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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 19 de Octubre de 2018

El hambre pornográfico

Vuelvo sobre lo que escribí hace 5 años. Cinco. ¿Soy reiterativo? Reiterativa es la realidad. La hambruna, al compás del neoliberalismo, no retrocede ni aquí ni en el mundo. Las cifras actuales -crecientes- son pornográficas.

A las cifras las cargan mujeres y hombres, niños y ancianos que sufren la asesinación silenciosa del hambre. Sufren de a uno/a, en carne, en vida propia. Según las entidades de la ONU que hacen el seguimiento del hambre en el planeta "en la última década los niveles de hambre no sólo no han decrecido, han aumentado." Más del 11 por ciento de la población mundial tiene hambre. Estamos hablando de más de 870 millones de humanos. Un niño de menos de 10 años muere cada 7 segundos. Cada 4 minutos otro niño se queda ciego por falta de vitamina A. Una obscenidad ecuménica.

Mientras esto sucede, la primera potencia mundial, aumenta su presupuesto para armas y supera la inversión de los otros siete países juntos, que la secundan. Si cotejamos las cifras entre hambre y armamentismo concluimos con que vivimos una realidad pornográfica.
Nos sucede la primavera. ¿Estación propicia para la reflexión?
Recordemos que somos habitantes de este planeta, ¡de este!, y que el mundo no se termina en el umbral de nuestra casita tan enrejada. Jodido y jodedor eso de reducirnos a ser sólo indiferentes habitantes digestivos.
Al modo de Tejada Gómez decimos; a esta hora exactamente hay cientos de millones de humanos desesperados. La ONU difunde cifras. Ya hace una década 1 de cada 8 habitantes sufría de hambre crónica; esto sobre todo "en países en desarrollo".
Hay más: se calcula que unos 100 millones de niños menores de 5 años hoy acusan falta de peso. Hace 6 años 2,5 millones de niños morían cada año por desnutrición. Esas cifras engordaron: un 12,5 por ciento de la población mundial, casi 870 millones de personas, hoy por hoy,  "a esta hora exactamente" tienen hambre todos los días con sus noches.
"Hambre siempre hubo", dicen algunos biencomidos malparidos. Pero no es cierto que el hambre es inevitable. Aunque lo convalide con sus recetas ese neoliberalismo que devora mundo, últimamente encarnado por el exitoso Bolsonaro en Brasil. Estamos hablando del mismo neoliberalismo liderado por el imperio de los Estados Unidos, al que no hace mucho le explotó su Burbuja Financiera. Ese colosal apocalipsis financiero Estados Unidos lo disimuló metiendo millonadas de dólares para salvar, con otra burbuja más grande, a los pulpos buitres, a los causantes de la hecatombe, a los súper banqueros. Con la mitad de la mitad de dólares que la administración imperial puso en el salvamento de los buitres banqueros, se podría solucionar, ya, el hambre mundial. Y las enfermedades endémicas. Y el analfabetismo, de paso.
Pero al colmo del hambre se suma el otro colmo. Tristán Stuart lo analiza en su libro "Despilfarro". Allí explica que en el mundo hay hambre, "pero no hay verdaderamente un problema alimentario: el problema no es la falta de alimentos, sino todo lo contrario, su despilfarro."  
La insoportable noticia es que "la mitad de la comida producida en todo el mundo termina en la basura" (.) "casi 2000 millones de toneladas de alimentos son derrochadas cada año".
El informe, "Global Food, Waste Not, Want Not" puntualiza que entre el 30% y el 50% de los 4.000 millones de toneladas de alimentos que se producen anualmente en el planeta nunca llegan a consumirse. Nunca. "La mitad de la comida comprada en Europa y Estados Unidos termina vencida, en la basura."
La cadena de desatinos bárbaros continúa: unos 550.000 millones de metros cúbicos de agua (otro bien escaso en muchos países) se usan para cultivar productos que se pudren sin llegar al consumidor.
Las razones del insólito despilfarro mundial, según Fox, son "unas infraestructuras de transporte y de almacenamiento inadecuadas".
El cuadro de situación espeluzna: la población mundial supera los 7.500 millones de personas en este 2018 y la ONU estima que ascenderá a los 9.500 millones para 2075. Y la grave crisis alimentaria se agudiza.
La ecuación es insoportable: mientras por un lado hay más de 870 millones de seres humanos que se retuercen de hambre, por otro lado, de los 4000 millones de toneladas métricas de alimentos se tiran a la basura alrededor de 2000 millones, es decir, la mitad de la comida del mundo se pierde. La mitad.
Para que tengamos conciencia: los que tienen hambre en el mundo, sumados, equivalen a 20 países como la Argentina. Anualmente 2,5 millones de niños mueren por desnutrición. Mientras la mitad de la comida mundial se descompone.
El colmo de la absurdidad se completa con un mundo sembrado de misiles por ese neoliberalismo buitre y voraz y por ende, criminal. El presupuesto imperial del monicaco Trump supera los 800.000 millones de dólares destinadas "a la defensa". Recordemos, como propone Manuel Vincent, que los misiles son como los yogur, tienen fecha de vencimiento. Y hay que usarlos sí o sí. Para no despilfarrar misiles es que se hacen "guerras preventivas", léase: genocidios preventivos.
Posdata.  Momento de reflexionar sobre el mentado aborto. Los que se crispan hasta violencia toda vez que se plantea la despenalización del aborto (para sacarlo de la clandestinidad), argumentan con ira que "¡la Vida es sagrada!". A estas almitas hipócritas hay que recordarles que se olvidan que hay "interrupciones de vida" después de los 9 meses del vientre. He ahí los abortos posteriores.
A saber: el hambre y el analfabetismo, son abortos posteriores. Los genocidios preventivos, son abortos posteriores a granel. Eso sí, debemos reconocerlo, nobleza obliga: los masacrados en esos genocidios dejan de tener hambre. En otras palabras, que el cínico y campante neoliberalismo tiene sus maneras de luchar contra el hambre. Borrando seres humanos del mapa.  
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar

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