Mendoza,

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Rodolfo Braceli

Perdón Walt, perdón Santiago

Acorralados entre la confusión y la obscenidad, intentemos reflexionar. Para no caer en la comodidad de la antipolítica. Con la confusión pierde la política. Cuando pierde la política, pierde la democracia. Cuando pierde la democracia, nos vamos al caraxus; es decir, nos vamos a la mierda.

20/10/2017

   Escribo esta columna en la tarde del miércoles 18 de octubre; desde Buenos Aires. La enviaré a Mendoza mañana, jueves, y será la contratapa de Jornada el viernes 20. Todavía no se confirma sobre si el cuerpo hallado en el río Chubut es el de Maldonado, desaparecido hace 79 días. Ese cuerpo fue ofendido con una sarta de hipótesis alevosas. Fue confundido con un cadáver de México. Y fue paseado por delirantes suposiciones: que estaba en Mendoza; que fue acuchillado por un puestero de Esquel; que fue alzado en la ruta al Bolsón por un matrimonio, y recientemente por la doctora Carrió, cuando opinó que “había un 20 % de probabilidades de que estaba en Chile, con el RIM.” A los pocos días mutó de teoría, dijo que el cadáver de Maldonado se conservó porque estuvo protegido por el frío, “como Disney”. Madremía.

   Infórmese doctora Carrió; caramba, usted es la más mediática investigadora de la Argentina: lo del congelamiento de Walt Disney fue un chisme barato. Disney nunca fue criogenizado en espera de que la ciencia lo resucitara algún día. Al contrario: fue incinerado dos días después de su muerte. Sus cenizas reposan en el Forest Lawn Memorial, en California, junto a las cenizas de su papá, Elias; de su mamá, Flora; de su esposa, Lillian y de la mayor de sus hijas, Diane. (Debo confesarlo: hace más de 20 años –no recuerdo contra quién–, yo voté por Lilita. Me avergüenza mi ingenuidad.)   

   Pero que Disney no nos distraiga. No miremos la punta del dedo, miremos lo que dedo nos señala. Estamos sumidos en la ciénaga de la confusión y descoyuntados por sentimiento encontrados. Si el cuerpo encontrado es el de Santiago, será un dolor inconmensurable, para sus padres y sus hermanos. Si no es el de Maldonado, su familia y todos los bien paridos seguiremos padeciendo esa lenta agonía que desnuca la condición humana: la desaparición. Además, si el cuerpo encontrado no fuese el de él, sería el de otro ser humano que había nacido para vivir muchos años más.

   Más allá del hallazgo evitemos sumarnos a este festival de confusiones. Con sospechosa facilidad se pone en tela de juicio a “la política”. Como si terminar con los actos de campaña significara terminar con hechos horrorosos como la desaparición de Santiago. Ojo al piojo: silenciar la política es un recurso subterráneamente “político” de los incansables partidarios de la “antipolítica”. La antipolítica es una manera de hacer política, con la que se beneficia el neoliberalismo. La antipolítica anida en el huevo de la serpiente. El hueco creciente que genera la antipolítica a la larga y a la corta se compensa con autoritarismo, aterramiento y muerte. Con Maldonados.

   Hablando de confusión: no confundamos slóganes con ideología. No confundamos politiquería barata con verdadera política. La política se aprende haciéndola. La confusión nos quiere hacer creer que “política” es, fatalmente, sinónimo de “corrupción”. Ojo al piojo: la corrupción vive repartidísima. Está entre taxistas, plomeros, abogados, fabricantes de medicamentos, consorcios de edificios, ginecólogos hacedores de cesáreas seriales, dirigencia de la AFA, está entre los ruralistas y  superempresarios que arrojan valijas repletas de dólares por arriba de las fronteras, y así sucesivamente. También la corrupción la cultivan los periodistas exitistas, esos que, valiéndose de la impunidad de las desmemoria, se convierten en voceros de los sucesivos gobiernos.

   No estamos proponiendo el “mal de muchos consuelo de tontos”. Se trata de mirarnos en un espejo y de no bajar la mirada. No hay que terminar con la política; en realidad, para que no hayan más desaparecidos en democracia, hay que empezar con la política. El silencio es funesto cuando es consumado por la indiferencia activa.

   No confundamos política con politiquería. Circulan en estos días de congoja y estupor algunas encuestas obscenas que tratan de “medir” el impacto que el posible hallazgo del cuerpo sin vida de Maldonado causará en las elecciones del domingo 22 de octubre. La especulación cuantitativa es moralmente hedionda. La política, la política alumbradora, hoy no es necesaria, es imprescindible. Sergio Maldonado, hermano de Santiago, a los periodistas nos dijo con voz desgarrada por los insomnios: Tienen “que replantearse la profesión”.

   Así es: hoy necesitamos de la política alumbradora, genuina, sembrada en una dirigencia que deje de apostar a las encuestas y de someterse a los oportunudos dictados de los publicistas. Política fundada en el trabajo, en el estudio, en la imaginación, y no en el maquillaje.

    En este festival de confusiones, hagamos un esfuerzo para que no haya tanto abismo entre el dicho y el hecho. El confusionismo socaba a la democracia. Sin democracia genuina se naturalizarán las desapariciones y los miedos; en vez de sociedad seremos manada.

   Volviendo al fenómeno Carrió: tras la comparación de Maldonado con Disney twiteó refiriéndose a los familiares: “no tuve la intención de herirlos; y, si lo hice, les pido las más sentidas disculpas.” Ese “y, si lo hice” evidencia chicaneo, disimulo. Evidente: el arrepentimiento de Carrió es condicional, fruncido; para salir del paso.

   Cuando sostenemos que no hay que terminar, que es hora de empezar con la política no estamos proponiendo la novedad del twiteo y otras artes de la modernidad. Proponemos replantear los límites y las posibilidades de nuestra profesión. Y hacer política sin chicaneo, sin maquillaje.

   ((De la mano del optimismo de la memoria que nos enseñan las Madres Abuelas, abrazamos a la mamá, al papá, a los hermanos de Maldonado.

   No en paz, que en intensidad descanse ese muchacho, Santiago.)) 

*  zbraceli@gmail.com    ===    www.rodolfobraceli.com.ar

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