Mendoza,

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Rodolfo Braceli

Joaquín Quino 85,¡salud!

Aunque no resulte simpática, una vez más formulo esta pregunta, con ánimo de reflexión: ¿no es acaso una paradoja que Joaquín Lavado, el Quino, haya nacido y aprendido a respirar en Mendoza?

21/7/2017

  Miguel Repiso, Rep, en su tira de humor de Página 12 nos hizo acordar que este 17 de julio del 2017 después de Cristo cumplió 85años el Quino nuestro. Flor de ocasión para reformular la antipática pregunta: ¿el promedio de la sociedad mendocina (no todos, el promedio) hace juego con la índole inconformista del hacedor de la niña Mafalda? Concretamente: el conservadurismo, la pacatería, los prejuicios, la contractura moral de nuestro promedio social ¿tiene derecho a sacar pecho con el Quino mundial que hace algunos años ganó esa especie de Nobel que es el premio Príncipe de Asturias? 

   La pregunta está ahí, plantada; mientras voy por Joaquín Lavado. Lo primero que hizo fue nacer, en Mendoza (año 1932). A los 21 se largó a la tentación de la Buenos Aires que le abriría puertas al mundo. Un día de 1967 vino por Mendoza y lo entrevisté. Otros encuentros sucedieron ya en Buenos Aires: en 1987 para hacerle el reportaje–prólogo destinado a su antología “10 años de Mafalda”. Después lo entrevisté en 1990 y en 2001. El Quino superó el corsé del denso pesimismo; evidencia alegría, se ha desatado de su grave timidez.

   Repaso: tenía Quino 35 años cuando lo entrevisté por primera vez. No nos tuteamos. Le entré mal: –¿Cómo es posible que no le guste el fútbol? Me respondió: “¿Eso es una tragedia?” Le respondí: “Es una lástima”. Después le pregunté a dónde va a parar el mundo. No encontró palabras. Le pedí: “Respóndame  con un dibujito, en una servilleta.” Y Quino con mi birome dibujó primero un hombrecito de anteojos (yo), después un globo terráqueo... El hombrecito pateaba el globo, lo convertía en balón. Futuro nefasto. Adiós planeta, adiós.

    Dos décadas después lo volví a reportear. Quino venía de vivir en Europa los años del limbo del infierno, a partir de 1976. Le pregunté el día de su nacimiento.

–Sólo sé que nací a las cuatro de la tarde. Entre los 10 y los 18 años viví asediado por la muerte: un abuelo, mi madre, mi padre... No podía escapar del luto: puerta entornada, nada de radio ni de música ¡y un brazalete negro! Con ese brazalete me sentía un nazi. Feo, ¿no?

–¿Cómo era Quino a la edad de Mafalda?

–Muy solitario. No jugaba a la pelota, por mi timidez espantosa no quería ir a la escuela. Solo quería dibujar. Mi madre me convenció de que si quería dibujar con los globitos, como en las historietas, también tenía que escribir los textos. Y a escribir iba a aprender sólo yendo a la escuela. No tenía más remedio, fui… Mientras me acercaba a mi tío Joaquín Tejón, que era pintor, dibujante publicitario.

–¿Desde cuándo se recuerda dibujando?

–Imagen lejana: un día mí madre trajo a casa una enorme mesa de madera clara, de álamo... yo me acosté boca abajo sobre ella y la fui cubriendo de dibujos de un extremo al otro... Ella me dijo: “Si quieres seguir dibujando tienes que lavar la mesa cada vez.”

–¿Cuál es la clave de Mafalda?

–Una contradicción: a uno de chico le enseñan cantidad de cosas que no deben hacerse porque están mal y hacen daño... pero resulta que cuando uno abre los diarios se encuentra con que los adultos perpetran masacres, guerras, etc. ¿Los grandes no hacen lo que enseñan?

   (Quino metía el dedo en nuestra llaga: la hipocresía. Siguió contando…)

–No reniego de Mafalda. Fueron diez años de mi vida y la de Alicia, mi mujer. Pero el viejo maestro Oski tenía razón: la permanencia en la historieta me endureció la línea... Para que los personajes me salieran iguales... a veces los calcaba. Fue duro: Alicia debió soportar esta rutina y resolver mi vida exterior con el mundo. Hay dibujantes a los que mantener su historieta les costó el matrimonio… Mucha gente me dice “Quino, ¿por qué mató a Mafalda?”

–¿La mató o la dejó morir?

–Si seguía con Mafalda, la historieta iba a terminar por liquidar al dibujante.

–Si hoy le pregunto dónde va a parar el mundo, ¿qué me dice?

–Iremos a parar al espacio. Porque volaremos en cohetes. Yo era muy pesimista, viajando aprendí que la voluntad y la unidad humana pueden modificar muchas cosas… En Cuba vi lo que puede la voluntad y la unidad. Aun en la pobreza, con el esfuerzo común se puede conseguir salud, educación, alimentación.

–¿Cómo se lleva con el vino?

–El vino es muy compañero conmigo. El tinto.

–¿A dónde cree que vamos a parar cuando dejamos de respirar?

–A la nada.

–Confiéseme alguna íntima maldad suya.

–A ver... je… de chico, jugando solo, miraba mucho a las hormigas: las negras grandotas, buenazas; las chiquitas coloradas, malísimas; y las marroncitas, que no eran dañinas. Miraba las terribles guerras entre las hormigas, quedaba la tendalada… Algunas veces atrapaba una mosca viva, le arrancaba las alas y la arrojaba al centro del hormiguero.

–Hoy, ¿haría semejante cosa?

–Me da escalofríos pensarlo.

   (El Viernes Santo del 2001 ya nos tuteábamos. Le pregunté si seguía incrédulo:)

–No, creo muchísimo... Soy agnóstico; no sé, ateo también… Creo en taaantas cosas… soy un animista. He sido educado como hijo de republicanos españoles. Mi vieja, Antonia Tejón, y mi abuela eran comunistas. Mi abuelo también ¡muy anticlerical!

–La carencia de un Dios, cerca de tus 70 años, ¿te desasosiega?

–No. Porque creo en aquel árbol y en aquel otro y en el sol y la lluvia y los pajaritos… Mirá, la otra noche soñé que venía una pareja de pajaritos. Venían a invitarme a su boda.

   Posdata.  Puse una pregunta en remojo sobre la paradoja que significa que el Quino haya nacido en Mendoza (sitio con muuuuy alta tasa de mentalidad pacata).  Va mi brindis por este Quino que, a la Mendoza neoliberal, conservadura, le salió por la culata. ¡Salud!

*  zbraceli@gmail.com   ===    www.rodolfobraceli.com.ar

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