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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 16 de Marzo de 2018

La Negra, el aborto y ella

La discusión sobre el aborto desde siempre fue escondida, traspapelada; por miedo y por careteo hipócrita. La confusión brilla por su presencia, como cuando aquí se debatía la ley de divorcio. La Negra, Mercedes Sosa, ¿qué opinaría en estos días?

Viernes, 16 de Marzo de 2018

No es necesario suponer; tengo la palabra viva de Mercedes de hace 16 años. Me las dijo cuando yo escribía “Mercedes Sosa / La Negra”, primera y hasta hoy única biografía de muestra cantante cantora. Sin mediar pregunta, ella afrontó el asunto: “despenalizar” no significa “promover”. Pero mejor escuchémosla a ella; nos habla en carne viva:

 “–Sí ahora estoy llorando es porque recuerdo la muerte de Pocho... Tardé ¡nueve años! en aceptar que Pocho se había muerto. Anduve por el mundo, cantando, con enorme éxito, pero muy hecha mierda.

–Te estoy viendo, Negra, en el hospital Francés…

–Pasó en una semana… tumor cerebral, operación ¡y la maldita muerte!... Si llegué a ser lo que soy en el mundo, esto se debe a Pocho Mazzitelli, mi segundo marido. Trece años de amor y compañerismo. A fines del 67 quedé embarazada y tuve que hacer un aborto. Por varias razones di ese paso tan doloroso, y no me refiero solo a lo físico. ¿Tener otro hijo para llevárselo a mi mamá  a que lo críe y andar todo el tiempo despidiéndome de él? No no no. Además yo tenía problemas con el metabolismo; si seguía con el embarazo lo más probable era que yo dejara sin madre a mi Fabián, el hijo que ya tenía. Mi médico no estaba a favor del aborto, pero me convenció: “Tiene que hacerlo.” El dolor ahí abajo es terrible, es como parir, con la fiera diferencia que después del parto del aborto una se va sin el hijo... Eso pasa en el cuerpo... pero hay otros dolores. Uno se siente como una perra, como una bestia despreciada.

 (Aquí el llanto de la Negra buscó mi hombro. Pero, desde el llanto siguió:)

–No es fácil vivir y mucho menos siendo mujer. Imaginemos las jovencitas y no jovencitas que empujadas por la miseria, el hambre y la desocupación tienen que abortar. Las flagelan en lugares clandestinos y sórdidos. Cuando me pidieron de la UNICEF que trabajara para ellos, se los dije: Voy a hablar por los niños y por las mujeres. Diré que estoy a favor de la despenalización del aborto. En contra de la hipocresía, de la mentira y de la clandestinidad terrorífica a la que son empujadas las mujeres pobres y marginales. Porque una cosa es estar abortando en una clínica con calefacción y anestesia y música funcional, y otra cosa es abortar en cualquier rincón inmundo con unos fierros terribles que te meten ahí, adentro, para arrancar un cuajo de vida que, si se la dejara vivir, se la condenaría al analfabetismo, al hambre.

– ¿Qué pensás de los “antiabortistas” que argumentan que “la vida es sagrada”?

–Pregunto yo a los hipócritas que están contra la despenalización: ¿acaso ellos no provocan millones de abortos cada día?... Abortos cuando cierran fábricas y dejan sin trabajo, abortos cuando condenan a chicos al hambre que los descerebra y hasta los mata. No me cansaré de decirlo: hay que educar, enseñar a usar anticonceptivos... Que se dejen de joder las madres que quieren tener la nena virgen hasta el casamiento. ¡Hipócritas de mierda! ¿Cuándo van a reconocer que la hija puede de repente enamorarse y acostarse y hacer eso tan bello que es el amor y quedar gruesa por culpa de tanta pacatería, de tanta educación para la hipocresía? Realmente, quienes crean las siniestras condiciones para el aborto son los que impiden la legalización. Ellos provocan más abortos fomentando la ignorancia, condenando a las mujeres pobres a eso tan terrible que se multiplica por la falta de trabajo y de educación. Yo, como tantas mujeres, no quiero promover el aborto; lo que quiero es que cada mujer sea realmente dueña de su cuerpo y de sus ovarios y de su destino… Conozco señoras que públicamente opinan contra la despenalización, pero ellas se los hacen. La iglesia manipula las cosas. Mientras frenan esto no se ocupan de resolver de una vez que los curas puedan amar y casarse para que no hagan las macanas que están haciendo. Alguien, un poeta, dijo que aquí la hipocresía funciona como ideología. Estamos manejados por hipócritas. ¿Cuánto falta para que nos saquemos la careta? Aquí el único modo de estar contra los abortos es evitar las causas que los provocan. Se está contra el aborto reabriendo fábricas, generando trabajo, educando. Esto es lo que pienso: esos que impiden las leyes que saquen al aborto de la marginalidad y para posibilitar que cada mujer sea realmente dueña de sus ovarios y de su vientre, son los que matan gente, matan mujeres, matan niños de hambre. ¡Hipócritas! A ver, ¿quién tiene derecho a impedirle a una mujer de Tucumán, o de La Matanza o de donde sea que decida abortar sabiendo que el hijo que trae al mundo estará condenado a morirse de hambre? ¿Acaso no es un aborto cada niño que se muere a los cinco a los siete años?  Hipócritas, ¡pero que se vayan a la puta que los parió!

–La decisión de abortar, ¿fue tuya?

–Totalmente mía. Porque, en la inmensa mayoría de los casos, somos nosotras las que vamos a tener que cuidar al hijo. Por lo general, los hombres se borran… Tengo que confesar que aborté más de una vez... dos, tres. El último aborto fue poco tiempo antes de que muriera Pocho. Me recuerdo diciendo “ay, doctor, ¿por qué habré perdido a mi hijo?” Me respondió: “Usted perdió un hijo pero si seguía iba a perder la vida.” Ese aborto me dolió también de otra manera, porque después de la muerte de Pocho ya no tuve amor, estuve sola. A veces buenamente acompañada pero nada más.”

*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar