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Rodolfo Braceli  zbraceli@gmail.com/www.rodolfobraceli.com.ar Viernes, 13 de Julio de 2018

Mundial que supimos conseguir

Hacer leña del árbol caído es una mediocridad, una hedionda cobardía. Ya fue arrojada del Mundial la selección argentina; ahora, a reflexionar. ¿Qué hicimos y qué no para merecer este desolador presente que trasciende el eventual resultado? Respondo con un texto que escribí hace 4 (cuatro) años.

   Tras el Mundial de Brasil –entonces considerado “fracaso”– hice la columna titulada “Mundial, para aprendernos”. Al citarla no intento dármelas de profeta; trato de hacer memoria. Entonces escribí:
   “Permiso, aviso que concluyó el Mundial del año 2014 después de Cristo. Y la Vida insiste: continúa. Para disimular la desolación, tengamos en cuenta que ya empezó la cuenta regresiva para el Mundial del 2018 en Rusia. Faltan 4 años. Todo llega; cuando llega.

    “¿Cómo calificar al reciente Mundial de la Argentina en Brasil? –escribí. En lo deportivo, excelente. Por otro lado, brotaron nuestros complejos de superioridad que tal vez son de inferioridad. Y ahí tenemos, revelador, el comportamiento obsceno de tantos medios de descomunicación que oscilaron entre la impunidad alevosa y la falta de vergüenza.

    “Veamos: llegar a la final, ser subcampeones del mundo, empatarle a Alemania y después sostener ese empate durante casi todo el alargue, todo eso con un día menos de descanso y dos alargues en partidos inmediatos anteriores, en lo físico y anímico y estratégico es una gran hazaña. Pero demasiados compatriotas –muy mal sembrados por un periodismo jodidamente exitista– sienten otra vez más que “Messi nos defraudó”. Mi respuesta a eso es la misma que escribí, en esta columna, en los mundiales del 2006 y del 2010: ‘Messi no es el mesías. Ni nieto ni tartaranieto del mesías. Y no tenía por qué serlo.’ Su mundial es muy bueno, pero claro, esperábamos que en la final hiciera un par de goles, apilando a diez alemanes y al arquero y a la madre que parió al arquero. Le exigimos milagros. Pero con Messi sucedió algo mejor que un milagro: jugó “para el equipo”, sacó a relucir el rasgo que más nos cuesta a los argentinos: ¡la humildad!

   Sigo con lo escrito hace 4 (cuatro) años. “Esto de Messi lo vienen minimizando los periodistas famosos, que tan pronto celebran el éxito como celebran el fracaso. Manga de invertebrados morales, tuvo que venir el famoso técnico Maurinho para reconocerlo. Dijo: ‘Messi se sacrifica por su equipo, lo vimos jugando en zonas que no son las suyas. En la selección, o eres una figura secundaria, o la selección pasa a ser secundaria.’
    “Esto nos dejó este mundial del 2014: Messi, reconocido el mejor del mundo, no concretó ningún milagro; bajó a la tierra y jugó siendo ‘uno más en su equipo’. Esa fue su hazaña: ser uno más y, además, permitir que Mascherano asumiera la voz de mando siendo subcapitán. El mismísimo Mascherano lo declaró: ‘A Messi lo dejamos solo, esa es la verdad. Messi le dio más al equipo que lo que el equipo a él.’

   Continúo con la columna del 2014. “Hay espejos que sirven para peinarnos (si es que algún pelo nos queda). Hay espejos que duplican para siempre el amor de los amores. Y hay espejos que ayudan a reflexionar. Pienso que el fútbol es el espejo que mejor nos espeja. Este Mundial evidenció que el fútbol es una patria más intensa que la patria misma. Comparemos las banderas que sacamos cualquier día patrio con las que salieron con los triunfos del Mundial).

   “Y aprovechemos el espejo para descaretar a la mayor parte del periodismo estelar. Ya cuando dio la lista de los 23 se empezó a descuartizar a Sabella: evidente, se apostaba a su fracaso, no se le perdonaba su militancia de juventud y sus simpatías políticas. Sabella, al no llevar a Tévez, priorizó la convivencia grupal. Estaba para fusilación, horca y silla eléctrica, previo estaqueo. Pero resulta que sin declaraciones sonoras armó un equipo que estuvo a minutos de ser campeón mundial. Y el mismo periodismo antes empujado por la malaleche, dio una vuelta carnero y encendió la máquina de proferir elogios. El derrotismo mutó en triunfalismo. Cuánta desmemoria. Cuánta impunidad. Qué poca vergüenza.

   “A propósito de Sabella: desde siempre, para quejarnos de ‘la política’ decimos que “esto no va más”; apelamos a la frase: “Pasa que no tenemos clase dirigente”.  Recordemos lo conseguido por Pekerman en Colombia y por Bielsa en el Mundial del 2010, con Chile. ¿Reclamamos dirigentes decentes, inteligentes y trabajadores? Ahí están, pero los dejamos ir. Lo demuestran el Bielsa que no merecimos, el Pekerman que tampoco y este Sabella que ¿acaso merecemos? He ahí tres tipos ejemplares, como los que decimos –de la boca para afuera– necesitar. Tendremos que aceptar lo conseguido por Sabella y estos muchachos que, como Mascherano, literalmente se rompieron el culo.”

    Hasta aquí lo escrito en el 2014. Lo esencial es trasladable al Mundial del 2018. Pero esta vez cosechamos lo que sembramos desde el caos grotesco de la AFA. ¿Olvidamos el desopilante 38 a 38? ¿Cuántos se preocuparon por los paupérrimos resultados de las selecciones juveniles? ¿Cuántos reaccionaron ante la decapitación de técnicos como Martino y Bauza? ¿Y cuántos periodistas e hinchas criticaron cuando se impuso a un Sampaoli contratado por 5 años?

   Así es: llegamos a este Mundial invertebrados, ilusionados con que Messi debía ser el “mesías”. Comparemos la diferencia que hay entre aquella final con Alemania y este lastimoso pase a octavos de final, haciéndonos gárgaras con la agonía y la mediocridad futbolística. Cosechamos lo que sembró nuestra sociedad alentada por el cardumen de periodistas estelares.

    Damas y caballeros, oíd mortales: padecemos lo que sembramos. Es tiempo de hacer memoria para poder salir de esta ciénaga. Tiempo de meternos la lengua en el bolsillito de atrás.




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