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Rodolfo Braceli zbraceli@gmail.com/www.rodolfobraceli.com.ar Viernes, 7 de Diciembre de 2018

En el G-20 faltó el Pepe

Viernes, 7 de Diciembre de 2018
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La super-cumbre del G-20 ya fue. Adiós adiós. Insólito: tembló en Buenos Aires. ¿Fue un mensajito de la Pachamama? Prodigiosa casualidad. A propósito del G-20, entre los líderes, se extrañó un tal Pepe.

  Así es: cuánto se lo extraña a don Mujica. Los medios nos traen noticias espeluznantes sobre el recalentamiento del planeta. El presidente de la máxima potencia no le da pelota al cambio climático. Y mientras tanto se baten records suicidantes: saqueo de humedales, tala de árboles, soja alevosa, sequías, gases que pudren los aires, siembra de misiles. Madremía. Las democracias se trisan, careteadas por la autodenominada “nueva política”.

   Es momento para traer otra vez a esta columna un discurso antológico del Pepe Mujica, en el junio del 2012, en una Cumbre realizada en Brasil. Aquel discurso anidaba una pregunta casi terminal: ¿Hasta qué punto, al capitalismo consumista del Primer Mundo, neoliberalismo mediante, le importa la mentada ecología?

   En aquella ocasión los almidonados mandatarios del mundo escucharon al desaliñado Mujica con desgano. Con el tiempo aquel discurso se convirtió en una flor de encíclica laica que contiene “verdades brutales”. Es imprescindible reiterar las reflexiones del Pepe porque la vida de la humanidad entera entró en cuenta regresiva.

   El Pepe fue al grano: “Permítasenos hacer algunas preguntas en voz alta. Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable. De sacar las inmensas masas de la pobreza. ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? El modelo de desarrollo y de consumo que queremos, ¿es el actual de las sociedades ricas?”

   Los altos estadistas neoliberales, neobuitres, carraspearon. El Pepe siguió: “Me pregunto: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?”

   La pregunta arrinconó al Primer Mundo capitalista con ese “cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar”. Por las dudas el Pepe explicitó: “Más claro: ¿tiene el mundo los elementos como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿O tendremos que darnos otro tipo de discusión?”

   Ya con dedo en la llaga, el Pepe avanzó: “Hemos creado esta civilización hija del Mercado; ha deparado un progreso material explosivo. Pero la economía de Mercado ha creado sociedades de Mercado. Y nos ha deparado esta globalización. ¿Estamos gobernando esta globalización o ella nos gobierna a nosotros?”

   El Pepe no dio respiro: “¿Es posible hablar de solidaridad en una economía basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?”

   El Pepe seguía denunciando al hipócrita y prolijo neoliberalismo: “La gran crisis que tenemos no es ecológica, es política… El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre. Y a la vida. No venimos al planeta para desarrollarnos solamente… Venimos para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida. Esto es lo elemental. Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un “plus” y la sociedad de consumo es el motor de esto. Ese hiper consumo está ‘agrediendo’ al planeta. Y tienen que generar ese hiper consumo, para que las cosas duren poco; hay que vender. Y una lamparita eléctrica, entonces, no puede durar más de 1000 horas encendida. ¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100 mil horas! Tenemos que sostener una civilización del ‘úselo y tírelo’, y así estamos en un círculo vicioso. Pero no podemos seguir gobernados por el Mercado, tenemos que gobernar al Mercado. Por ello digo: el problema que tenemos es de carácter político. Los viejos pensadores –Epicúreo, Séneca y también los Aymaras– definían: ‘pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho’.”

    El Pepe –sin corbata– siguió: “Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo ‘rechinan’. Pero tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Hay que revisar nuestra forma de vivir. Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las 8 horas. Y ahora están consiguiendo las 6 horas. Pero el que tiene 6 horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes. Para pagar la moto, el auto, cuotas y cuotas, y cuando se quiere acordar es un viejo al que se le fue la vida. Y uno se pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana? ¿Solamente consumir? Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor a la tierra, del cuidado a los hijos, junto a los amigos. Porque es el tesoro más importante que tenemos.”

   El Pepe, cerró así: “Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente se llama ‘felicidad humana’.”
   Imaginemos al Pepe diciendo esto en el G-20, hoy: “No podemos seguir gobernados por el Mercado, sino que tenemos que gobernar al Mercado.’”

   Puso en evidencia que la preocupación ecológica de los países del primer mundo neoliberal, oscila entre la hipocresía y el cretinismo moral. Ejemplo: explota la burbuja financiera y para salvar a los bancos buitres se fabrica otra burbuja más grande. Con el 20 (veinte) por ciento de esa inversión salvadora de bancos voraces se terminaba con el hambre y el analfabetismo y las enfermedades endémicas del planeta.

     Posdata. Peligra la vida de los hijos de nuestros hijos. El planeta es un balero, el balero es una granada. Ah, el balero está en manos de unos monicacos que se peinan con espray. El espray suicida al medio ambiente.




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