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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 23 de Noviembre de 2018

Benedetti: “Ojo ¡los nazis!”

Sí, ya sé, Mario Benedetti nació el 14  de setiembre de 1920 y murió el 17 de mayo de 2009. Se paladeó 88 años de eso que llamamos Vida. Si no se está cumpliendo ningún aniversario ¿por qué esta columna? Porque se nos canta.

A Mario Benedetti lo conocí haciéndole tres reportajes; él andaba entre sus 71 y 76 años de edad. Siempre lo noté enojado al hombre. ¿Enojado por qué? Paciencia, por favor. Por empezar, ¿qué significó Benedetti? Dicen algunos que Benedetti hubiera sido mucho mejor poeta si en vez de 80 libros hubiera publicado una docena. Cuando murió varios dijeron que ante todo fue “un hombre bueno”. Una cordial manera de reducirlo literariamente. Pregunta: ser “un hombre bueno” ¿disminuye los quilates en el canon literario?

Benedetti fue ese que nos avisó que somos mucho más que dos, que al fuego le debemos dar las gracias, que el olvido está lleno de memoria, que la vida demasiadas veces es nada más que un blanco móvil, y que el sur también existe. Hombre precavido, pidió: “Cuando me entierren, por favor, no se olviden de mi bolígrafo”.
Algunos opinan ¿desde la mala leche? que Benedetti fue un “buen poeta menor”. Padeció un ninguneo académico semejante al de nuestro Tejada Gómez: los dos sacaron a la poesía de la jaula selectiva del libro y la matrimoniaron con la música: los dos consiguieron la prodigiosa multiplicación de los “otros panes”. Un poema alado, reconvertido en canción siempre llega más lejos que todo misil preventivo. Certero penetra en el corazón menos pensado. ¡Y sin daños colaterales!
La polémica sobre el “fenómeno Benedetti” llega al colmo de considerárselo el Mayor de los Poeta Menores. Lo indiscutible es que fue un pertinaz cazador de eso que nos da miedo nombrar: la felicidad. Y cazador de la ternura, tan menospreciada por la “alta literatura”.
Pero saltean un detalle: su don de la comunicación. Brillantes poetas menores hay a patadas pero, ¿cuántos llegan a la trascendencia de Benedetti? La comunicación es el don de los dones. Ejemplo: el Polaco Goyeneche estragado de sus últimos años.
Reportajes mediante. Voy por tramos de mis reportajes. Confieso: me  llevó tres entrevistas hacerle la pregunta ingrata: la referida al “poeta menor”. Y falta menos para saber por qué lo defino como “el Enojado”.
– ¿Desde cuándo escribe, Mario?
–Desde mi primaria; hacía poemas en alemán. A los 10 años también escribí 300 páginas imitando a Alejandro Dumas. Las tiré… Aprendí a escribir a máquina para poder hacer un diario. Yo sacaba copias con carbónico, y lo vendía en el barrio. Causaba gracia eso, y me lo compraban... Siempre escribí. En mi primer libro en 1945, amontoné sin unidad; resultó una porquería.
– ¿Alguna vez quiso ser otra cosa?
–No. O sí. Quise ser campeón de ping pong. También estudiar humanidades, pero la situación económica de mi casa era un desastre. Mi padre, aunque parezca que en la honestidad no puede haber exageración, era exageradamente honesto. Rayaba en la inocencia. Compró una farmacia y lo estafaron. Terminé el secundario rindiendo libre; trabajé desde los 14.
–Puesto a hacer memoria, ¿hasta dónde llega?
–Me acuerdo que me resistía a comer. Una muchacha que hacía tareas en la casa se escondía detrás de un biombo y me hacía reír. Ahí comía. También me acuerdo de cuando nos fuimos del pueblo; yo tenía dos años, mi madre me había envuelto con una manta…
–Usted se pasó media vida arrancado de su paisito.
–Tuve cuatro exilios: en Argentina, Perú, Cuba y España. Me adapté a cada sitio... A veces tengo nostalgia del exilio.
– ¿Qué piensa del resurgimiento de las xenofobias en esta década del 90?
–Cuando al nacionalismo se lo convierte en agresión hacia la gente que proviene de otros lugares, detrás viene el fascismo, el nazismo.
–Pero cayó el Muro de Berlín.
–Con esos escombros están construyendo el Muro de Europa para que no pasen esa línea sudacas, turcos, albaneses.
–Cuando se dice que las izquierdas y las ideologías han muerto, usted, hombre de izquierda, ¿qué responde?
–No creo que las ideologías estén muertas. La de derecha florece. Lo que pasó en los países del Este no significa que el socialismo haya muerto. Significa que ciertos personajes traicionaron su ideología. Hay sectores de izquierda que tienen, como en el tango, la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.
–Mediando los 90, ¿le encuentra sentido a ser de izquierda?
–Mucho sentido. Pienso –y en esto coincido con Borges– que existe una dignidad que el vencedor nunca podrá alcanzar.
– ¿La humanidad aprendió?
–Europa es la demostración de lo poco que se aprendió. Tanto poner dificultades para que no entren otras gentes y resulta que al enemigo lo tienen adentro. Porque el nazismo, que una vez ya casi destruyó Europa. Ojo, que puede volver.
– ¿Y ante esto?
–Ha llegado el momento de ayudar a Europa. Hay que hacerle comprender que tiene que precaverse del nazismo: puede ser la destrucción de la humanidad. América latina puede ayudarla. A veces el débil puede ayudar al fuerte. Además, América latina va llegando a la conclusión de que no tiene que mendigar más. Europa no nos va a ayudar.
– ¿Y Estados Unidos?
–Estados Unidos mejor que no nos ayude.
(La última vez que estuve con Benedetti, me habló de su enojo con la muerte. Me dijo:)
–Debemos seguir viviendo, sin dejar de pensar que la muerte es injusta. Esa es la forma de no merecerla… Pero en fin, la muerte es la única ley que no hay manera de trampear… Recién ando por los 76 y creo que el tiempo de dejar de escribir no me llegó... Pienso escribir un tratado sobre la hipocresía, como una de las bellas artes.
 (Como pensando en voz alta, Mario, el Enojado, dijo: “Nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final, pero así y todo hay que vivir como si fuéramos inmortales”.)
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