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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 22 de Junio de 2018

Ay, Junio: lutos y victorias

Junio es un mes grave para los argentinos, está sembrado por aniversarios dolorosos: las muertes de Gardel y de Borges y del desvalorado Belgrano; la rendición en la desguerra de Malvinas; el siempre increíble bombardeo a la Plaza de Mayo para liquidar a un tal Perón.Y ahora Croacia 3, Argentina 0.

Viernes, 22 de Junio de 2018

3 a 0: un resultado lógico. Un resultado muy sembrado en estos años de caos y mafia y cambalache de la asqueante AFA. Propongo salir de la congoja  y de la depresión argentina. Hay algo más, en junio. Sabido es que somos adictos a epitafios y necrológicas. Pero también somos adictos a ciertos obscenos olvidos, olvidos voluntarios. Sin incurrir en la vista gorda, ahora propongo un resuello: vamos a recordar y a reflexionar sobre el inextinguible Maradona. En medio del Junio grave Diego nos puede dar eso, un respiro, al menos por un rato. Además, hablando de depresión, no nos olvidemos del precipicio del desfondo Monetario. Madremía, madre nuestra.
Para darme ánimo, me agarro de esa prodigiosa victoria, tan sembrada, que es la sanción en diputados de la ley de Aborto legal, seguro, gratuito y solar. No, no todo es derrota en estos pagos. Y ya mismo voy por un Día que propuse hace años desde esta columna y en alguna otra que escribí para revista dominical de La Nación: se trata del Día Mundial del gol. El soberano Gol que les hizo, para siempre, a los ingleses, luego de concretar también el gol más pícaro e ilegal de la historia, con su confesada "mano de Dios". Así es: el prodigioso Maradona nos permite celebrar, hoy justamente, un aniversario redondo sin muerte de por medio.
Celebremos reflexionando. Pregunta: ¿Qué humano puede soportar ser el más famoso del planeta?
Hace como veinte años, emergiendo de un sueño, me desperté gritando un gol de Maradona. Ahí nomás me nació el borrador de un cuento que se iba a llamar "El arco de Noé". Aquel insomnio tuvo más consecuencias: pensé: existe el Día de la Madre, del Padre, del Niño, del Periodista, de los Maestros, del Medio Ambiente, del Idioma, del Tajo de la Lora. ¿cómo, cómo es posible que en esta patria idolatrada y en el mundo no exista el Día del Gol? Hay que establecerlo.   
¿Cuándo? El 22 de junio, cuando Maradona, en 1986, hace 32 años, en el Mundial México les hizo a los tan queridos ingleses el gol ilegal más famoso y el gol imposible más prodigioso, desde que el planeta tiene pulso.
Esa idea del Día del Gol fue semillándome en otros relatos, en un guión de película y en cuentos que están en mis libros "De fútbol somos" y "Perfume de gol". ¿Acaso soy un adicto a Maradona? Tal vez. Se suele decir que Maradona es una adicción. Propongo convertir a esa obsesión en espejo que nos revela, en una herramienta para el autoconocimiento.
¿Por qué? Porque nadie, como él, en las últimas décadas nos puso en evidencia, nos sacó la careta a los argentinos, tan de cuajo. Dicho de otra manera: las tan mentadas virtudes y defectos de Maradona reflejaron, reflejan, con notable elocuencia, virtudes, defectos, hipocresías, manías, complejos de superioridad que son de inferioridad de esta sociedad nuestra, tan propensa al triunfalismo y a la depresión.
Además, hace 32 años el "10" nos abismó en la felicidad. Hasta perder el conocimiento y el control de esfínteres y de adjetivos.
Aquel gol imposible lo hizo porque a su supremo talento le metió muchos días de sudor. Sin esto su genialidad hubiera quedado trunca por centímetros, por el "casi casi", por el "pudo haber sido".
¿Más para agradecerle? Que haya nacido y aprendido a caminar. Que haya espejado nuestra apetencia por tocar fondo y nuestra mentada capacidad de recuperación. ¿Cuántas veces como país consumamos enormes goles ilegales y asombrosos goles imposibles? ¿Cuántas veces desfondamos el default y sobre el pucho resucitamos?
¿Más para agradecerle? Que sus caídas hayan servido para deschavar nuestro racismo latente, agazapado. Recordemos: cuando Maradona se derrumbaba, muchos, demasiados, decían: "¡Qué se puede esperar de este villero!", o "¡Después de todo es un negro de mierda!" Luego, cuando Maradona salió a flote y ganó millonadas, lo del villero menguó, ya no se dijo tanto. Nuestro racismo se permite alevosas excepciones cuando el objeto a odiar y discriminar tiene poder, éxito y/o dinero. ¿O no?
Así es: este muchacho locuaz y desmesurado nos hizo conocer el rostro y la nuca de la alegría. Y nos hizo creer que uno puede resucitar si se lo propone. Incluso, resucitar entre los vivos.
Posdata
Diego: criatura, creatura.
Diego nuestro. Así en la tierra como en la Tierra.   
Necesitarías ser nadie por un día entero. Pero ya no podrás. Condenado estás a ser, después de Dios, el más famoso.
¿Hay salvación posible para el tan amado, para el tan acosado?
Pero, ¿salvarlo de qué, de quién?
Seamos sinceros: preguntémonos qué deseamos, realmente: ¿que se salve o que se inmole?     
¿Aceptaríamos que Diego Armando Maradona se convierta en uno más, en un don nadie, o en el fondo preferimos una tragedia épica para dar lugar a un velatorio de ésos que inflan de orgullo el pecho patrio (un velatorio bien argentino), un velatorio para taparle la boca al mundo ¡carajo!
Pregunta del final:
¿Qué corazón, / qué cerebro, / qué organismo, / sea analfabeto o cultísimo, lo mismo da, puede soportar, sin estallar en la locura, ser el más famoso de la Tierra?
¿Cuándo nos daremos cuenta ¡cuándo! de que ser Maradona inhumanum est?  
 ((Por favor, no le pidamos más al Maradona nuestro. No le exijamos que de "el ejemplo". El ejemplo lo tenemos que dar cada uno de nosotros, cada día, cada noche, acortando la espantosa distancia que hay entre nuestros sonoros dichos y nuestros paupérrimos hechos. Entre las promesas preelectorales y los actos a la hora de gobernar.))
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar


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