Mendoza,

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Rodolfo Braceli

Ser la madre de Cabezas

En la madrugada, mientras dormía, murió la mamá de José Luis Cabezas, en un geriátrico de Mar del Plata. Se fue desgarrada por el hijo perdido y sabiendo que el ex policía Gustavo Prellezo, acusado del asesinato, salió de la cárcel abreviando su condena “por buena conducta”.

16/6/2017

Recordemos: Cabezas fue un ser humano, fotógrafo, asesinado vivo y quemado muerto un 25 de enero, hace 20 años. Dos balas en la cabeza y el fuego. Al cumplirse el primer aniversario de la asesinación en la revista Gente me encargaron hacer una nota juntando a la primera mujer y a la segunda en la cava donde se consumó el espantoso hecho. Periodismo amarillo, ¿no?

Mentí, dije que ninguna de las dos quería prestarse a semejante propuesta. Ahí me pidieron que recordara a Cabezas con testimonios cercanos. La de siempre, “un año sin Cabezas”. Hablé con compañeros y familiares. Y sobre todo con su mamá, Norma Marotti. Sembrado por esos relatos escribí una ficción; imaginé a Cabezas “resucitando” un año después. Ulises Dumont leyó el monólogo por tevé. Tras eso convertí ese textito en una obra de teatro, “El novio de la memoria”. Al escenificarla hubo que darle voz y respiración a las palabras de doña Norma, y eso lo hizo la inolvidable María Rosa Gallo.

Comparto fragmentos que vienen de la charla con la mamá de Cabezas. En la cocina de su departamento, ella me cuenta:

–... Pero cómo no me voy a acordar del día que nació. Eran las cinco y media de la tarde. Se ve que se quería quedar conmigo, adentro digo, porque tardaba en salir. Por cesárea lo tuve. Después, tres meses con la herida abierta. La vida es una herida absurda, me decían en chiste. Qué va a ser absurda la vida. Por esa herida había salido mi hijo y yo estaba feliz y qué me importaban los terribles dolores. Mi Jóse era un muñeco; la verdad, un niño dios al nacer. Todo el mundo lo decía: un niño dios de hermoso. Pocas veces se ve algo así. El médico me repetía: Nuca en treinta años atendí un niño tan hermoso como el suyo... …Miedosa, tan cuidadosa como he sido, fíjese lo que pasó: a mi hijo no sólo lo matan, me lo queman esas bestias... ¿Para qué lo cuidé tanto a mi Jóse? ¿Para qué lo alimentaba así? Yo le amasaba la pizza para que no comiera porquerías en la calle. Tanto cuidado fue inútil: las bestias vienen y me lo queman.

... No me gusta la foto que están poniendo de él. Muy triste su mirada... Era siempre un cascabel, ojos celestes como sus tíos andaluces. No le gustaba la escuela, pero las maestras se enamoraban de él. ¿Le dije que era una belleza? No porque yo sea su madre lo digo. En la secundaria era un chico travieso, pero sin maldad. Nunca quiso saber nada de seguir una carrera. A los quince ya trabajaba de cadete. Después sacaba fotos en plazas y cumpleaños y se las arregló para sacar fotos en las reuniones de la embajada francesa. En una de esas reuniones fotografió a un señor muy flaquito y fumador; resulta que ese señor era el ministro de economía de Menem cuando empezó, y a los pocos días, Miguel Roig creo que se llamaba, viene y se muere. Infarto. Y ahí Jóse va a la revista Noticias y les vende la foto. Así empezó a trabajar ahí...

... Usted lo ve: somos gente modesta. Aquí siempre se comió lo que había, pero a Jóse le gustaba que yo le hiciera asado al horno. Cebollita en rodajas, papas doradas... mi hijo, al terminar de comer rasqueteaba la asadera. No le daba por el vino, eso sí, le gustaba el champagne. Esto de vez en cuando, porque Jóse era bastante agarrado, no soltaba un peso. Pero era bueno con nosotros. ¿Ve esa heladera? Regalo de él. Años diciéndome: “Ma, ¿cuándo largás esta heladera de porquería?”Cincuenta años con la misma heladera, hasta que, el 13 de diciembre de 1996, Jóse viene y me dice “yo te la compro hoy”. Ese día hice asado al horno y comimos con champagne. Mi hijo a la heladera la compró a crédito, con su tarjeta. Y no la pagó nunca más, porque antes de los dos meses las bestias lo mataron y encima vienen y me lo queman... ay, la heladera más barata del mundo...

…¿Le cuento cómo nos enteramos? Estábamos en Atalaya, cerca de Magdalena, con Gladys y mis nietos, en un campito. Nos cambiamos para ir al corso. A eso de las nueve de la noche mi marido puso la radio para escuchar Independiente y Boca, porque nosotros somos todos de Independiente... Al ratito cortaron el partido y la radio dijo: “Último momento: ha muerto un reportero gráfico de la revista Noticias… José Luis Cabezas, lo encontraron calcinado.” Apagamos la radio. No nos animamos a mirarnos. Quietos. Quietitos un minuto o tres minutos. De pronto enloquecimos, corríamos, corríamos por el campo, corríamos para ningún lado, chocábamos entre nosotros... Un rato así hasta que alzamos toda la ropa tendida y nos metimos todos en una combi y nos fuimos a Pinamar... Creíamos que había chocado, no que lo habían matado... Si había chocado, como sea se iba a salvar... Pero después supimos que no había chocado... esos bestias me lo mataron y me lo quemaron... Ay, yo no tengo odio,  tengo impotencia... Terrible ¡terrible! hacer eso con un muchacho que era un niño dios al nacer.

(Estuve conversando con la mamá de Cabezas toda la tarde. Al final me dijo:)

–... No le ofrecí ni un café... Algo más le cuento. Este fin de año estuvimos todos en esta casa. Todos. Cociné asado al horno. Puse una foto de mi hijo en el centro de la mesa. Una foto de él, hermoso, fuerte, sonriendo. Cuando dieron las doce de la noche llovía, llovía mucho. Había una copa al lado de la foto de José Luis y la llené de champagne. Después llené la mía y brindé con él: Feliz año, hijo, donde estés.

*  zbraceli@gmail.com   ===    www.rodolfobraceli.com.ar

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