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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 13 de Abril de 2018

El 1-6 que supimos conseguir

El miércoles 28 de marzo del 2018 después de Cristo, en un partido de fútbol, España le ganó a la Argentina por 6 (seis) a 1 (uno). Pasados los días, ¿tiene sentido hacer memoria? La pregunta nos muerde el amor propio: “Decime ¿qué se siente?” Vamos a reflexionarla sin anestesia.

Viernes, 13 de Abril de 2018

1

Del 1 - 6 ya pasaron más de dos semanas. ¿Por qué reflexionarlo ahora? Porque –siempre machacamos– el fútbol nos espeja. Espeja nuestras virtudes y defectos. Espeja nuestras distintas violencias, la de los olorosos y ásperos barras bravas y la de los prolijos y aseados señores y señoras de las plateas. Espeja el racismo subcutáneo y el racismo explícito. Espeja nuestra religión convertida en supersticiones y nuestras supersticiones convertidas en religión. Espeja nuestros sueños y nuestras mañas, y nuestros complejos de inferioridad disfrazados de complejos de superioridad. Espeja los barquinazos de nuestras euforias que mutan en depresiones. Espeja el triunfalismo de nuestros periodistas estelares que por un penal que se convierte o se pifia se transforma en feroz derrotismo. De un minuto al otro se muta al colosal héroe en un despreciable villano. Pasamos de ser los mejores del mundo a ser la última bazofia.

2. 

El 1 - 6 del reciente partido con los españoles fue un resultado razonable, esperable y, además, saludable. Lo asombroso no es el resultado en sí mismo, lo asombroso es que nos asombre. ¿Por qué? Para responder a esta pregunta es imprescindible hacer lo que menos nos apetece: memoria.

3.

Por empezar, recordemos las “privatizaciones” de los 90ta. Madremía. Pero sigamos con el fútbol y revisemos lo sucedido esta última década con las selecciones juveniles. Después de más de diez títulos (entre mundiales y sudamericanos), después de la ejemplar etapa conducida por José Pekerman, últimamente nos encontramos con una insoportable (y muy lógica) racha de vacas flacas: el año pasado el sub 17 ni siquiera pudo clasificarse para el mundial, mientras que el sub 20 apenas logró entrar agónicamente. Penoso, deprimente: se improvisó la conducción técnica y para reunir a los jugadores convocados hubo que atravesar un calvario: algunos de los clubes “grandes” escamotearon sin pudor sus figuras. Las naturales “derrotas” en realidad fueron “fracasos”; consecuencia de desorganización + improvisación + desidia: un cóctel de obsceno caos.

4.

Pero a estos fracasos, tan sembrados, pronto los traspapelamos. El periodismo estelar confundió investigación con alcahuetería. Siguió con su inflación de apellidos. El hincha promedio de nuestra sociedad, tampoco se demoró en analizar estos desastres cultivados. Todo esto, seguramente enviciados por los medios, que fomentan el exitismo nuestro de cada día; que transforman euforia en depresión, triunfalismo en derrotismo.

5.

Por favor, bajemos un cambio, y dos. Observémonos: triunfalismo y derrotismo, euforia y depresión: ¿acaso en el fútbol no nos sucede lo mismo que con la des-guerra de Malvinas? Esto lo muestra y demuestra el espejo.

6.

Un rasgo argentino es la propensión a la inestabilidad. En el terreno político no hace falta exprimir la memoria, recordemos aquella semana en la que cambiamos dos, tres, cinco presidentes. Cambiamos de presidentes como de calzoncillos. En la selección de fútbol consumimos 8 técnicos en 12 años. Últimamente apostamos a tres técnicos en sólo tres años, Martino, Bauza y Sampaoli. Bauza duró 251 días. Tras el 1 a 6 con España, no nos engañemos, Sampaoli sigue porque ya estamos pisando las vísperas del mundial de Rusia. Con semejante calesita, a la hora de buscar culpables y responsables, los jugadores son los más inocentes.

7.

Un detalle comparativo: Vicente del Bosque estuvo a cargo de la selección española 8 (ocho) años. En los últimos 8 años, ¿cuántos técnicos pasaron por la selección argentina? Somos unos hijos de la improvisación, y de los resultados. Además, consideramos un “fracaso” perder una final por penales.

8.

Damas y caballeros, digámoslo: aquí no ser campeón mundial de algo es ser un pelotudo. En nuestra sociedad nos sigue merodeando la intensa sensación de que somos “los mejores del mundo”. La joda es que saltamos de esa sensación (complejo de superioridad) a la antípoda, la sensación de que somos “los peores del mundo”. Finalmente terminamos por consolarnos diciéndonos que “somos los más inexplicables del mundo”. En fin, siempre “los más”.

9.

Que no se nos olvide, a propósito de desquicio dirigencial: el 3 de diciembre del 2015 hubo elecciones para elegir, por fin, nuevo presidente de la AFA. Entre los votantes asomó la política partidista, infiltrada o explícita. Ese día hacía un calor de la madona: votaron 75 (setenticinco) asambleísta. No había modo de que al abrir la única urna se produjera un empate. ¿Cómo que no había manera? Contaron y recontaron los votos: el resultado dio 38 a 38. Joder, ¿entonces resulta que la sagrada pelota SÍ se mancha? Es innegable que un pícaro mafioso introdujo un voto doble. Viva la Pepa. Y viva el Pepe. Y viva el ser nacional. Conseguimos desnucar la aritmética. ¡Papelón ecuménico!

10.

Si repasamos este amasijo de desorganización y corrupción, inmerso en el tuco de la mafia, desembocamos en un caos que se come por las patas a once Messi juntos. No jodamos, así no hay Messi que aguante. Y convengamos que el 1 a 6 de Argentina frente a España es un resultado completamente lógico. Que hasta puede venirnos bien, en cuanto nos baje del caballo. Nos baje de ese complejo de superioridad que esconde nuestro complejo de inferioridad.

11.

Oíd mortales: nos servirá, nos vendrá muy bien ese increíble 1 a 6 si, por fin, entendemos que es el resultado que supimos conseguir.

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