Mendoza,

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Rodolfo Braceli

Don San Martín y doña Alicia

Permiso, quiero invitarlos a un acto en el que sucederán un par de resurrecciones: la de don San Martín y la de Alicia Moreau de Justo. Esto sucederá, ficción mediante, a partir de las 20 horas de este sábado 14 de octubre en la Feria del Libro, en el espacio Le Parc.

13/10/2017

Desde hace años lo sabemos: no suelen pedirnos autorización para matarnos y para borrarnos del mapa. Entonces tampoco vamos a pedir autorización para resucitarnos, y renacernos. Les explico de qué se trata. Voy a presentar mi libro más reciente: “Don San Martín, véngase, conversemos” (de Ediciones Culturales de Mendoza). Me acompañarán en las “resurrecciones”, dos actores genuinos: Ernesto Suárez, que le dará vos y aliento al general ciudadano; y Luisa Kuliok, a doña Alicia Moreau de Justo, la panadera cívica.

    En mi libro me atrevo a una conversación ilusoria con don San Martín. Lo traigo a nuestro tiempo y le cuento y le pregunto. Y él me responde con hebras textuales entresacadas de sus cartas y proclamas. Con Alicia Moreau el diálogo fue real, tuve el prodigioso privilegio de entrevistarla en 1985; hacía dos meses que ella había cumplido los cien años de su edad. Poco tiempo después ella fallecía en un hogar de ancianos, publico. Como socialista que era.

    ¿Por qué reuní en mi libro a estos personajes? Porque los dos afirman el valor de ser ciudadanos. El valor cívico y la importancia de los libros por sobre las armas y el poder castrense. Adelanto un momento de la charla con Don San Martín:

“–Don José, observe: ahí tenemos, en el vientre de la burbuja financiera los huevos de la serpiente antidemocrática. Los buitres de afuera y de adentro, están a la orden del día. ¿Cómo afrontarlos?

–Con “las bibliotecas”.

–Las  bibliotecas, ¿qué fuerza real tienen?

–“La biblioteca es más poderosa que nuestros ejércitos”.

–Suena a música. Ya descorcho un vino de Mendoza... Y brindo por el general ciudadano. ¡Salud!

–“Las ciudades multiplicadas se decorarán con el esplendor de las ciencias y las magnificencias de las artes.”

–Libros, ciencias, artes... aquí padecen hogueras, gas pimienta, indiferencia.

–“Querer detener con la bayoneta el torrente de la opinión universal... es como intentar la esclavitud de la naturaleza… La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene.”

  Sabemos que ciencias, bibliotecas y todo lo que nombramos como “cultura” es algo marginado, humillado con paupérrimos presupuestos. Por eso nos vienen a alumbrar las palabras de don José y doña Alicia. Recordemos que el ayuntamiento, a través de O’Higgins, le donó a San Martín 10 mil pesos oro como reconocimiento por la liberación de Chile. ¿Qué hizo San Martín con esa fortuna? Para no desairar a los chilenos, la aceptó y de inmediato la donó para fundar una biblioteca nacional en Chile. En otras palabras: no lo mandó a un paraíso fiscal.

    Alicia Moreau de Justo, dije, murió a los 100 años en un hogar público. También donó su vida entera. Imagínense, con ella ya centenaria, pude hablar de todos los temas posibles: de los derechos de la mujer, de sus goces, de la vida como evolución, de las guerras, del sexo, incluso sobre la penalización del aborto.      

    Habrá lectores que me preguntarán, qué derecho tengo a meterme a imaginar una conversación con un prócer del tamaño de San Martín. Me dirán: “Lo tuyo es una impertinencia.”

    Respondo a los escandalizados: en todo caso es una impertinencia necesaria. ¿Por qué? Porque todos sabemos que San Martín murió un 17 de agosto. Pero, a ver: ¿sabemos cuándo nació? Celebradores de muertes, ignoramos nacimientos. Dos veces mueren nuestros próceres: al morir y cuando los congelamos en la inexistente perfección del bronce. Y después, como justificación, nos andamos diciendo que “estamos como estamos porque nos tenemos ejemplos”. Ejemplos tenemos, y más acá de nuestras narices.

   En cuanto a nuestros próceres: no nos sirven de un caraxus. Por eso: porque los congelamos en esa inalcanzable perfección del bronce.

   Revisémonos. Con la bendita soja enarbolada, la “patria” es succionada por los caballeros de la Sociedad Rural, dueños de escarapela y de inmensos pedazos de mapa. Urge reflexionar. Cada uno contribuye como puede a esa reflexión presente. Por mi parte ofrezco las páginas de “Don San Martín, vengasé, conversemos”. En el libro, como dije, imagino una charla con aquel general que priorizó el “ser ciudadano”. Y lo traigo a las últimas décadas y lo entero de cosas tremendas que nos pasaron y que permitimos que nos pasaran. De esa charla se desprende que en el siglo 21 don San Martín sería un ciudadano amante de la democracia y rechazante del neoliberalismo: enemigo de los buitres de afuera y de los buitres de adentro. En fin: un ciudadano nada conservador. Pregunta: ¿Podría ser “conservador” alguien que se aventuró a imaginar y a realizar el épico del Cruce de los Andes? 

  Más pregunto: ¿qué diría él si se asomara a este país en el que decir “Patria Grande” se convirtió en mala palabra? ¿Qué opinaría de esta patria sojera que entró al siglo 21 rifatizada, loteada, benetteada, sembrada de hambrientos y analfabetizados y, más atrás, azotada por dictaduras militares asesinadoras, que apoyaron perversos civiles que siguen pululando?

   Posdata. Este sábado en la Feria, lugar de esos libros tan amados por don San Martín, tal vez me anime a preguntarle a ese singular general siempre ciudadano, si, por un casual, él tiene idea ¿dónde, dónde está Santiago Maldonado?

*  zbraceli@gmail.com    ===    www.rodolfobraceli.com.ar

 

 

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