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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 19 de Enero de 2018

Escuchen al Pepe ¡carajo!

¡Otro verano al espiedo! Padecemos gota gorda. Momento de poner en remojo preguntas que acompañan los hábitos de esta columna. ¿Acaso es posible reflexionar en verano? Es posible: algo debemos aprender del calor y de la calor.

Viernes, 19 de Enero de 2018

A la pregunta. ¿Hasta qué punto, al preponte capitalismo consumista del Primer Mundo le importa la mentada ecología, el destino del planeta? (Quien dice “capitalismo consumista” dice “alevoso neoliberalismo”.)    

Mientras madura la pregunta, voy a un discurso de Pepe Mujica; lo dio en junio del 2012, en una cumbre realizada en Brasil. El tema: cómo conseguir “un mundo sustentable”. Estadistas del mundo escucharon al desaliñado presidente uruguayo, al principio con desgano. Pasó el tiempo y la distraída prensa mundial empezó a darse cuenta de que aquel discurso contenía sencillas “verdades brutales”. A aquellas verdades, ¿se las llevó el viento? No. El viento las trae y las pone sobre la mesa. Cuando nos gusta una canción la escuchamos muchas veces; al discurso de Mujica lo siento como una canción; por eso vuelvo a él.

El Pepe fue derecho a la llaga. Dijo: “Permítasenos hacer algunas preguntas en voz alta. Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable. De sacar las inmensas masas de la pobreza. ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? El modelo de desarrollo y de consumo que queremos ¿es el actual de las sociedades ricas?”

El Pepe avanzó con su tono campechano: “Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Nos quedaría oxígeno para respirar?” (Un golpe en la mandíbula presuntuosa del Primer Mundo neoliberal esa pregunta referida al oxígeno disponible).

El Pepe explicitó: “Más claro: ¿tiene el mundo los elementos materiales como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible? ¿O tendremos que darnos otro tipo de discusión?”

Tras la demoledora pregunta el Pepe añadió: “Hemos creado esta civilización: hija del Mercado, ha deparado un progreso material portentoso y explosivo. Pero la Economía de Mercado ha creado sociedades de Mercado. Y nos ha deparado esta globalización. ¿Estamos gobernando esta globalización o ella nos gobierna?”

Siguió el Pepe, lento, pero sin dar respiro: “¿Es posible hablar de solidaridad y de que ‘estamos todos juntos’ en una economía basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?”

Aquí el Pepe Mujica expresaba eso que los gobernantes de mundo exitoso jamás dicen en voz alta: “La gran crisis que tenemos no es ecológica, es política… El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre. Y a la vida. No venimos al planeta para desarrollarnos solamente. Venimos para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida. Esto es lo elemental. Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un “plus” y la sociedad de consumo es el motor de esto. (…) Ese híper consumo está ‘agrediendo’ al planeta. Y tienen que generarlo, que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica, entonces no puede durar más de 1000 horas encendida. ¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100 mil horas! (…) Tenemos que sostener una civilización del ‘úselo y tírelo’, estamos en un círculo vicioso. Pero no podemos seguir gobernados por el Mercado, ‘sino que tenemos que gobernar al Mercado’. Por ello digo, que el problema es de carácter político. Los viejos pensadores –Epicúreo, Séneca y también los Aymaras– definían: ‘pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho’.”

Los mandatarios del mundo lo escuchaban al Pepe con un silencio avergonzado. Ante esa sabia sencillez ningún mandatario podía hacerse el distraído. El Pepe siguió metiendo dedo en llaga: “Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo ‘rechinan’. Pero tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir. Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las 8 horas. Y ahora van por las 6 horas. Pero el que tiene 6 horas, se consigue dos trabajos; y trabaja más que antes. Porque tiene que pagar la moto, el auto, cuotas y cuotas y cuando se quiere acordar, es un viejo al que se le fue la vida. Y uno se pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana? ¿Solamente consumir? Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana… Precisamente, porque es el tesoro más importante que tenemos.”

El Pepe, clarito, como si estuviera hablando en una mesa de café, cerró así: “Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente se llama ‘felicidad humana’.”

Posdata: El discurso del Pepe uruguayo tiene cada día más vigencias, arranca caretas: “No podemos seguir gobernados por el Mercado, ‘sino que tenemos que gobernar al Mercado.’”   La preocupación ecológica del primermundismo capitalista oscila entre la hipocresía y el cretinismo moral. Explota la Burbuja Financiera y para salvar a los bancos buitres se inventa otra burbuja más grande. Con el 10 por ciento de esa inversión salvadora se terminaba con hambre y analfabetismo y enfermedades endémicas del planeta.

 Pero, para el neoliberalismo, no es redituable terminar con hambre y analfabetismo y endemias. Joder, madremía, madretuya: ¿quieren consolidar la esclavitud por los siglos de los siglos?

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