Mendoza,

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Rodolfo Braceli

122: ¡que vivan las parteras!

Buen día. Así, escrito con dos palabras. Y Buendía. Así, también escrito con una sola palabra. No es para menos: luego de otro embarazo que duró 40 años, las “viejas locas”, las prodigiosas madres hoy abuelas de Plaza de Mayo, han recuperado al Nieto 122. Uno más. Uno menos.

28/4/2017

 Empiezo con el pedido de siempre: que las señoras muy aseñoradas y los señores muy almidonados sepan disculpar, ahora mismo vamos a propagar otra “mejor noticia del año”. Estos días, en nuestra patria distraída y desmemoriada, ha nacido otro humano. Lo singular es que ha nacido a los 40 (cuarenta) años cumplidos de su edad. Estuvo secuestrado de identidad durante 4 (cuatro) décadas.

   Como de costumbre, la noticia surge chiquita y nos es dada con desgano por la mayoría de los medios, como para salvar las apariencias. El caso es que se trata de una gran noticia que enseguida será traspapelada en el vértigo de la banalidad y de la güevada, que nos envuelve y asfixia.

   Pregunta recurrente en esta columna: si el recuperado hubiese sido un famoso empresario o un famoso de la farándula y si su secuestro hubiera durado cuatro días en vez de cuatro décadas, ¿qué repercusión hubiera tenido? Imaginemos el aire radial, el tiempo televisivo y el centimetraje en los medios gráficos que se le hubiera concedido. Cientos, miles de minutos; cientos, miles de centímetros. En fin.

   El ser humano recuperado (por un milagro sembrado aquí en la tierra), ahora sabe cómo se llama: es el hijo de Iris García Soler y de Enrique Bustamente. Iris, su madre, era una joven mendocina, compañera de Enrique. Ambos, militantes de Montoneros, en el enero de 1977 fueron secuestrados en Buenos Aires, en la pensión donde vivían. Ella por entonces estaba embarazada de tres meses. Cuando el embarazo de Iris llegó a sus últimas semanas fue trasladada a la atroz maternidad de la ESMA. Su criatura, como otras cuatrocientas fue afanada desde la placenta. Iris García Soler y Enrique Bustamante siguen desaparecidos.

    Pero las Madres, hoy abuelas y bisabuelas, no bajaron los brazos a lo largo de cuatro décadas. Y hoy nos dan “la mejor noticia” en lo que va del año 2017.

    A los dueños de las vidas y de las muertes la noticia del Nieto 122 recuperado no les importa un comino y, si les importa, les da en el medio del hígado. Pero, aunque sea jorobante, tenemos que insistir con otra pregunta: ¿por qué la aparición de un Nieto afanado desde la placenta, por décadas, apenas si es mencionada, y ubicada entre las noticias menores del día? La respuesta cae por madura: se aborrece la “mejor buena noticia” porque la memoria alumbradora produce cólicos de conciencia. A propósito: no nos dejemos confundir por los aparentemente “conciliadores”: la memoria no es retroceso, como pregonan; la memoria es semilla de un futuro diferente.

    Retomo palabras vertidas en esta columna con motivo de otros “nacimientos”: cada aparición sucede, por así decir, después de un embarazo gestado con la búsqueda de décadas. Se trata de estallidos de vida. Son partos conseguidos por la ciencia de la paciencia de las Madres Abuelas. Habremos notado que muchas de ellas viven más allá de sus 90 años. ¿Por qué se quedan a vivir tanto tiempo?

   En realidad, se quedan a buscar, hasta que encuentran. Estas parteras hacen la Vida sin arrojar una piedra,  ni una bala. Y ahí, en cada parto, brota un torrente de sol. Y esta sí que es alegría genuina. Esta sí que es la revolución de la alegría.

   Pronuncio la palabra alegría y, ya mismo, propongo abrazar con brindis a esas madres que convirtieron al dolor y a la desesperación en militancia del pulso. Las trataron de chifladas. Como son incomodantes, las quieren quemar con indiferencia y difamación y olvido. Pero no pudieron y no podrán con ellas: las locas parteras encarnan la victoria siempre, y enseñan.

    Voy, una vez más, por un hondo espejo para mirarme mejor, para mirarnos mejor. Acudo a una plegaria de intemperie, por las parteras de la memoria, y digo:

   –Permiso, Memoria. Permiso, Conciencia: ¿Qué sería de nosotros si ellas, las Madres locas, no existieran?

  ¿Qué quedaría de nosotros si ellas no hubieran salido a alumbrar la más eterna de las noches? ¿Qué sería de nosotros? ¿Qué?

   ¿Estaríamos de pie o en cuatro patas? ¿Estaríamos?

   Reconozcámoslo: sin ellas alumbrando, esta patria idolatrada hoy sería un definitivo agujero con forma de mapa. Y de tanto tocar y tocar fondo, habríamos desfondado el abismo. Pero ellas nos enseñan a sembrar el abismo.

   Y nos enseñan que la paciencia no es resignación.

   Y nos enseñan el optimismo de la memoria.

   Y nos enseñan que la fastidiosa memoria es el modo más porfiado de la esperanza.

   La madre que nos parió. ¡Las madres que nos parieron! Brindemos y celebremos la parición del Nieto 122. Brindemos, sí, ¡y a rajacincha! Brindemos sin distraernos. Brindemos sin olvidar que no debemos dejar la esperanza para mañana. No nos demos el lujo del desánimo. No le aflojemos. Aprendamos de la porfiadez, de la férrea ternura de nuestras parteras de la memoria.

   Ojalá, ojalá después del número 122 nos venga el número 123. Y así sucesivamente.

   Quedan casi trescientos secuestrados de identidad pendientes. Démosle una mano al sol y otra mano a las parteras. No lo olvidemos: la Vida cuenta con nosotros.

*  zbraceli@gmail.com   ===    www.rodolfobraceli.com.ar

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