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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 12 de Enero de 2018

Buitres más el calor, más la calor

Si nos apetecen los récords, ahí tenemos otro: el año que pasó fue el más caluroso de la historia registrada. Las cifras terminan por anestesiarnos. El acostumbramiento garantiza la impunidad.

Viernes, 12 de Enero de 2018

A las cifras, ¿quién las carga? Damas y caballeros, no las carga el diablo. Las cargan los hacedores de muerte, hambre y analfabetización. Lo cargan los poderosos del mundo, al compás de un neoliberalismo que, sin disimulo, alevosamente sólo le importa el bien-estar de una reducida porción de los seres vivientes. Ese neoliberalismo que caretea en las reuniones cumbre sobre el clima y la violación de las aguas y los aires, ese neoliberalismo se nutre en la desmemoria que, su vez, garantiza la impunidad.

Ejemplo: ¿Quién se acuerda hoy del terremoto (y del tsunami) sucedido en Haití el 12 de enero del 2010?  De ese desastre se difundieron imágenes desgarradoras, y cifras: más de 315 mil muertos, 350 mil heridos, más de un millón de pobres,  pobrísimos, que perdieron su magro hogar. Ciento de miles de hambrientos y sedientos, a la intemperie. Y enseguida el espasmo de la falsa solidaridad de los países del autodenominado Primer Mundo. Por caso: la Norteamérica imperial envió 10 mil soldados a Puerto Príncipe. En aquel momento Hugo Chávez puso su dedito en la llaga: “¿Esto es ayuda o es ocupación?” Tuvieron que darle la razón los 27 miembros de la Unión Europea, y especialmente Francia. Todos calificaron de “ocupación militar” a la caritativa presencia norteamericana.

Reflexionemos. Mientras se perpetra el festival de la industria bélica, en este mundo asistimos a un tsunami perpetuo. Cifras: más de 1.400 millones de personas hacen como que viven con un ingreso de 2 dólares por día. El 20 por ciento de la humanidad carece de su pan diario El 10 por ciento de la población mundial maneja el 75 por ciento de las riquezas. Las 500 personas más ricas del planeta superan los ingresos de unos 400 millones de pobres.

Detrás de la falsa solidaridad, las grandes potencias, siempre al compás del neoliberalismo, arrasan sin asco el equilibrio planetario. No hace tanto, en el 2009, se gastaron unos 850 mil millones de dólares en armas asesinadoras. Y para la asistencia alimentaria, ¿cuánto se invirtió? No se invirtió la mitad, ni la mitad de la mitad, ni la mitad de la mitad de la mitad… Se “gastó” 170 veces menos. Moneditas. Limosna.   

El caso es que el Apocalipsis de la pobrísima Haití se podría remontar en dos patadas. Con el equivalente de lo que Norteamérica pone en gastos bélicos de un día, de sólo de una hora, Haití podría reconstruirse en meses y convertirse en una especie de Mónaco. Pero claro, suspender la asesinación de los genocidios preventivos sería una locura.

El caso es que el planeta es violado sin feriados por los buitres, por la minería a cielo abierto, por el genocidio de los bosques, por la corrupción de las aguas y de los aires. Y estamos funestamente distraídos. Así vamos derechito al horno. Dale que va.

¿Exageración? Hace una década los medios de descomunicación informaban  como “curiosidad” que “por el cambio climático, hasta los esquimales necesitan refrigeración”. Que los inuit, en el Quebec, instalaban aparatos para afrontar el calor.

Toda vez que sucede un desastre emerge el tema del dióxido de carbono. Y saltan cifras: la Unión Europea marca como límite los 140 gramos por km. en los gases de los escapes. De las 20 marcas más conocidas sólo 3 estaban por debajo de ese nivel. Los países del primer mundo regalan sus conciencias ecológicas a las dictaduras de las multinacionales. La cumbre mundial de científicos en París entregó un informe escalofriante: “La temperatura media de la Tierra subirá entre 1,8 y 4 grados en cien años y el nivel de los océanos aumentará unos 59 centímetros.”  Dale que va.

El humano, en sólo 50 años destruyó y/o pudrió más que en toda su historia. Minga de 4 estaciones. Dale que va. No sabemos si el que nombramos Dios tiene látigo, pero la que sí tiene látigo es la Naturaleza. Ella es violada a rajacincha por los países buitres a través de un sistema por ahora triunfante, el neoliberalismo, adicto a los genocidios preventivos. La religión del consumismo devora de un modo suicidante los recursos primordiales del planeta.

Un detalle: los mayores desastres caen sobre las zonas hambreadas. Por ahora. Pero ojo al piojo: hace unos años un corte de electricidad afectó a 50 millones, por empezar a Nueva York. La multitud salió a las calles solidarizada por el espanto. ¿Atentado o consecuencia del calor y de la calor? Por otro lado, Europa sudó la gota gorda, jadeó. Suiza, la de los bancos preferidos por nuestros atorrantes nativos, en el 2007 tuvo el junio más sofocante en 250 años.

Ya no basta con ser del Primer Mundo para escapar a las consecuencias de lo que le hacen al planeta los gerentes del mundo. La madre Naturaleza pierde la paciencia, se calienta, por la alevosa explotación minera a cielo abierto. La madre Naturaleza pronto se va a hartar de los criminales civilizados, de los exitosos buitres de corbata y chaleco. Cuando se le acabe la paciencia, la madre naturaleza y la pachamama dirán “basta”. Y de pronto no habrá tantas obscenas diferencias entre Primer y Tercer Mundo.

 

¿Caeremos en el triste consuelo del “mal de muchos”? Cagaremos fuego, debido a la indiferencia activa. Mientras sucede esta condición humana al espiedo, tomemos conciencia de la inconsciencia.    

¿Vamos hacia un final sin necesidad de bombas nucleares? Estamos cocinando un apocalipsis que nos cocinará, sin retorno. De todas maneras, damas y caballeros, reconozcamos: es mucho mejor decir “no somos nada” bien comidos y entechados y alfabetizados, que decir “no somos nada” a la intemperie, sin trabajo, acorralados por el desesperado estupor de hijos hambrientos.

*  zbraceli@gmail.com   = =   www.rodolfobraceli.com.ar