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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 9 de Noviembre de 2018

Don Dios y el Boca-River

En esta patria idolatrada estamos con el corazón en la cornisa. Allá arriba –arriba de todo y de todes– don Dios advierte, que allá abajo hay un clima inquietante. Llama urgente a su Ángel Secretario Celestial; quiere “saber de qué se trata”. El Ángel Secretario tardará cinco minutos en aparecer…

Cinco minutos, una eternidad. Don Dios supone barbaridades: “Me huelo que se viene otro genocidio preventivo del señor Trump. Qué muchacho este.” Por fin aparece, agitado, el Ángel Secretario. Don Dios le pregunta dónde mierda estaba:

–Esteee… esteee…
–¡Responde de una vez!
–Estaba tratando de conseguir una credencial.
–Explícame ya ¡qué caraxus está pasando allá abajo!
–Pasa que se viene la final por la Libertadores de Boca-River (o viceversa). La Argentina está succionada por ese tema. No importa dólar, ni inflación, ni deuda externa. Clima de final de Mundial.
–Ay, Mundial… otra vez relámpagos que me sacudirán la nube y me arruinarán la siesta y me harán trastabillar paraíso abajo...
–Así es: ¡el relámpago de los goles! Don Dios, póngase el cinturón de seguridad.
Esta escena no es ficción ni delirio: podría ser verificada hasta por un ateo. Con las finales River-Boca (o viceversa) la Argentina y el mundo entero se volverán planos, como antes de Colón. Serán poseídos los argentinos de cualquier edad, sexo y religión. Vivirán dos semanas entre paréntesis: todo estará supeditado a esos partidos: política, economía, humores, amores y desamores. La patria succionada. Si una guerra se desatara aquí, pasaría inadvertida.
Recupero apuntes que hace años escribí para La Nación. ¿Cómo hacer para vivir el Boca-River (o viceversa) y no crepar en el intento? Veamos. Pasará lo de siempre: el fútbol nos unirá, nos enconará, nos enloquecerá, nos sacará la careta. Nos espejará.  
Recomendación 1: tengamos a bien no enojarnos con el espejo. El espejo refleja nuestras conductas, las debilidades y traumas que escondemos debajo de la alfombra. Evidenciará nuestra violencia, delatará nuestro larvado y muy alentado racismo, brotarán como hongos nuestras supersticiones y se licuarán con las religiones. Gestionaremos en los altares de todas las religiones habidas y por haber tratado de conseguir apoyo adicional del Más Allá.
Recomendación 2: a la hora de los pechazos celestiales, debemos recordar que en el fondo buscamos una especie de doping celestial a cambio de nuestras promesas. Así no vale.
Sigamos: La fiebre del River-Boca (o viceversa) nos mostrará, otra vez, cómo tantos medios de des/comunicación trabajan para incentivar nuestra enfermedad: el exitismo y el derrotismo.
Recomendación 3: estas descaradas y patéticas oscilaciones entre la gloria y la humillación, delatarán nuestra propensión a la alevosa desmemoria. Revisemos por ejemplo nuestra euforia al “tomar las Malvinas” y nuestra avergonzada depresión al reperderlas.
Recapitulemos: Quienes veneran el fútbol como medida de todas las cosas y quienes lo aborrecen como ombligo de todas las pestes tienen la oportunidad de usarlo como herramienta de autoconocimiento.
Recomendación 4: aprovechemos el espejo. No lo rompamos. Recordemos que, aparte de ser un juego fascinante, el fútbol es la más prodigiosa herramienta para conocer-nos como individuos y entonces como sociedad. Culpar al espejo por lo que nos muestra es una comodidad en la que incurren reconocidos intelectualudos. El fútbol ¿es la causa de Bolsonaro? ¿acaso tiene la culpa de la condición humana?  
Recomendación 5: los intelectualudos tomados por el odio y el asco a la pelota, respóndanse esta pregunta: “Si el fútbol fuera erradicado de cuajo ¿la condición humana estaría hoy un escalón más arriba? ¿No habría hambruna y guerras en el mundo?
A partir del bendito e insoportable Boca-River (o viceversa) hay más cosas para registrar. Siempre, invocando a Jesús o Marx, cacareamos por un mundo más igualitario. Recomendación 6: comprobemos cómo, ninguna otra cosa en la vida iguala tanto como el fútbol. Salvo la  muerte. Pero con la muerte, ¿qué gracia tiene ser iguales?
Otra vez nos sucederá: viejo lugar común decir que el gol es un orgasmo. El orgasmo le sucederá a humanos de 15, 30, 70 o 98 años. En el mismo instante, hombres y mujeres, explotadores y oprimidos,  semiólogos y cartoneros, cultos y analfabetos, hijos del primer mundo y del tercero, los ricos de siempre y los crecientes desgajados podrán compartir el mismo gol-orgasmo. Todos a la vez, todos adentro de ese alarido único.
Recomendación 7: una vez más este clásico nos hará ver que el fútbol, tan inapresable, se parece la vida. ¿O será que la vida es la que se parece al fútbol?
La recomendación 8 es moral. Aprovechemos para constatar que el fútbol es el suceso existencial en el que tenemos menos posibilidades de ser hipócritas.
Recomendación 9: Ojo al piojo: los partidos no son guerras. Toda guerra, dicho sea, es una porquería. Salvo para los fabricantes de armas.
Recomendación 10: Aprovechemos el tremendo clásico para aprender que el exitismo y el fracasismo son dos caras de la misma perversa moneda. ¿Es que estamos propiciando la santidad emocional? No. Solamente cierta estrategia para no terminar cortándonos las venas.
A todo esto, allá arriba, ¿qué está pasando ahora?
Don Dios reclama otra vez a su Ángel Secretario.
–Hace un rato me dijiste que estabas tratando de conseguir una credencial… Ya que estás, consígueme una para mí.
–Si le parece, don Dios, podemos cerrar el cielo y nos vamos todos al partido.
Aunque… todos no: usted don Dios no podrá.
–¿Que yo, justamente Yo, no podré ir a ver River-Boca  (o viceversa)?
–No, no podrá. Porque el precio de ser Dios y con mayúscula se paga caro: un Dios que se precie no puede desfondarse en el alarido del gol.
–Dios mío. Los sacrificios que tengo que hacer para ser Dios y conservar mi mayúscula.
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar


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