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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Martes, 22 de Mayo de 2018

Ay Patria, perdónanos

Se nos viene otro 25 de Mayo: ¡208 años de edad! ¿Crecimos de acuerdo a la edad que proclamamos? Preciosa oportunidad para chocolate, empanadas, locro y brindis. Siempre y cuando tengamos alimentos para poner sobre la mesa. Y siempre y cuando tengamos mesa.

Flor de ocasión para reflexionar-nos. Prestemos atención a la paupérrima presencia de banderas en casas y edificios. Comparémosla con la cantidad de banderas que brotarán por el Mundial del fútbol. Pregunta: ¿Será que el fútbol es una patria más intensa que la patria misma?
   Voy a recuperar reflexiones que frecuentaron esta columna. Meditemos la palabra “patria”. Es una palabra gastada, muy manoseada. Incluso la enarbolan los señores de la buitredad, los que privatizan el alma, el corazón y hasta el aire de las plazas.
   Adelante: en este 2018, a dos años del bicentenario de nuestra tan dudosa Independencia, ¿qué entendemos cuando decimos patria?
   Patria, palabra deshilachada por el uso alevoso. Por el caradurismo.
   Patria, palabra vaciada por tanto discurso incoloro, insípido, inodoro.
   Patria, palabra desangrada por los violadores de la Constitución, por los violadores de la Vida y de la Muerte, por los secuestradores de identidad que hasta arrancaron criaturas desde la placenta, por los corajudos de oficina que nos arrojaron a la desguerra de Malvinas, alentados por la euforia entusiasmada del periodismo estelar.
   Patria, palabra saqueada sin asco por los hijos de la impunidad, por los infatigables amigos de la Mano Dura, por los propiciadores del 2 por 1.
   Patria, palabra extenuada, ensuciada, desteñida, torturada.
   Sigamos. ¿Qué significa “viva la patria”?
   Busquemos un hondo espejo. Mirémonos. Afrontemos un examen de inconciencia. A ver, ¿por qué carajo miramos para otro lado cuando la patria es loteada, regalada, rifatizada al peor postor?
   ¿Ya olvidamos que aquí, a partir de 1976 y otra vez durante la última década del sigo 20 la patria quedó reducida a ser un agujero con forma de mapa en donde no quedaron ni los mástiles?
   No nos hagamos los distraídos: la patria, como compromiso extendido de nuestra sociedad, está en pañales. Saludable sería que bajáramos a los próceres de sus monumentos. Recordemos: eran tipos que se jugaban el pellejo, es decir la vida. ¿Preferimos descafeinar nuestra historia? ¿Queremos próceres posando para la tapa del Billiken? No olvidemos: algunos de ellos eran tipos vehementes, de lecturas y de acciones arriesgadas. Dispuestos a todo. Por el Cabildo andaban los corajudos y atrevidos Castelli, Julián Álvarez, French, Paso, Berutti, Monteagudo, Belgrano, Moreno. Eran muchachos muy ambiciosos. Eran lúcidos. No le tenían miedo a los libros ni a la mentada libertad. Carecían de “asesores de imagen”. Los más brillantes de entre ellos no llegaron a viejos. Y recordemos, por favor, que un año antes que ellos otros jóvenes intentaron la misma revolución, allá en la hasta hoy estoica Bolivia. El sueño lo pagaron con sus vidas. Vidas jóvenes, desgajadas.
  Reiteramos la pregunta que traemos año a año: ¿Que pasaría hoy, aquí, con aquellos jóvenes de Mayo? Serían sospechados con el “por algo será”, serían tildados de subversivos. Porque eran tipos de libros tomar, que encarnaban sus consignas. Se sospecha que uno de ellos, Mariano Moreno, fue nuestro primer desaparecido. Parece que lo “murieron”, lo borraron del mapa con un purgante intenso cuando iba en barco a la Gran Bretaña. Y le dieron marítima sepultura. Adiós pues con ese loquito y con su pasión militante.
  Moreno, patrono de los periodistas, escribió algo que tendrá vigencia mientras anidemos un resto de dignidad “Es preferible una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila”.
   Hay demasiados compatriotas que no toleran esta ecuación. Claman sin disimulo por un papito mesiánico que imponga “orden” mediante la Mano Dura. Siempre nos aletea el anhelo de la “servidumbre tranquila”. Elijamos: o la incomodidad de tener conciencia, o la comodidad de convertir a la digestión en nuestra única actividad cívica. ¿Hasta cuándo estaremos, “des-fondados”, a merced de los buitres de afuera auspiciados por los buitres de adentro?
   En nuestros corazones y cerebros y riñones, en nuestros güevos y güevas está la decisión. La escarapela no debe tener de dueños a la alevosa Sociedad Rural Sojera. La mejor escarapela se lleva por el lado de adentro, y consiste en vivir arriesgando: o elegimos los riesgos de la libertad o seguimos eligiendo la comodidad de la servidumbre. ¡Y a eructar se ha dicho!
   Quienes tenemos techo y abrigo y comemos con mantelito el seguro pan de cada día y de cada noche, quienes estamos alfabetizados, hoy no debemos darnos el cómodo lujo del desaliento. El mundo crepita y, joder, nosotros estamos adentro. Ante el impiadoso neoliberalismo, durmamos, pero con un ojo abierto, y el otro también. Bajar los brazos es cobardía obscena: ofende a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, y así sucesivamente.
   A la democracia debemos sembrarla cada día con su noche. La patria, como la democracia y como la Vida misma, es una actividad. ¿Y qué significa actividad?
  Actividad significa soñar a rajacincha. Perro soñar haciendo. Y significa poner los güevos y las güevas sobre la mesa.
   Posdata.  Ya con 208 años de edad, algo resulta imperioso: dejemos de forrear a la palabra patria. Una pregunta más: ¿Podemos decir patria mientras, activamente indiferentes, miramos para otro lado cuando a la patria le muerden pedazos de mapa, cuando a la patria la lotean por monedas?
  Damas y caballeros: la palabra “patria” necesita ser aprendida como sinónimo de “solidaridad”. Sol y dar y dad. El DesFondo Monetario carece de eso, es apátrida.
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar


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