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Rodolfo Braceli desde Buenos Aires            Viernes, 31 de Agosto de 2018

Chicha, hasta la ternura siempre

El recuerdo del escritor para María Isabel Chicha Chorobik de Mariani, fundadora y segunda presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo


El pasado 20 de agosto se fue a respirar de otra manera María Isabel Chorobik de Mariani. Muy conocida por Chicha Mariani, vivió 95 años. 40 de esos años los consagró a buscar a su nieta Clara Anahí, robada a los tres meses de edad. Robada hasta hoy.
  A Chicha Mariani le dediqué un capítulo en el libro que hice con mi hijo Juan Andrés, “Madre argentina hay una sola” (Sudamericana, 1999). Por entonces Chicha ya llevaba 23 años de su eterna búsqueda. Años de implacable insomnio, con todos sus días y todas sus noches.
  Chicha no se dedicó a llorar en los rincones, con los años se convirtió en una figura mundial. En noviembre de 1977 se enteró de la existencia de las Madres de Plaza de Mayo. Junto a “Licha” de la Cuadra y diez madres más fundaron Abuelas de Plaza de Mayo. Hasta hoy recuperaron 128 nietos y quedan más de trescientos; entre ellos su nieta, Clara Anahí.
   Comparto un fragmento del capítulo de “Madre argentina…”
   “El 24 de noviembre de 1976 era miércoles, y en uno de los operativos comandados por los generales Camps, Sigwald y Suárez Mason, la familia Mariani perdió (los mataron) a su hijo, Daniel Mariani, y a su nuera, Diana Teruggi. Justamente en ese ‘heroico’  operativo se afanaron la hijita de éstos, Clara Anahí, de apenas 3 meses. Julio Nosiglia recogió en su imprescindible libro “Botín de Guerra” esta siguiente carta (1981) de Chicha de Mariani, a su nieta robada. Silencio, escuchemos:          
   "Clara Anahí, mi chiquita, hoy, 12 de agosto, cumples cinco años, mi vida, y yo sólo puedo imaginarte... Hace cuatro años y nueve meses, oscuras fuerzas te llevaron. Eras un bebé con batita rosa, con una boca grande que reía y reía y unos ojitos espiones que buscaban ansiosos las caras de papá y mamá… Y cómo reías cuando yo te cantaba el arrorró ¡tan desafinada como siempre!
   "Espanto y horror: aquel 24 de noviembre de 1976 te llevaron solita. Tenías tres meses. Te he buscado, mi Anahí, sin descanso, por sobre el desgarrante dolor de mis muertes. Ignorando las amenazas y las injurias, te busqué días, meses y años.. Apretando los dientes. Quemándome las lágrimas. Con rabia y desesperación. Estallando mi corazón pensaba en tu primer dientito, en tus primeros pasos. Crecías y yo debía encontrarte ya mismo.
   "Fui imaginando tus primeros vestiditos y tus muñecas y el jardín de infantes. Y no te puedo encontrar, mi chiquita. “Se ignora su paradero”.
   "Te compro muñecas ¿sabés? Las tengo en cajas, se acumulan las muñecas... te sigo buscando sin descanso. Qué hicieron con mi bebita, con mi Anahí. ¿Dónde estás? Debo apurarme, tengo que encontrarte antes de que sigas creciendo lejos de lo que queda de tu familia. Todo mi tiempo y las energías que me quedan son para buscarte. Te encontraré un día. Pero por Dios, ¡que sea pronto!
   "Debes ser alta como eran tus padres. Quizás te han cambiado la edad, y por eso empezaste a ir al colegio muy pronto. ¿Te habrán conservado el nombre? ¿Te seguirás llamando Clara Anahí, o sólo Anahí, o sólo Clara? ¿Tu cabello seguirá siendo castaño oscuro y lacio? Te decíamos Pelopincho… ¿Habrás heredado la miopía familiar? Tus orejas grandes también heredadas, ¿habrán cambiado?
   "Te encontraré Anahí, no temas. Eres hija de mi hijo muerto.
   "Y tus ojitos, mi amor, ¡quisiera tanto que no guarden la visión del horror! Que no haya quedado en tu interior el ruido de la metralla, el grito de muerte de Diana, tu maravillosa madrecita.
   "(Dios, si estás ahí, escucha. Diles que me devuelvan a mi nieta. Ayúdame a no odiar, porque no sé si son hombres o hienas los que me la llevaron indefensa, con su pañal y su batita rosa.
   "Y a mi Anahí dile, Dios, que su abuelita está aquí, buscándola, arañando las puertas herméticas. Que la encontrará un día, que no tenga miedo.
   "Dícelo, Dios, por favor, para que no asome esa infinita tristeza a sus ojitos cuando está sola, cuando la roza el recuerdo lejano del total despojo.)
   "Anahí mía, mi chiquita, espera un poquito más, estoy buscándote. Mientras llego, siente este abrazo. (…)  Anahí mía, Anahí nuestra, nos encontraremos. Confía en tu abuelita, que se ha convertido en acero para buscarte pero que volverá a ser nido y tibieza cuando te encuentre, chiquita mía."
   Posdata.  Hasta aquí aquella carta de la abuela. Rotunda le decía: “Te encontraré, Anahí, no temas.” A principio de este agosto del 2018 Chicha Mariani sufrió un ACV. Hasta ese día ella buscó. ¿Y qué hará ahora la abuela Chicha? Lo dijo tantas veces: donde esté seguirá buscando, empujada por el optimismo de la memoria. Chicha respiró aquí hasta los 95 años de su edad. Aunque obscenos personajitos (como Andahazi, Lopérfido y el patético chistoso Casero) insistan en denigrar ese heroico rescate de nietos afanados (rescate que asombra a los seres bienparidos de media humanidad y de la otra mitad también), aunque el negacionismo sea una creciente costumbre de estos tiempos neoliberales, aunque así suceden las cosas, la presencia de viejas prodigiosamente locas como Chicha Mariani, seguirá vigente en los pulsos del aire. Chicha buscó durante 40 años a Clara Anahí. No se ha ido de “gira”. Chicha sigue enhebrada en los pliegues de la dignidad. En cualquier momento, por milagro sembrado, aparecerá Clara Anahí y podrá leer las cartas que le escribió su porfiada abuela. Junto a las cartas encontrará las muñecas de tantos cumpleaños pasados. Así es: la abuela Chicha ha sembrado de memoria esta ardua tierra. Buscará por los siglos de los siglos, hasta que estalle el ¡amén! Buscará, vadeando la indiferencia de esos buitres que hoy enarbolan y exigen “olvido”. La abuela Chicha tiene de acero la ternura.                                                                                                                                                                                                                                         
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