Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 11 de Enero de 2019

Ojo: la esperanza ¡un deber!

Me da pudor decir ¡Buen día! Pero sí, por qué no: ¡buen día! El 2018 se nos escurrió con la pavorosa  velocidad  con la que se nos va la mentada Vida. Pasada la obviedad de los brindis (que sólo podemos consumar quienes tenemos mesas servidas) creo necesario poner en remojo una pregunta: ¿es la desesperanza una forma de traición?

Viernes, 11 de Enero de 2019
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Viernes, 11 de Enero de 2019 | Me da pudor decir ¡Buen día! Pero sí, por qué no: ¡buen día! El 2018 se nos escurrió con la pavorosa  velocidad  con la que se nos va la mentada Vida. Pasada la obviedad de los brindis (que sólo podemos consumar quienes tenemos mesas servidas) creo necesario poner en remojo una pregunta: ¿es la desesperanza una forma de traición?

0.   Vuelvo sobre conceptos que vienen madurando en esta columna, desde hace una década. Ya sucede el año 2019 después de aquel Cristo que tenía la prodigiosa obsesión de multiplicar los panes. El mundo es arrasado por el impiadoso tsunami del neoliberalismo; el asunto de la distribución de los panes sigue cruelmente pendiente. Nicanor Parra, el hermano de la Violeta, a propósito de panes, escribió esto que define al capitalismo neoliberal y a los buitres, tan vigentes: “Hay dos panes. El momio de cuello almidonado se come nomás los dos. Yo ninguno. Consumo promedio, un pan por persona.”

1.  La frase de este tiempo, “Son todos iguales”, reemplaza al “Que se vayan todos”.  Ojo al piojo: alerta para la democracia. Triunfa la antipolítica. Luz verde para los Bolsonaro y los Trump. Esta jodida realidad invita a bajar los brazos. A la desesperanza.
2.   ¿Cómo vadear el contagiante desaliento? Afrontemos interrogantes: ¿Vale la pena tener esperanza? ¿Vale la pena tener esa pena? La pena vale la pena si es porfiada, porque esa pena, tarde o temprano, valdrá la alegría.
3.  Ojo al piojo y a la pulga: cuando pronunciemos la palabra “esperanza”, no se nos olvide que la verdadera esperanza no nos cae del cielo. Es algo que brota aquí en la tierra. Brota, si la sembramos. Y si la regamos incluso en los días de guardar.   
4.  Entonces, ¿la esperanza es una “actividad”? No le mezquinemos el poto a la jeringa: sí, la esperanza es un arduo trabajo.
5.  Ese trabajo incluye indignación, desvelo, insomnio, pulseada. Así se amasa la democracia. Tan manoseada, tan usada como forro ella.
6.  Quede claro: esto que reflexionamos vale, sobre todo, para quienes tenemos techo y trabajo, para los biencomidos y alfabetizados. A los sin trabajo y a los ancianos jubilados no debemos exigirles nada. Es comprensible  que, llegado al caso, ellos desciendan a la desesperanza. A ellos, en vez de exigirles, debemos pedirles perdón; por los siglos.
7.  Los biencomidos, alfabetizados y abrigados que bajan los brazos con relación a la esperanza, en realidad no merecen tener brazos. Vagos de toda vagancia, ofenden a la Vida, le sobran al censo.
8.  No olvidemos: la década de los 90, con la careta de la democracia, consolidó los estragos de los años de dictadura, ejecutada por aquel neoliberalismo encarnado primero por Martínez de Hoz y años después por el lagrimoso Cavallo. Recordemos: en esa década se vendieron las joyas de la abuela. Y a la abuela también. Durante el jolgorio de las “relaciones carnales” el grueso de nuestra sociedad, a merced de los buitres de adentro, consintió el despojo por los buitres de afuera. Lo más grave: a demasiados, casi nos convencen de que sentir esperanza era ridículo.
9.  Ojo al piojo: hay muchos que a la palabra “esperanza” la escupen. O la usan publicitariamente. Y, en ese río revuelto del “todos son iguales” que inyecta la “antipolítica”, una vez más le hacen el caldo gordo a los siempre activos fachos que propician tener armas en casa.                    
10.  ¿Qué podemos hacer? Aprendamos del luminoso ejemplo de las Madres Abuelas de Plaza de Mayo. Ellas nos enseñan que la esperanza es un derecho. Y es un deber. Ineludible. Y nos enseñan que la memoria es la forma más ardua de la esperanza.
11.  ¡126, 127, 128 nietos recuperados!  Sin balas y sin piedras. Nadie pudo, nadie podrá con las prodigiosas parteras de la memoria. Nadie pudo,  nadie podrá con el acero de su ternura. He ahí lo que puede el optimismo de la memoria. La esperanza amasada por la invencible ciencia de la paciencia.
12.  Sea dicho: la paciencia no es resignación, es lo contrario.
13.  Entendida la esperanza como incesante trabajo: está claro que no es para vagos, ni abúlicos, ni desmemoriados, ni invertebrados. Que no es para traidores, ni es para forros camaleones.
14.  Bajar los brazos, entregarse al desánimo –para decirlo como lo diría Quevedo– es una manera de cagarse en el futuro. Ojo al piojo: adentro de la palabra “futuro” están nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos y...
15.  Damas y caballeros, no permitamos que también nos afanen la esperanza. 16.  Que no haya confusiones: estamos hablando de la esperanza como última cornisa de la dignidad. De la esperanza como milagro sembrado, y no caído del cielo. De las esperanza como polea ideológica. No estamos hablando de la esperanza pavota, güevona. Ni estamos hablando de la esperanza “oral”, la usada en los discursitos aprendidos de memoria.
17.  Entendámonos: hablamos de la esperanza de los que hacen el amor a rajacincha. De la misma indómita esperanza que les permitió a las Madres Abuelas ser parteras, hoy, de aquellos nietos afanados de cuajo desde la placenta, hace décadas.
18.  Ya rueda el 2019. Hagamos un esfuerzo de hernia para no caer en la tentación de la desesperanza. Esa tentación es una obscena comodidad. Y es una traición que no tendrá perdón de ninguno de los dioses habidos y por haber. Sumada al no perdón de los dioses estará la mirada acusadora de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. Y así sucesivamente…
Posdata.  Por más abatidos que estemos, no caigamos en el pozo desfondado del desánimo. Los biencomidos y bienleídos, ¿tenemos acaso derecho a bajar los brazos? Eso sería la traición de las traiciones. Damas y caballeros: en el 2019 no arriemos la esperanza, y no perdamos la vergüenza, y ¡carajo! no seamos obscenos, no caigamos en la indiferencia activa.
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar













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