Mendoza,

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Rodolfo Braceli

Les Luthiers 50, ¿y Santiago?

Les Luthiers cumplen medio siglo de risa inteligente. Homenajear a la risa hoy, cuando seguimos sin saber dónde está Santiago Maldonado, resulta difícil de digerir. Pero nos absuelve saber que Santiago tenía, entre sus rasgos, el humor y la risa. Además de la solidaridad.

15/9/2017

Vaya a saber “dónde está” el cuerpo luminoso de Maldonado. Y vaya a saber si “está” respirando. Pero estoy convencido de que el atrozmente desaparecido, hoy estaría celebrando la viva vigencia de Les Luthiers.

Retomo conceptos que vertí en esta columna, porque la irrealidad, que parece ser nuestra única verdad, pocas veces nos da ocasión para el elogio. Así como se confunde impunidad con heroísmo, aquí se confunde chatura con nivel del mar.

Nos fascinan los homenajes. Pero estos se perpetran cuando el elegido ya usa bastón blanco o sillas de ruedas. O cuando entregó rosquete. Lo prodigioso de Les Luthiers es que están en plena actividad. Con ellos no tenemos que caer en la lagañosa nostalgia.

La historia y la historieta con sus personajes pasan, pero Les Luthiers quedan. Es un milagro que no bajó del cielo; fue sembrado en la tierra de esta patria tan loteada. ¡Medio siglo! ¿Cuántos presidentes pasaron? ¿Y cuántos cancilleres? ¿Y cuántos ministros de economía? ¿Y cuántos, cuántos directores técnicos de la selección? ¿Y cuántas millones de árboles fueron talados? ¿Y cuántas ciento de miles de hectáreas fueron devoradas por la obscena soja? Y paremos, antes de que la risa se nos vuelva llanto, y se nos caiga al suelo y la meen los perros.

Medio siglo de Les Luthiers, y el premio Asturias, una especie de Nobel. La sostenida excelencia de este grupo me lleva a una pregunta: Estos tipos, ¿nacieron aquí? ¿No estaremos ante una banda de brillantes farsantes que se hacen pasar por argentinos?

La pregunta se agudiza cuando tratamos de atrapar esa ratita huidiza que es el Ser Nacional. O ese Gen Argentino que resulta ser el Gel. ¿Resulta estúpida mi duda sobre la nacionalidad de Les Luthiers? Es inevitable tras 50 años de purísimo éxito. Y la planteo porque, no sólo permanecieron unidos a pesar del éxito, siempre remaron buscando más excelencia. Esta terca autoexigencia no es algo inherente a una sociedad ciclotímica, siempre mordida por euforias y depresiones.

Los argentinos presumimos de ser extraordinarios improvisando. Eso de solucionarlo todo “con alambre y palito” se convirtió en virtud enarbolada. Hicimos de la improvisación un estilo.

También hicimos del tocar fondo una comodidad: suponemos que cuando tocamos fondo a continuación  resucitamos, gracias a ese otro jodedor eslogan que exalta nuestra “capacidad de recuperación”. Les Luthiers, cantores, se han cantado en ese don que nos viene saliendo por la culata: la improvisación.

Los entrevisté por primera vez en 1971; estaban en Mar del Plata, en la cima de la taquilla. Tras la función de sábado completé el reportaje un domingo. Como vivían en una gran casa quinta, imaginé que los encontraría rascándose al sol. Nada de eso: estaban revisando febrilmente la grabación de la función de la noche anterior, “para corregir y fijar detalles”.

Ahí pensé: “Estos tipos son fundamentalistas de la perfección.” A partir de esto, mi duda: ¿no serán escandinavos que se hacen pasar por argentinos? Lo extra-ordinario es que siempre se cantaron en el don de la improvisación justamente en el territorio del humor, allí donde la improvisación campea.

Hazaña de Les Luthiers: no sólo fueron feroces persiguiendo la perfección sino que la buscaron sin enfriarse. Demostraron: así como lo cortés no quita lo valiente, la excelencia no quita lo caliente; no desmaya al humor.

Y en este punto los comparo con Niní Marshall. Ella nunca se durmió en los laureles. Niní, genia y genio: cantaba, bailaba, actuaba, escribía sus libretos, se autodirigía. Y jamás claudicó al fácil chiste pedorro. Sus chistes brotaban de la psicología de sus personajes. El chiste como consecuencia, no como demagogia.

Pienso también que Les Luthiers son equiparables al cerebral y talentoso Fangio. Y al obsesivo y férreamente ético Marcelo Bielsa. Les Luthiers nos enseñan que el éxito es más compromiso.

Los argentinos fuimos educados en la creencia de ser “los mejores del mundo”. Las malarias nos bajaron del caballo. Nos consolamos diciendo “ahora no somos los mejores, pero sí somos los más inexplicables del mundo”. Triste consuelo de güevones y/o güevonas.

Solemos justificar nuestra empecinada decadencia diciéndonos: “Lo que pasa es que no tenemos ejemplos”. Ocurre que a los ejemplos los buscamos en próceres congelados en el bronce y en ídolos inflados por los medios de des-comunicación. Ejemplos tenemos, pero más acá de nuestras narices. Les Luthiers, gran ejemplo.

Hecimos del “del alambre y palito” virtud nacional. Confundimos maquillaje con semblante. Pregunta: ¿Que sería de esta sociedad histérica si a la capacidad de improvisar le sumábamos capacidad para evitar las chambonadas?

Así es: cuesta creer que esta banda esté constituida por argentinos. Los Luthiers jamás confundieron ruido con sonido. Ni chiste con humor. Porfiados perfeccionistas, minuciosos relojeros, pulcros y certeros como los más arriesgados cirujanos, en esta patria idolatrada domaron a la improvisación. Y a lo largo de 50 años siempre eligieron el camino más arduo. Matrimoniaron trabajo exhaustivo con sumo talento. Consiguieron el humor con el sudor de la inteligencia. Damas y caballeros: jamás Les Luthiers confundieron la chatura con el nivel del mar.

Posdata:Imagino que un día de estos Les Luthiers van a actuar al sur, a algún sitio como El Bolsón. ¿Podrá ir a disfrutarlos Santiago Maldonado? Para eso Santiago tendría que “estar”. Pero, Madremía, madretuya, ¿dónde está Santiago? Y más: ¿por qué, por qué no está Santiago? Y más todavía: ¿cuándo fue la última vez que Santiago sembró nuestro aire con su risa?

zbraceli@gmail.com    ===    www.rodolfobraceli.com.ar

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