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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 16 de Febrero de 2018

Permiso para matar

Naturalmente, en esta semana del año 2018 después de Cristo, se produjo otra masacre en EE. UU. El protagonista, 19 años. 17 muertos hasta el momento. Unos 300 colegios tuvieron atentados semejantes en los últimos 5 años.

Viernes, 16 de Febrero de 2018

¿Es posible arrancar una columna con un “naturalmente”? Ocurre que en el país más poderoso de la tierra las masacres son consentidas y naturalizadas. Sin ir más lejos, con los genocidios preventivos. Y yendo más atrás, con Hiroshima y Nagasaki.

Datos de la escalofriante noticia. Nikolaus Cruz, ex alumno expulsado de la escuela Secundaria Marjory Stoneman, armado de un rifle de asalto AR-15 semiautomático ingresó al establecimiento y comenzó a gatillar. A Nikolaus sus profesores lo definen como “un chico problemático”. Antes fue denunciado por amenazar a sus compañeros: “siempre portaba armas, y las mostraba. Era muy perturbador”. Pero Nikolaus se manejaba dentro “la ley”. Claro, el sumo presidente, Donald Trump, hace días en su discurso del Estado de la Unión enarboló, vehemente, su defensa del derecho a la posesión de armas de los ciudadanos norteamericanos. (Convengamos: un sujeto como Trump en el podio del mundo, no es casualidad).

Para reflexionar, recupero palabras vertidas en esta columna a propósito de un texto del poeta y periodista Juan Gelman. El viernes 27 de julio del 2012, en Página 12, desde el título Gelman preguntaba: “¿Por qué mató James Holmes?”. Holmes era aquel muchacho que en el estreno del último Batman se metió a un cine de Colorado y empezó a distribuir balazos; mató 12 humanos.

Este joven no era alguien escapado de un psiquiátrico; era un jovencito de clase media, “ejemplar”, becado en la Universidad de Riverside. Descollaba por sus estudios en las neurociencias. El rector de la Riverside, Timothy White, declaró: “James era un alumno excepcional, el top de los tops”. (Joder, nada menos).

Volvamos a Gelman. Nos recuerda los más de 270 millones de armas que circulan entre civiles, y la gran vigencia que tiene en Norteamérica la Asociación del Rifle. Dicho sea: los rifleros cuentan hoy con la indiferencia activa de muchos demócratas; y con el alevoso fervor de los republicanos. Mucho más de media Norteamérica apoya el uso civil de armas. Madremía. Madretuya.

Viene al caso: si en esta Argentina, tan sembrada de histeria por los medios descomunicadores, se creara una Asociación del Rifle, la cantidad de afiliados sería sorprendente; entre estos estarían los que adoptaron al ex (falso) ingeniero Blumberg como una linterna mesiánica y los que no hacen asco al matar por la espalda.  

Hagámonos cargo de la lúcida pregunta de Gelman: “¿Por qué mató James Holmes?” Y sumemos: ¿Por qué un dulce jubilado mató a 59 personas en un recital de Las Vegas? ¿Y por qué Devin Kelley, un militar desocupado mató a 26 personas en una iglesia de Sutherland?

Espeluznan las muertes seriales. En episodios menos espectaculares Estados Unidos promedia más de 40 asesinatos por día, unos 13 mil anuales. Pero no nos quedemos con las cifras mirando sólo la punta del dedo y no lo que el dedo señala. La pregunta de Gelman nos zambulle de cabeza en otra pregunta: el Imperio norteamericano, ¿la vida de cuántos millones de humanos ha sacrificado con la asesinación a rajacincha, siempre invocando la libertad, la democracia y la sagrada seguridad de ese país?

Los del jubilado, los del pibe Holmes y Kelley y Nikolaus Cruz ¿no son acaso módicos genocidios, a escala casera? Atención: al pibe Holmes y al jubilado y Nikolaus y a los otros, ¿hay derecho a calificarlos de “asesinos seriales”?

Si nos fijamos en Holmes advertiremos que este muchacho no es más que un alumno adelantado. Tenía razón su rector, es “el top de los tops”. Más allá de su excelencia como alumno, era un genocida precoz que asimiló el ejemplo de ese Imperio que se fue de madre y de padre cuando naturalizó las “guerras preventivas” que en realidad son “genocidios preventivos”.

¿Nos vamos a escandalizar ahora por la matanza que hizo James en un cine de Colorado o la que acaba de concretar Nikolaus Cruz en el colegio de Florida? Antes escandalicémonos por la historia que mamaron estos muchachos, desde Hiroshima y Nagasaki, dos “hazañas bélicas” que rotuladas como “éxito” en un país que, entre otras hazañas, tiene la de haber elegido presidente a un tal Trump. Un país definido por el asesinado Martin Luther King como “el mayor proveedor de violencia en el mundo de hoy”.

La profesora Aviva Chomsky de la Universidad de Salem, nos recuerda que su país en el 2016 arrojó unas 72 bombas por día, más de 26 mil anuales. Las distribuyó “en Irak y en Siria, también en Afganistán, Libia, Yemen, Somalia y Pakistan”. La profesora Aviva nos dice que EE.UU., sembrando bombas produce, cada día, el equivalente en muertes de un 11 de Setiembre de las Torres Gemelas.” Multipliquemos 3000 muertes por 365 días…

Ahora calculemos cuánto cuesta cada bomba, los gastos de “traslado”, etc. Con el costo de cada bomba, más el gasto “operacional” de cada una se podrían construir ¿cuántas miles de escuelas, cuántos miles de hospitales?

Pero salgamos de la curiosidad de las cifras. Pensemos en los ciento de miles de seres que nacieron para vivir y, de un minuto al otro, son borrados del mapa. Estas “interrupciones de vidas” son abortos posteriores. Una costumbre naturalizada.

Retomemos la pregunta: “¿Por qué mató James Holmes?” Y ahora: ¿por qué mató el jubilado, y por qué Kelley, y por qué Nikolau? ¿Por qué? Esto pasa porque nacieron mamando el horroroso ejemplo de casos como Hiroshima. No es casualidad que medio país haya votado, con entusiasmo, a ese neoliberal explícito que se llama alegremente Donald Trump.

El mundo absorto mira estos genocidios express. El país más poderoso de la Tierra no para de suicidarse. Madremía. Madretuya. No nos desvivamos chupándole las medias. Y evitemos las relaciones carnales.

*  zbraceli@gmail.com   = =   www.rodolfobraceli.com.ar