Mendoza,

de
de

 

Rodolfo Braceli

¡Ay, la Negra come poco!

Otro 9 de Julio. Según como se quiera ver: ¿el día de la “Independencia” o el día de la Dependencia?” Mientras ponemos la duda en remojo, celebremos: ese día siempre será el cumpleaños de nuestra Negra Mayor.

14/7/2017

Así es: porque nació el 9 de julio de 1935, Mercedes Sosa está cumpliendo sus 82 años. Nació para siempre. Cuando ella canta, exhaustos de adjetivos, exclamamos: “¡Qué la parió la Negra!” Y ahí nos preguntamos quién la parió. Respondo recuperando un fragmento del capítulo que le dediqué en mi biografía editada por Sudamericana.

La madre que parió a semejante voz se llamaba Ema del Carmen Sosa. Fue una prodigiosa mujer sin escuela. Al momento de esta conversación doña Ema tenía 88 años. En el aire flameaba su paciente locro y las empanadas inventadas por sus manos. Escuchémosla:

“–Yo sé de cocina, pero hay platos modernos que no sé hacer. Los hacen muy rápido. Claro, las pobres mujeres trabajando afuera no ven la hora de volver a sus hijos. Antes, yo a los chicos los mandaba al colegio, hacía las cosas de la casa, y mientras tanto iba haciendo el puchero. Empezaba a las nueve y media, a las doce y media estaba listo. Y ¡qué puchero salía! Todo era tan lindo aun en la pobreza. Ya uno se sentía feliz al poner la mesa…

– ¿Qué recuerda de sus padres?

– Ella se llamaba Genoveva Toledo de Girón y él Miguel Girón.

– ¿Qué hacía su papá?

– De ese hombre yo no quiero hablar… Él se fue un 12 de abril y yo nací un 14 de mayo. No lo conocí. Fui criada por unos tíos, yo le decía papá a mi tío. Miguel Girón, ¿para qué me trajo si me iba abandonar? Pero no debo quejarme: después fui muy feliz con mi marido, a pesar de la situación precaria.

– ¿Por qué a Mercedes usted le dice Marta?

– Ella fue anotada Haydé Mercedes, yo quería ponerle Marta. Y así la sigo llamando. Sabe, yo quería ponerle también Julia Argentina, porque nació el 9 de julio. Pero bueno, no todo sale como uno lo pide. Lo grato es que mi Marta nació bien sanita. Lo recuerdo patente: eran las tres menos cuarto de la mañana y la tuve en el hospital, me habían dicho que venía muy grande. Gorda y tan linda…

– ¿Muy rebelde Mercedes de chica?

– Nooo, por favor. Eso sí, poco estudiosa… Andaba mejor en gimnasia, canto y música. A los seis años se envolvía con el mosquitero y hacía de bailarina española. Más le digo: la Marta, si no hubiera sido cantora hubiera sido pintora. Tenía manos de artista. Y yo no quería que cante.

– Usted no quería, pero...

– Mire, cuando Mercedes tenía doce años ¿doce o catorce?... se presentó a un concurso en la LV12. Después vino mi marido y me dijo que había un concurso por la radio, y salía una chica con muy buena voz… “ya va a empezar, pongamos la radio”. Y la presentan y canta “Estoy triste”, de Margarita Palacios. Yo hablo encima para disimular, mi marido me dice: “¿Ésa no es la nena?”. Resulta que ganó ella. Y a los tres días viene el director de la radio y me enojo mucho y ella me dice asustada: “Lo hice por jugar… la profesora de música me dijo presentate.” A mí, eso de cantar no me gustaba nada nada.

– ¿Nada?

– Nada. Porque había que hacerlo afuera de la casa.

– Doña Ema, ¿ni un poquito le gustaba?

– No no no. Porque siendo artista yo la pierdo a mi hija. ¿Cada cuánto la voy a ver?

– Un poquito egoísta usted.

– Algo sí, le acepto.

– Su Marta, Mercedes Sosa, triunfó y es adorada.

– Lo que usted quiera. Pero sufre.

– Hoy, ¿volvería a no querer que cante Mercedes?

– Sí. Porque es mucho sufrimiento el que ha tenido mi hija.

– ¿Usted cambiaría todo lo que es Mercedes para el mundo por una vida de ella en una casa?

– El dinero tiene valor. Pero lo moral tiene más. Le repito: la Marta es buena hija y hermana, pero veo que sufre mucho. ¿Qué son los aplausos? Duran lo que duran... Sé que muchos la quieren, pero yo la quiero más que todos. No me gusta la fantasía. Los aplausos quedan para el público, pero yo como madre sólo quiero que la Marta no sufra. Y ella sufre cuando se va; cuando está lejos mucho sufre.

– Y cuando la escucha cantar, ¿qué pasa con usted?

– Lloro. Pero tengo remedio para mi sufrimiento y el de ella: le hago de comer.

– ¿Cuál es el secreto de ese locro que vamos a comer?

– Si al locro usted no le regala paciencia, que nadie se ponga a hacer el locro.

– La Negra me contó que cuando volvió a comer sus empanadas le volvieron las ganas de vivir.

– ¿Vio? La Marta estuvo muy mal. A mí no me dejaron verla, hasta que la vi en lo de la señora Mirta Legrand... Ayyy, qué terrible, tuvieron que llamarme un médico. Fíjese si se me muere la Marta.

– Difícil ser madre.

– Difícil. A una madre no le importan las vanidades del mundo.

– ¿Ser madre es sólo sufrimiento o algo de felicidad?

– Todo junto… A mis hijos les enseñé que cuando vean a alguien que cometió robo no digan ése es ladrón. No. Digan: Pobre hombre, por qué tiene que sufrir tantas cosas. Matar no es necesario para vivir. Robar, a veces sí. Si una madre ve que su hijo necesita un pan, entonces roba para darle a ese hijo. Y lo hace en la ley. La ley de ser madre… Hemos hablado suficiente ya ¿no? Vamos a comer locro y empanadas con la Marta. Ella me preocupa, come poco últimamente.

– Pero antes dígame: doña Ema, ¿seguro que aún hoy sigue sin querer que su Marta cante?

– Lo que le dije: si ella no anduviera cantando no sufriría tanto. ¿Qué importa que cante tan lindo y que la gente la aplauda? ¿Qué madre puede querer que su hijo sufra? La Marta sufre. Y le digo que come poco.

Posdata

Los ídolos también tienen madre. Para las madres de los ídolos, ellos no son ídolos, son sus hijos.

Esas madres están más allá del aplauso, porque están más acá. Saben que al aplauso tarde o temprano se lo lleva el viento. Se lo llevó.

Pero la madre estaba antes que el viento. Y estará después.

*  zbraceli@gmail.com   ===    www.rodolfobraceli.com.ar

Te puede interesar

te puede interesar también...
Visitá la sección Rodolfo Braceli