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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 28 de Diciembre de 2018

Cejaizquierda, ¿vive?

Pido unos párrafos de paciencia. Antes de soltar el "felizañonuevo", voy por una historia que referí en esta columna hace más de diez años. Hoy la historia vuelve y me agarra de las solapas, y de las pelotas. Me agarra y me exige compartirla otra vez.

Viernes, 28 de Diciembre de 2018
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Lo haré advirtiendo que nuestra manera de mirar hoy adolece del velo crispado del miedo; miedo que los des/comunicadores se encargan de sembrar: hoy la paranoia se ha convertido en una ideología arrasadora. A falta de ocurrencias y proyectos, varios candidatos sueñan con gobernarnos, contagiados por el éxito de Bolsonaro; y alientan sin pudor esa paranoia que acribilla nuestros días y noches. Paranoia enarbolada, sin asco, por las derechas del viejo neoliberalismo. Joder, parece que de paranoia somos.   

Urgente pregunta para usted y para vos: por casualidad, ¿vieron a un joven de unos 30 años que tiene una honda cicatriz que divide su ceja izquierda? Si lo ven, deténganse, pregúntenle cómo se llama, qué es de su vida. Suena a disparate esto de demorarse ante un desconocido porque tiene una cicatriz precisamente en su ceja izquierda. Ningún disparate; a ese joven tenemos que encontrarlo. (Si es que vive. Si es que ya no fue borrado del mapa.) Ese ser es un auténtico tesoro de intensa humanidad. Y vale tanto como un prócer porque su individualidad se multiplica en solidaridad.
Voy por su historia. Mariana Francia es una maestra de Entre Ríos. En 1997, todavía adolescente, fue alcanzada por la leucemia. En el Hospital Británico de Buenos Aires supo que su única posibilidad de salvación estaba en un trasplante de médula; había que realizarlo en Londres y eso costaba por entonces 300 mil dólares. Cifra inalcanzable. Pero los amigos de Mariana empezaron a vadear lo imposible, a mover cielo y tierra y pavimento. Inventaron rifas, peregrinaron por diarios y radios y canales, y así llegaron a Buenos Aires. Fanny Mandelbaum organizó una colecta por televisión. Pusieron una enorme alcancía en la esquina de Florida y Corrientes. En mayo del 98 la cifra había sido reunida y Mariana pudo, trasplante mediante, nacer de nuevo. Ciencia más solidaridad hicieron este milagro que no cayó del cielo.
A Mariana la entrevisté por sugerencia de un gran periodista de Paraná recientemente fallecido, Guillermo Alfieri. Conversamos en casa de Mariana, ella vivía con sus padres. Entre las historias que me contó rescato esta, escuchémosla:
- "El día de la colecta, en Florida y Corrientes había un pibe de unos ocho o diez años que hacía su trabajo callejero: abría y cerraba las puertas a los pasajeros de taxis de esa parada. Estuvimos todo el día allí. Al final de la tarde el pibe se acercó, sacó de sus bolsillos las monedas y los billetes que había juntado con su trabajo y los depositó en la alcancía. Todo pasó muy rápido. Dejó todas sus dineritos y se hizo humo. No alcanzamos a preguntarle -siguió contándome Mariana- ni cómo se llamaba. Nada. Sólo recuerdo que tenía una cicatriz en la ceja izquierda. Siempre me pregunto: ¿dónde andará ese niño y haciendo qué? ¿Estará sanito? Más me pregunto: ¿estará vivo?"
Lo del pibe de la cicatriz parece un relato de otro mundo, no del nuestro, tan egoísta y tan paranoico. Esta historia le da una flor de trompada al mentón de la  indiferencia activa nuestra de cada día. Aquel pibe nos enseña sin Trolls publicitarios, sin solemnes sermones, que no es casual que solidaridad incluya la sílaba-palabra sol. Que la solidaridad (y la esperanza) es algo que perdimos en el aquelarre de la última década del siglo 20, mientras la Argentina presumía del "un peso un dólar" y era rifatizada, vaciada, saqueada y analfabetizada. Aquel pibe, sin palabras, nos demuestra que no tenemos razón cuando justificamos nuestra abulia y nuestra inacción diciendo: "Lo que pasa es que aquí no hay ejemplos".  
Ejemplos aquí hay a patadas. Pero no los busquemos en la perfección congelada del bronce ni en la vidriera de los famosos. Busquémoslo más acá de nuestras narices.
Mariana Francia nos cuenta que aprendió, en carne propia, la ciencia de la conciencia. "Abrir los ojos, aprender a mirar con el corazón, esa es nuestra cuestión."
La pregunta insiste: ¿qué será de la vida del aquel pibe que entregó todas sus monedas? Me repregunto sobre el destino de un ser que era tan excepcional siendo un mocosito. Lo que podría llegar a ser de adulto. Imaginémoslo médico o político o docente o jurista o periodista.
Pero, a todo esto, el pibe aquél, ¿dónde estará?, ¿La intemperie qué le habrá deparado?, ¿Estará vivo el pibe? Uno se pregunta también si en el fin de semana de mediados de noviembre del 2001 fue censado. Si fue censado, cuando se le preguntó sobre su actividad debió haber contestado "héroe".
Distraídos como estamos en el reclamo de "mano dura" y de "tolerancia cero", no vaya a ser que un día de estos nos crucemos con el pibe de la cicatriz en la ceja izquierda, y sigamos de largo. O le escupamos una puteada porque insiste en limpiarnos el parabrisas o en vendernos un juego de lapiceras.
Posdata.  Pasados los años Cejaizquierda sigue sin tener nombre. Su solidaridad entregando todas, pero todas sus monedas del día sin decir una sola palabra, tampoco tiene nombre. Me reaparece la pregunta: ¿estará con vida? ¿él, quién será hoy? El otro día, a un par de cuadras de Corrientes y Florida, me crucé con un joven de unos 30 años. Tenía una cicatriz. Pero en su ceja derecha. Recordé que Mariana Francia me había remarcado que era en la ceja izquierda. Lo cierto es que estuve a punto de abordarlo al joven, pero me frené a tiempo y se alejó.
 (Seguiré buscando el rostro de Cejaizquierda, tengo que encontrarlo. Pido a los  lectores y lectoras que lo busquemos. Entre todos.)
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar

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