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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 6 de Julio de 2018

Mundial licúa Malvinas

Damas y caballeros: succionados por el abismo del Mundial se nos pasó por alto la recordación del 14 de junio: los 36 años de la rendición del general Menéndez en la des/guerra de Malvinas. Esa omisión –en los medios y en la sociedad– demuestra que el fútbol es una patria más intensa que la patria misma.

Pero nunca es tarde, intentemos reflexionarnos:
1.  El 2 de abril de 1982 despertamos eufóricos: los medios nos avisaron tachín tachín que habíamos recuperado Malvinas. Pronto la Plaza de Mayo rebalsó con una multitud eufórica. Al balcón salió un tal Galtieri, dictador de turno en el autodenominado Proceso Militar (y Cívico y Empresarial y Ruralista y Eclesiástico, y Mediático.) 3 días antes en esa misma Plaza la multitud fue apaleada: más bastonazos, gases y balas de goma. Aquel 2 de abril, Galtieri y el coro de los medios envalentonados dijeron: “¡Presentaremos batalla!”, “¡Que la Gran Bretaña mande la flota! ¡Que venga el Principito!”
2.  Ni lo imaginábamos: se venía una des/guerra delirante que nos haría perder, por muchos años más, a las islas usurpadas. Qué difícil era no dejarse untar por aquella mermelada de euforia. Entre los políticos, Raúl Alfonsín fue uno de los pocos que no adhirió a esa aventura invertebrada que tenía los días contados.
3.  74 días tardamos en convertir la euforia en depresión. En ese lapso, 649 muertos, la mayoría adolescentes inexpertos, mal alimentados y pesimamente pertrechados. Lo atroz de la des/guerra es que la vivimos con la campante irresponsabilidad de un Mundial. Frase de moda: “Saquemos la aviación de una vez, ¡a ver cuántos barcos les hundimos por día!”
4. El tema Malvinas es incómodo ¿no? Nos enfrenta a nuestro fácil “triunfalismo” y “derrotismo”. Flor de test para comprobar hasta qué punto la euforia para nosotros es una depresión al revés. Claro, tenemos una congénita tendencia a estar “subidos al caballo”. Pero tantas veces el caballo que montamos es de cartón pintado y está sobre una calesita quieta que ni sortija ni nada.
5.  Aclaro por las dudas: aborrezco las exaltaciones nacionaludas, el jodido uso de los himnos en el deporte. Confundimos el fácil “amor propio” con el responsable “amor por lo propio”. A propósito del “amor por lo propio” pregunto: ¿Cuántas banderas hubo en el barrio o en la ciudad que vivimos el reciente Día de la Bandera o el 14 de Junio? Comparemos la cantidad de banderitas que asomaron esos días con las que brotaron cuando la selección pasó a octavos de final tras vencer agónicamente a Nigeria.
6.  Diferencia abismal. La comparación lo demuestra: el fútbol es una patria más intensa que la patria misma. Si no hay Mundial de por medio –no nos engañemos– la cantidad de banderas es paupérrima.
Vomitamos la memoria cuando de derrotas se trata. Somos unos hijos del triunfalismo. Y este patético comportamiento se debe a la siembra de los medios des/comunicadores. Tan pronto endiosamos, tan pronto ajusticiamos.  
7.  Busquemos un espejo, y mirémonos. A la des/guerra de Malvinas siempre la escondimos, como a la basura insoportable. Saltamos de la euforia vergonzosa a la depresión vergonzante. Consecuencia: nuestros ex combatientes superaron, aquí, con sus suicidios, la cantidad de muertos en combate en el archipiélago.
8.  Ojo: está pendiente el juicio a militares por las torturas a soldados, perpetradas en plena guerra. Olvido obsceno. Los muchachos torturados siguen traspapelados.
9.  A la rendición de aquel 14 de junio de 1982 se llegó por una confluencia de complicidades de civiles, políticos, empresarios, ruralistas, clero, medios de comunicación. Todos en manada, detrás de un puñado de militares, valientes de oficinas con el coraje que da el alcohol. Estos héroes etílicos –dijo don Borges– “huyeron hacia delante”. Y de la batalla volvieron impecables, ilesos.
10.  Han pasado 36 años de aquella carnicería absurda y no nos hemos respondido cierta pregunta: ¿Hasta qué punto nos engañaron y hasta qué punto nos dejamos engañar?
11.  Mientras, espejo en mano, alumbramos ese interrogante, no perdamos de vista la responsabilidad de nuestro periodismo expresado por muchos, demasiados, escribas estelares hoy vigentes. Machaquemos: ¿quién se hace cargo de esa des/guerra que aquí se vivió con adrenalina deportiva? No olvidemos: los muchachos que volvieron tras la batalla fueron escondidos, despreciados como parias. Claro, perdieron el Mundial de Malvinas. Y aquí, no ser campeón mundial de algo, significa ser un pelotudo.
12.  Algo para aprender en este junio mundialudo: los valientes de oficina, los ilesos, deben saber que, para pasar a la historia, antes tienen que superar el control de alcoholemia. Sin apartar el espejo, rememoremos la escena de aquel soldado que robó una lata de dulce para compartir con sus compañeros hambrientos. ¡Eso no se hace, colimba! Pero, ¿cómo se te ocurre robar poquito? El caso es que, aquel soldado fue uno de los tantos martirizados a la intemperie. Sucedía la noche del 25 de mayo de 1982…  Y allí está el estaqueado, gime todavía. Escuchémoslo, sin soltar el espejo:                                    
Posdata.  De espalda, de cara a todo el cielo, ahí sigue estando el soldadito estaqueado. Le cuenta a su madre lejana que lo han crucificado en la tierra. Y que tiene frío, tanto frío. Y que está muy oscura la noche. Y que más oscuro todavía es el olvido. La madre le responde:
–Hijo, hijito, esperame, ya vuelvo. Salgo a buscar a la patria.
–No vayas, madre, no vayas: a la patria se la han robado.
–Los ladrones, hijo, ¿quiénes son?
–Son ellos, madre: los que miran el desfile desde el palco/ Los biencomidos/ Los mal nacidos/ Los que nunca se rozaron con el honor/ Los que eructan el grito sagrado// Son ellos, madre, los siempre ilesos.
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar


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