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Rodolfo Braceli Desde Buenos Aires Viernes, 5 de Enero de 2018

El lobo y las parteras

Una noticia hedionda: el genocida, torturador y desaparecedor Miguel Etchecolatz fue “condecorado” con arresto domiciliario. Carga apenas 4 condenas a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad. Este pedazo de abuelo, este lobo sanguinario, brindó por el año nuevo en su chalet del Bosque Peralta Ramos. Sin embargo.

Sin embargo la realidad también nos trae noticias luminosas como la “parición” de la Nieta 127. Conseguida, tras 4 décadas, por la paciencia de las Madres Abuelas de Plaza de Mayo. La nieta recuperada es hija de una mendocina, María del Carmen Moyano, y de un sanjuanino, Carlos Poblete, ambos militantes de Montoneros. Fue parida en la ESMA.                                                                           

El curriculum de ex capo de “la mejor policía del mundo”, la de la provincia de Buenos Aires, nos recuerda que entre sus “hazañas” figura la sombra de la desaparición, en plena democracia, del albañil Julio López, testigo que declaró en su contra. Es lo último que hizo: tras testimoniar, el albañil salió a la calle y fue borrado del mapa.

Pero hay otro detalle referido a Etchecolatz: su hija, psicóloga y docente, se cambió el apellido. Hace un año decidió llamarse Mariana Dopazo. Cuando compartió con cientos de miles la marcha contra el 2x1, ella declaró: “Necesitaba salir de la sombra de este hijo de puta. Mi padre no es un loco, es un ser infame. Y no le permito más ser mi padre”. Lo cierto es que el lobo asesinador Etchecolatz, en su chalet del Bosque Peralta Ramos, brindó por su 2018. Allí no estuvo su hija; ella se arrancó el apellido como una costra de pus intolerable.

Pero salgamos de las tinieblas y vayamos a las Madres Abuelas: una vez más nos alzan desde el desánimo. Porque ellas ¡siguen pariendo vida! ¡Que las parió! Y siguen devolviéndole identidad a seres aquí secuestrados desde hace 40 años. Ellas, las Madres Abuelas de Plaza de Mayo, tan sufridas, tan calumniadas, tan prodigiosas.

Retomo palabras de otras columnas. Observemos: no han podido con las “viejas locas”. ¿Por qué? ¡Porque son parteras! Vienen vadeando la asesinación y la muerte y la desnucación de la condición humana. No, no pudieron, no pueden, no podrán con ellas. Son socias del sol.

Así, pariendo, las interminables Madres Abuelas celebran sus 40 años de lucha heroica. Nadie las apartará del camino. Ni el cinismo de humanos como Lopérfido, ni la obscena ligereza analítica del entusiasmado Andahazi, que compite en patetismo con el señor Aguinis. No, ningún monicaco puede ni podrá con nuestras parteras de la memoria.

Estela de Carlotto, promete seguir sembrando memoria. Pide discreción y nos dice: “Estamos grandes, vamos quedando poquitas, pero la búsqueda seguirá con nuestros hijos y nietos recuperados. Faltan unos 300 por identificar.”

Miremos a nuestro alrededor: hay muchos, demasiados, que se dejan ganar por el desaliento. Estas apariciones que son “pariciones” deben enarbolarnos la sangre mustia. Que las señoras muy aseñoradas y los señores muy almidonados sepan disculpar; ahora mismo vamos a propagar otra “mejor noticia del año”. No es para menos: estos días, en nuestra patria distraída y desmemoriada, ha nacido otro humano, con 40 años de edad. Su identidad estuvo secuestrada 4 (cuatro) décadas.

Ante semejante hallazgo pasó lo de siempre: esta “mejor noticia del año” apareció chiquita, arrinconada, ninguneada con canallesco desgano. Pero, por más que la traspapelen en la banalidad y la güevada que nos devora y asfixia, la noticia florece. Es un pan que vamos a compartir ahora, al empezar un año arduo.

A los dueños de las vidas y de las muertes la noticia de la Nieta 127 les da en el medio del hígado. Pero, aunque sea jorobante, tenemos que insistir con otra pregunta: ¿por qué la aparición de un Nieto afanado desde la placenta, por décadas, apenas si es mencionada entre las noticias chiquitas del día? La respuesta cae por madura: porque la memoria alumbradora produce cólicos de conciencia. Dicho sea: no nos dejemos confundir por los aparentes “conciliadores”: la memoria no es retroceso, como pregonan; la memoria nos está semillando un futuro diferente.

Por el trabajo incansable de la memoria es que se producen, con cada aparición, estos estallidos de vida. Gracias a las Madres Abuelas, que tienen la costumbre vivir más de 90 años. Porque se quedan para buscar, hasta que encuentran. Flor de detalle: estas parteras hacen Vida sin recurrir a balas ni a nada por el estilo. Damas y caballeros, estas madres abuelas, porfiadas, convierten al dolor y a la desesperación en militancia del pulso. A las formidables chifladas últimamente las quieren aniquilar con difamaciones. Pero no pudieron y no podrán con ellas: las locas parteras encarnan la victoria siempre.

Vayamos por un hondo espejo para mirarnos mejor. Y digamos:

–Permiso, Memoria. Permiso, Conciencia: ¿Qué sería de nosotros si ellas, las Madres locas, no existieran?

¿Qué quedaría de nosotros si ellas no hubieran salido a alumbrar la más eterna de las noches? ¿Qué sería de nosotros? ¿Qué?

¿Estaríamos de pie o en cuatro patas? ¿Estaríamos?

Reconozcámoslo: sin ellas alumbrando, esta patria idolatrada hoy sería un definitivo agujero con forma de mapa. Y de tanto tocar y tocar fondo, habríamos desfondado el abismo. Pero ellas nos enseñan a sembrar el abismo.

Y nos enseñan que la paciencia no es resignación.

Y nos enseñan que la fastidiosa memoria es el modo más porfiado de la esperanza.

La madre que nos parió. ¡Las madres que nos parieron! Celebremos la parición de la Nieta 127. Démonos fuerzas, no caigamos en el desaliento. Eso sería inmoral. Eso sería traicionar a la Vida y al sol. Ojo: después del 127 viene ¡el 128!

 

 

 

 

 

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