Mendoza,

de
de

 

Rodolfo Braceli

Globalización al espiedo

Veranos al espiedo. Veranos que, neoliberalismo mediante, supimos conseguir. Estamos sudando la gota gorda. No sólo el calor, encima la calor. El planeta está recaliente. Y no es para menos. Es para más.

3/3/2017

Atención: en Alaska ya se incorporaron refrigeradores a sus veranos   

Afrontemos la gran pregunta: ¿Hasta qué punto al capitalismo consumista del Primer Mundo, hasta qué punto al descarado neoliberalismo le importa la mentada ecología? Los hechos hablan: se les importa un pito. Donald Trump –un neoliberal explícito– se viene mofando de las preocupaciones por el medio ambiente.

Con qué gusto retomo otra vez tramos de un discurso que Pepe Mujica dio en el junio del 2012. El tema del encuentro, realizado en Brasil, era “la ecología, un mundo sustentable”. Estadistas del mundo escucharon al desaliñado entonces presidente uruguayo con desgano, al principio. Pero, pasadas las semanas, la distraída prensa mundial advirtió que el discurso encarnó un racimo de sencillas “verdades brutales”. Verdades que cayeron sobre nuestras molleras.

Pronto el Pepe metió dedito en llaga: “Permítasenos hacer algunas preguntas en voz alta. Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable. De sacar las inmensas masas de la pobreza. ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? El modelo de desarrollo y de consumo que queremos ¿es el actual de las sociedades ricas?”

El Pepe siguió: “Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?” Un golpe al mentón del Primer Mundo capitalista ese “cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar “.

Por las dudas el Pepe explicitó: “Más claro: ¿tiene el mundo los elementos materiales como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible? ¿O tendremos que darnos otro tipo de discusión?”

Luego de la inquietante pregunta, manso añadió el Pepe: “Hemos creado esta civilización en la que hoy estamos: hija del mercado, ha deparado un progreso material portentoso y explosivo. Pero la economía de mercado ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización, cuya mirada alcanza a todo el planeta. ¿Estamos gobernando esta globalización o ella nos gobierna a nosotros?”

Siguió el Pepe, sencillito y sin dar respiro: “¿Es posible hablar de solidaridad y de que ‘estamos todos juntos’ en una economía basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?”

El Pepe apuntó a eso que los gobernantes del mundo más “civilizado” jamás reconocen en voz alta: “La gran crisis que tenemos no es ecológica, es política… El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre. Y a la vida. No venimos al planeta para desarrollarnos solamente… Venimos para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida. Esto es lo elemental. Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un “plus” y la sociedad de consumo es el motor de esto. (…) Ese hiper consumo es el que está ‘agrediendo’ al planeta. Y tienen que generar ese hiper consumo, cosa de que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica, entonces, no puede durar más de 1000 horas encendida. ¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100 mil horas! (…) Tenemos que sostener una civilización del ‘úselo y tírelo’, y así estamos en un círculo vicioso. Pero no podemos seguir gobernados por el mercado, sino que tenemos que gobernar al mercado. Por ello digo, que el problema que tenemos es de carácter político. Los viejos pensadores –Epicúreo, Séneca y también los Aymaras– definían: ‘pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho’.”

A esta altura el Pepe reconoció: “Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo ‘rechinan’. Pero tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir. Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las 8 horas. Y ahora están consiguiendo las 6 horas. Pero el que tiene 6 horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes. ¿Por qué? Porque tiene que pagar la moto, el auto, cuotas y cuotas y cuando se quiere acordar, es un viejo al que se le fue la vida. Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana? ¿Solamente consumir? Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor a la tierra, del cuidado a los hijos, junto a los amigos. Precisamente, porque es el tesoro más importante que tenemos.”

El Pepe, mandatario de un paisito suramericano, cerró así, clarito: “Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente se llama ‘felicidad humana’.”

Posdata. Aquel discurso del Pepe uruguayo sigue cacheteando a los caretas. Lo dijo como al pasar: “No podemos seguir gobernados por el Mercado, sino que tenemos que gobernar al Mercado.’” Pone en evidencia que la preocupación ecológica de los países del primer mundo capitalista oscila entre la hipocresía y el cretinismo moral. Ejemplo: explota la burbuja financiera y para salvar a los bancos buitres se inventa otra burbuja más grande. Con el 20 (veinte) por ciento de la inversión que se destinó a salvar bancos voraces se terminaba con el hambre y el analfabetismo y las enfermedades endémicas del planeta.

Pero los prolijos muchachos del nuevo neoliberalismo se hacen los estúpidos. Y eso lo hacen bien.

*  zbraceli@gmail.com   ===    www.rodolfobraceli.com.ar

Te puede interesar

te puede interesar también...
Visitá la sección Rodolfo Braceli