El diario gratuito de Mendoza

de de

Mendoza

Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 8 de Junio de 2018

Vivir entre paréntesis

Estamos viviendo entre paréntesis. Agarrados de los güevos y de las güevas, por el Mundial. Pregunta: ¿En qué consiste la famosa Vida? En algo vertiginoso que sucede al compás de los mundiales. Ah, por un mes anestesiaremos la pesadilla del (des)fondo Monetario.

Retomo reflexiones que propuse hace 4 y 8 y 12 años. Podríamos medir nuestra expectativa de vida por la cantidad de mundiales sufridos y gozados; afirmar que fulana o fulano de tal tiene equis “mundiales de edad”. Así estamos: en estado de Mundial. Conciencia cero. Hace 4 y 8 y 12 años estábamos emputecidos con Messi; y seguimos en esa. Y otra vez se plantea la discusión del Mundial en escuelas y colegios. Sigo pensando cómo hace 4, 8, 12 años: ya que el Mundial devora nuestros días y noches, aprovechémoslo en las aulas. Decía mi abuela de uno de mis siete abuelos: “Este hombre no es imprescindible, pero es inevitable.” Vale para el fútbol. Además de un juego prodigioso –a veces– es una flor de herramienta para observar nuestras conductas, delirios, complejos de superioridad que son de inferioridad. Espeja formas de violencias, nuestro amasijo entre supersticiones y religión. Nuestro racismo agazapado y ese jodido nacionalismo odiador que hasta justifica genocidios. Espeja, además, el triunfalismo y el derrotismo, tan alentado por los periodistas estelares de los medios de descomunicación.
A ver: ¿existe algo que nos espeje mejor que él futbol? Ojo al piojo: si no nos gusta lo que vemos, no culpemos al espejo. Pienso –afanándome de mi libro De fútbol somos¬–, que el fútbol es el suceso humano en el que tenemos menos posibilidades de ser hipócritas. De un minuto al otro nos descareta de cuajo, pone en evidencia taras y flaquezas. Claro: la pelota nos deja en pelotas.
Estamos succionados por otro bendito/maldito Mundial: el primer y el tercer mundo, todos los niveles sociales, cultos y analfabetos de cualquier edad, raza, sexo y religión son poseídos por la misma fiebre. El planeta entero será tragado por una especie de Moby Dick. Bueno, ya que somos devorados, aprovechemos para ver cómo es la ballena por adentro.
Ante la inevitabilidad del fútbol pienso, como hace 4, 8,12 años que la decisión de que haya pantallas en las aulas para ver partidos del Mundial podría llegar a tener su ángulo enriquecedor. A ver si me explico: si aprovechamos la inexorable fiebre mundialista, por unos días en escuelas y colegios se podría dar intensas clases de convivencia humana. El Mundial –añado a las universidades– puede ser muy alumbrador. ¿Para qué?
1–  Para aprender la diferencia entre “amor propio” y “amor por lo propio”. (El amor propio conduce al fanatismo enceguecido. El amor por lo propio es eso, amor.)
2–  Para diferenciar entre tolerancia y respeto. (Se tolera porque no hay más remedio. Se respeta por convicción.)
3–  Para hacer ejercicios en vivo sobre triunfalismo y derrotismo. Clase práctica: los alumnos –y los maestros también– escribirán, antes del Mundial, lo que piensan de Sampaoli como técnico y de tres o cuatros jugadores. Finalizado el Mundial se compararán opiniones y sentimientos escritos con las que se emitan con el resultado sabido. ¿Nuestra opinión se sostuvo, más allá del resultado, o el resultado la dio vuelta sin pudor?
4–  Podremos, chicos y grandes, reflexionar sobre esta sociedad triunfalista y derrotista, que salta de la euforia a la depresión en un minuto. Observaremos el camaleonismo de tantos periodistas estelares, la alevosa fragilidad de sus opiniones. Un penal errado o convertido, a un semidiós lo mutará en un canalla.
5–  Sucederá otro aniversario de la rendición en la desguerra de Malvinas. Aprovechemos para revisar nuestro patético exitismo del 2 de abril del ‘82 al entrar en Malvinas, y la depresión, avergonzada y vergonzante, tras la capitulación.
6–  De paso recordemos: Mascherano no es el Sargento Cabral.
7–  Consideremos que los himnos no deben ser canciones de guerra.
8–  Y revisémonos las supersticiones. Observemos que cada vez que, cábala o promesa mediante, pedimos ayuda a la Virgen de Luján, o al Muro de los Lamentos, intentamos coimear al Más Allá. Ojo al piojo: si fuese cierta esa “ayuda”, hacemos trampa: salimos a la cancha pichicateados, con doping celestial.
9–  No perdamos la ocasión de hacer memoria sobre el obsceno Mundial del 78, aquella “fiesta de todos” celebrada encima de miles de muertos sin sepultura.
10–  Consideremos: claro que sería macanudo ganar este Mundial. Pero muy peligroso también. ¿Otra vez nos creeríamos que somos los mejores del mundo?
Con eso, ¿cancelaríamos la desmadrada deuda externa?
Posdata.  Las jornadas del Mundial en las aulas pueden servir para una saludable diversión cívica. ¿Qué a las escuelas no se va a divertirse? Pero menos se va a aburrirse. Ojo al piojo: el aburrimiento escolar es una especie de genocidio finito. Imperdonable. Aquí se trata de aprovechar la conmoción del Mundial para alentar algunas reflexiones.
Hablando de aprender: con estos trabajos prácticos televisor mediante, los maestros y profesores, reflexionando en vivo con los alumnos, también ellos podrán aprender. Después, los chicos podrán contagiar a los adultos, tan adulterados. Imaginemos un chico que les avisa a los padres que Messi no es el Mesías.
Ya que el fútbol succionará corazones y cerebros, de algún modo saquémosle el jugo en las escuelas y colegios y universidades. Flor de oportunidad para aprender-nos, el Mundial. Y cuando concluya, bueno, veremos qué hacemos con el desfondado Fondo Monetario. Con perdón de la palabra.
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar


Seguí leyendo en Rodolfo Braceli