Mendoza,

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Rodolfo Braceli

Hundimiento del Belgrano

Treinta y cinco. 35 años y un mes pasaron del hundimiento del Crucero General Belgrano en la desguerra de Malvinas. Fue una tragedia que cobró cientos de vidas. La tragedia fue propiciada, tanto desde la víctima como desde el victimario, por dos gobiernos gravemente neoliberales.

9/6/2017

Desde Buenos Aires por Rodolfo Braceli

Aunque resulte incómodo, recordemos: la Argentina de 1982 arrastraba y padecía una dictadura infernal que tenía el soporte civil de un economista, un tal Alfredo Martínez de Hoz, alguien que utilizó la metodología eficaz del neoliberalismo para vaciar y endeudar al país. La invasión de las islas aquel 2 de abril de 1982 se perpetró como un acto de distracción para prolongar aquí el ejercicio del poder castrense, disimulando el desquicio económico y la ya indisimulable carnicería humana redondeada con el afano de criaturas recién nacidas.

Por su parte, la Gran Bretaña liderada, democracia mediante, por Margaret Thatcher, estaba por entonces acogotada por el creciente derrumbe económico. La invasión a las islas que nosotros llamamos Malvinas, le vino como anillo al dedo, al primo hermano del imperio del Norte; en realidad fue su salvación. Y la primera ministra procedió, no le tembló el pulso y mandó al sur la gran flota. De la noche a la mañana se convirtió en la “dama de hierro”. El apodo encerraba un gran elogio. Al neoliberalismo de un país bélicamente insignificante y del tercer mundo le respondió con su neoliberalismo de país siempre asociado a a EE.UU.

En el medio, como siempre, quedaron los que fueron a la guerra. Un mes después del desembarco, el 2 de mayo del 1982 el crucero Ara General Belgrano fue hundido por un torpedo: en minutos murieron 323 tripulantes, una cifra semejante a los que cayeron en combate en el archipiélago.

323. Uno pronuncia semejante cifra y la licúa, la naturaliza desnaturalizándola. Así somos: olvidamos que los 323 seres murieron de a uno, y que habían nacido para vivir, para hacer familia, para tener hijos, para soñar.

No podemos olvidar –no debemos, hay que repetirlo– que la hazaña de esta masacre marítima se produjo bajo la acción de dos gobiernos que por entonces, uno con el paraguas de la  democracia y el otro con la prepotencia de la atroz dictadura, estaban inspirados en el crudo y prolijo neoliberalismo.

Cada año los años los 2 de Mayo se realiza en nuestra argentina actos conmemorativos. En 1998 se realizó un viaje especial a la zona del hundimiento. Allí los compañeros de la tripulación que se salvaron y familiares de los caídos para siempre, sembraron las aguas con cartas y flores. Desde entonces se trata de mantener vivo el recuerdo del Crucero General Belgrano. Hay varias calles del país que recuerdan a algunos caídos. Por ejemplo, en Sumampa, Santiago del Estero, hay una calle que se llama  Omar Hilario Gorosito, en honor del cabo Gorosito. En Vera, provincia de Santa Fe, una calle se llama Soldado Alcides Gómez en honor del soldado Gómez. También en Paraje Cerrito a una escuela primaria se le puso el nombre del soldado Gómez.

Uno dice Gorosito, y dice Alcides, y se queda con los nombres en el paladar. Ni Gorosito ni Alcídes ni los otros 321 significan absolutamente nada para el neoliberalismo de la Thacher, ni para el neoliberalismo del dúo militar y cívico de Galtieri / Martínez de Hoz.

Pregunta: ¿Tenemos algo para aprender de este episodio, de esta guerra tan particular? Muchísimo tenemos para aprender. Por empezar, parafraseando al León cantor, que el neoliberalismo, como la guerra misma es un monstruo grande que pisa fuerte.

Así es: en estos tiempos precisamente tenemos que aprender que en la índole, que en la médula, que en el ADN del neoliberalismo anida una compatibilidad absoluta con la esencia criminal de la guerra.

La señora Thatcher, no por casualidad, era una conservadura adicta al neoliberalismo. La guerra con un país inofensivo,por un tiempo la salvó del profundo malestar en su Reino Unido. Con la guerra, sin el menor pudor, disimuló el derrumbe de su gestión.

El etílico general Galtieri, tampoco es casualidad, con una banda de militares argentinos de oficina, profesaban el neoliberalismo y, desde la confortable comodidad de sus oficinas nos arrojó a una desguerra explícita.

Resumiendo, damas y caballeros: que a los viejos y también a los nuevos neoliberales no les tiembla el pulso, fueron y son de armas tomar; y hacen alarde de ello. Armas tomar para lo que venga, para lo que se les cruce, para lo que pueda afectar a sus intereses siempre insaciables. Armas tomar, llegado el caso, para las guerras preventivas que debieran denominarsegenocidios preventivos. “Privatizadores” como son, no se “privan” de nada: son además entusiastas de armas tomar para la represión de los desgajados que cometen el abuso de reclamar por trabajo, es decir, por el sagrado pan de cada día y de cada noche.

* zbraceli@gmail.com   ===    www.rodolfobraceli.com.ar

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