer justicia por mano propia. Redondamente: para poder matar.
Hay que recordarlo: en los Estados Unidos, por causa de las armas en las casas, mueren, cada dos años, la misma cantidad de norteamericanos que murieron en Vietnam.
Posdata: Por favor, imaginemos ahora la siguiente escena familiar: Dos niños: Patricia tiene 6 años y su hermano Daniel tiene 5. La parejita tan anhelada. Estamos en una siesta de pleno verano. Los hermanitos se aburren de estar aburridos. De puro curiosos que son, abren el carterón de la madre y el portafolio del padre. Patricia toma la picana y Daniel el aerosol. Los niños llaman a los gritos a sus padres. Los padres acuden al instante. Los niños, sintiendo que es carnaval, accionan picana y accionan aerosol. El aerosol lo padece la madre, que enseguida jadea como una perra constipada. La picana la padece el padre, que queda paralizado, y a los 5 segundos, como corresponde, se caga encima. Qué desastre.
Un vecino escucha alaridos y por si acaso llama a la policía. Llega la policía, rodean la casa y la manzana. Los servidores del orden ingresan al living. Reciben las descargas que siguen accionando los niños. Tres uniformados quedan fuera de acción, con convulsiones. Dos de ellos también se hacen encima. Ahora el olor es insoportable. Y no es olor a gas pimienta…
Bueno, son cosas que pasan. Los chicos qué saben. Los chicos han hecho justicia. Oíd mortales: justicia poética por unos pocos mangos, pagaderos en 12 cuotas, ¡y con tarjeta!
(La paranoia nos tiene jodidos, muy jodidos. Viva la Pepa. Y viva el Pepe. Y viva la mentada lora.)
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar


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