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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 17 de Agosto de 2018

Otros abortos: Pibes fumigados

Aborto legal o aborto clandestino: ¡esa es la cuestión! A la Ley no lo parará nadie; ya se caen las caretas. Ha muerto otra mujer (32, un hijo de 2 años: perejil, clandestinidad, hospital bonaerense, cementerio.) Mientras tanto ciertos humanos se hacen gárgaras de hipocresía. ¿Nombres? Un tal Abel Albino y un tal Alfredo De Ángeli.

Observemos a De Ángeli. Actúa de “hijo bueno”; hijo de una madre que parió otros nueve. Esa mamá –cuenta él–, les hacía la ropita y horneaba pan casero… El “humanismo” del ahora senador tuvo apogeo cuando votó “por las 2 vidas”. Por esas horas, en Estados Unidos un tribunal de San Francisco multaba con 290 millones de dólares al pulpo global Monsanto. Esto por no advertirle al jardinero Dwayne Johnson que el glifosato que usaba era cancerígeno, le trajo un linfoma incurable.

¿Qué tiene que ver el glifosato con la despenalización del aborto? Mucho que ver: quienes están contra la Ley enarbolan hipócritamente la defensa de “las 2 vidas”. Como si legalizar el aborto significara promoverlo obligatoriamente. El careteo se sale de madre cuando se usa la coartada de “las 2 vidas”. Ajá, muy bonito: pero, ¿y los otras cientos, miles de vidas? A estos yo prefiero llamarlos “abortos posteriores”, porque se trata de interrupciones de vidas después del vientre: por hambre y galopante pobreza; es decir, por neoliberalismo, misiles colaterales, analfabetismo esclavizante y analfabetización de los medios comunicadores.
Volviendo a De Ángelis: declama contra el aborto con sus ojos mojados, invoca emocionado a su madre, pero se hace el gil: ni una palabra dice sobre los miles de abortos posteriores debidos a las fumigaciones que multiplican los obscenos dólares de bendita maldita soja. Hace 9 años y un mes, desde esta columna nos sumamos a la denuncia de ese Monsanto que un tribunal de San Francisco acaba de multar con 290 millones de dólares. Mi nota se titulaba “Pibitos fumigados aquí, aquí.” Recupero párrafos que descaretan la hipocresía de muchos defensores de “las 2 vidas”. Los tales defensores de la Vida, gambetean el genocidio del glifosato.
“A propósito de los agrotóxicos que sostienen la criminal bonanza de la bendita soja, prevalece la indiferencia activa. En el periodismo las “distracciones” son tan graves como la censura. La distracción lleva a la indiferencia; y la indiferencia es complicidad.    
Leo una nota del diario La Capital, de Santa Fe. El título: “Los niños fumigados de la soja”: “Las Petacas queda en el viejo territorio de La Forestal, la empresa inglesa que arrasó con el quebracho colorado, embolsó millones de libras esterlinas, convirtió bosques en desiertos, arrasó decenas de pueblos con la desocupación, a lo largo de 80 años. En Las Petacas los pibes son usados como señales para fumigar. Son rociados con herbicidas y pesticidas mientras trabajan como postes, como ‘banderas humanas’. Explica uno de estos pibes: ‘Primero se fumiga en las esquinas, en los "esquineros". Después, contamos 24 pasos hacia un costado desde donde pasó el avioncito y hay que pararse ahí”.
Al avioncito que perpetra esa alevosa tarea lo llaman el “Mosquito”. Vuela bajo y "riega" una nube de plaguicida. Para que el conductor sepa dónde tiene que fumigar, los productores agropecuarios encontraron una solución económica: pibes de menos de 16 años se paran con una bandera marcando el sitio. Inevitable, los rocían con "Randap" y a veces con "2-4 D.”
Añade otro pibe: “Hay días en los que también ayudamos a cargar el tanque. Cuando hay viento en contra nos alcanza la nube y nos moja toda la cara"” Que todo sea ¡por la soja patria!
 “Con el Mosquito fumigan hasta 150 hectáreas por día. Se trabaja con dos banderilleros, uno para la ida y otro para la vuelta. Desde que sale el sol hasta la nochecita. A veces nos dan de comer ahí…” (Cuánta generosidad la de estos productores. ¡Fuerte ese aplauso!)
Otra vocecita, agrega: “A mí me dolía la cabeza y temblaba todo. Un médico me dijo que era por el trabajo que hacía”. ¿Y el padre de esos pibes? Es un hombre que ya fue alcanzado por la enfermedad: “No soporto más las hinchazones del estómago. Pero no tenemos otra opción. Aceptamos cualquier trabajo, o no comemos”.
 “La Agrupación de Vecinos de Las Petacas y la Fundación para la Defensa del Ambiente reclamaron un programa de erradicación de actividades contaminantes. No pasó nada. Los pibes siguen trabajando de ‘banderas’ en el norte profundo santafesino; allí siguen activas las garras de los continuadores de La Forestal.”
Mientras esto sucede en la opulenta y siempre llorona pampa húmeda de nuestra patria idolatrada, Alemania (el país de los antepasados del señor Reutemann) se suma a otros países europeos que no sólo prohíben los pesticidas, además prohíben el cultivo de un maíz transgénico, el Mon 810.
Parece mentira, esto sucede aquí, hoy, más acá de nuestras narices. A la famosa Mesa de Enlace le faltan sillas: la de los laburantes del campo que trabajan en negro, como negros; la de los ecologistas, y la de alguien que represente a estos pibes banderas, pibes fumigados que son envenenados sin retorno.
Dijimos hace 9 años y un mes: qué pena que ese sonoro orador rural que es Alfredo De Angelis no haya alzado ninguna arenga refiriéndose a estos pibitos que son inmolados. Que todo sea por la maldita bendición de la soja.
Afirmamos en este agosto del 2018: es mentira que a la hora de los abortos les importe “salvar las 2 vidas”. En sus alocuciones en el Senado, el señor Abel Albino y el señor De Ángelis –dulces seres humanos–, no dijeron ni mu sobre ese genocidio que están perpetrando los glifosatos que riegan los indefensos suelos de la patria. Oíd mortales, el desenfreno por soja y dólares desemboca en miles de abortos posteriores. Asesinaciones en la era de la hipocresía.
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar


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