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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 2 de Noviembre de 2018

Cerquita de Marte ¡huija!

La noticia duró lo que una burbuja: el pasado 27 de julio estuvimos más cerca de Marte; como nunca en los últimos 60 mil años. Esa proximidad, si nos detenemos a pensarlo, nos estremece hasta la mollera: relámpago de conciencia cósmica que nos asciende a la condición de “criaturas”.

Ahí, en ese ramalazo de conciencia cósmica, nos volvemos significativamente insignificantes. Hacemos pie en la tierra y sentimos el pánico crucial del cosmos a través de una alegría diferente. Esto sucedió el 27 de julio pasado. Según dicen los expertos, también hubo un acercamiento semejante de Marte con la Tierra en el agosto del 2003. Mencionamos a Marte y nos referimos al inquietante planeta que inspiró a H. G. Wells, el mismo que les dio nacionalidad a esos compatriotas del cosmos que llamamos marcianos.

No hace mucho estuvo ahicito nomás, apenas a 55 millones de kilómetros. Con algunos telescopios se lo vio como si fuese una moneda de un peso. Pasado este acercamiento habrá que esperar alrededor de mil años para tener a Marte tan próximo. Pregunta incómoda: dentro de diez siglos, ¿estaremos aquí, respirando? ¿La Argentina existirá? El tan impiadoso neoliberalismo, ¿seguirá haciendo estragos? Y en fin, ¿qué quedará de nuestro tan violado planeta? ¿Habremos consumado nuestro suicidio ecológico? ¿Nos habremos traspapelado en la desmemoria de ese océano sin orillas que es el cosmos?
Así es, damas y caballeros: Marte y la Tierra cerquita como nunca. Pero mientras sucede este acontecimiento resulta que, por estos suburbios del cosmos siguen aleteando humanos indescriptibles, como un tal Donald Trump, tipo emperrado en construir un muro de cientos de kilómetros (¿para impedir la entrada de mexicanos o para impedir que huyan los norteamericanos envenenados por la paranoia hoy convertida en ideología?)
Marte y la Tierra cerquita, pero resulta que se ha asomado otro ser humano irreparable que enarbola la asesinación de todo lo que le resulta diferente, un tipo que prefiere tener un hijo muerto si le “sale gay”; un tipo que a la democracia la usa como condón. Pero ojo al piojo, no es el único en usar así a la pobre democracia.
Marte y la Tierra cerquita como nunca, pero ¿qué más está pasando aquí? Fijémonos: el país imperio retrocede, involuciona, sigue gestando guerras preventivas que en realidad son genocidios preventivos. Sus presupuestos para la “defensa” crecen año a año. El gasto en armamentos engorda, mientras la inversión en la salud y en la educación del pueblo, que vendría a ser “la gente”, se reduce sin parar, obscenamente.
Marte y la Tierra cerquita como nunca, pero no hay caso, nuestra condición humana parece encallada. Ahí tenemos a seres humanos vinculados con la cultura, como los Abelluto, como los Lopérfido, como los Aguinis, obscenamente entusiasmados, chicaneando y reduciendo a una cuestión cuantitativa el horror de miles de desaparecidos que, no hay caso vivieron sus muertes de a uno.
Marte y la Tierra cerquita pero ¿qué pasa más acá de nuestras narices? Pasa que aquellos que violaron las vidas y violaron las muertes y afanaron criaturas pretenden que sigamos confundiendo la impunidad con el heroísmo. Quieren camuflar el olvido con la careta de la reconciliación. Además, muchos de ellos, gozan o reclaman de cárcel domiciliaria. En octubre del 2018 hay 641 represores que disfrutan de cárcel domiciliaria y 272 que están guardados en la cárcel debida.
Marte y la Tierra cerquita como nunca, pero en estos suburbios del mundo hay niños que se retuercen de hambre porque la globalización nos hizo entregar hasta los calzones y calzoncillos, al compás de las obsecuentes relaciones carnales.    
Marte y la Tierra cerquita como nunca pero, en el 2018 después de Cristo, en los pagos de Borges y de Maradona seguimos sin avivarnos que la posesión del agua es muuucho más importante que la del petróleo, y que los ricachones del Primer Mundo, desde hace años nos vienen comprando enormes pedazos de mapa, por chirolas; la cuestión es adueñarse del paraíso y quedarse con el ámbito de esas aguas. ¿Podemos ser tan pelotudos cuando Marte está tan cerquita de la Tierra?
Así es: aun atravesados por ese acontecimiento cósmico, el de Marte y la Tierra cerquita como nunca, seguimos sin aprender que la “seguridad” no se consigue con más rejas en nuestras casitas, ni con más policías y gendarmes, ni con más tortura y gatillo rápido; la bendita inseguridad nuestra de cada día sólo podrá ser superada reabriendo fábricas, alentando pymes, resucitando trenes, generando trabajo, incrementando escuelas; madremía, madre nuestra, al-fa-be-ti-zan-do.
Machaquemos sobre este concepto: Marte y la Tierra cerquita como nunca, pero nosotros, porfiadamente distraídos, practicando la indiferencia activa. Nosotros ¿quiénes? Nosotros, los clase media, los bien leídos y bien abrigados y bien comidos, nosotros los indiferentes ante la alevosa analfabetización, los que convertimos en una “costumbre” y naturalizamos los femicidios.
Dejemos atrás este rosario de “peros”. Más allá de lo que no vemos, porque los tenemos más acá de nuestras narices, quiero compartir algo a propósito del acercamiento de Marte a la Tierra. Me enteré de un par de seres adolescentes que ya pasaron sus cincuenta años de edad. Resulta que el 27 de julio pasado, para estar todavía más cerca de Marte se subieron a la terraza de su casa y una vez allí ubicaron una escalera tijera, la abrieron y la treparon. Ya en la cima de la escalera extendieron sus manos hacia Marte, después cerraron los ojos, enseguida se acercaron y empezaron a besarse hasta incendiarse y consumirse de goce. ¡Aleluya! Mejor dicho: ¡Huija!
Marte, tan cerquita, se aproximó un poco más todavía, y los lamió, mientras allí mismo ellos, al pie de la escalera, ahora desnudos como Eva y Adán, se hacían el amor de los amores, como se debe: a rajacincha.
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar


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