Mendoza,

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Rodolfo Braceli

¿Usted vio la cámara de Cabezas?

Evocar en aniversarios con números redondos es una comodidad oportunista. Pero asumo el riesgo: este 25 de enero, 20 años de la asesinación de Cabezas. Me dirán: “Cómo se te ocurre hacer memoria en plena vacaciones.” (Desmemoriados, váyanse a la mismísima).

20/1/2017


Recupero conceptos de esta columna y, voy por el fotógrafo; y voy por el desaparecido albañil López. Y voy por los centenares que fueron afanados desde la placenta a partir de 1976, y viven todavía con su identidad secuestrada.

Somos obscenamente olvidadizos. Cabezas no es sólo Cabezas. La mafia convertida en ideología, la impunidad considerada heroísmo, siguen siendo abonadas por esa parte de la sociedad que elige creer que el mundo termina en el umbral de su casa. La sostenida indiferencia ante la desaparición de Julio López (setiembre del 2006) evidencia que la Mano de Obra Desocupada sigue criminalmente ocupada. Repugna la indiferencia activa del promedio de nuestra sociedad.

Hace 19 años, con el primer aniversario, en Gente me pidieron que juntara a las viudas de Cabezas en la cava de Pinamar. Desobedecí y escribí sobre Cabezas un monólogo en tiempo presente: ampliado, fue capítulo de mi libro “Argentinos en la cornisa”; después lo hice obra teatral, “El novio de la memoria”. Comparto fragmentos del monólogo desobediente, que por entonces leyó Ulises Dumond, en Canal 13.

“El 25 de enero de 1997 el fotógrafo José Luis Cabezas fue matado vivo y quemado muerto en Pinamar. Impunidad tremens. Al cumplirse el primer aniversario de la asesinación, escribí sobre Cabezas, pero viviendo él hoy. Familiares y amigos me sembraron con anécdotas que le dieron pulso a este monólogo imaginado para contradecir a la muerte. Aquí, Cabezas, ahora. Escuchémoslo:

“Últimamente la gente se queda mirándome. Que me miren vaya y pase, pero que se paren para eso es mucho. Soy un chabón interesante, pero no es para tanto... Así es: me están pasando cosas extrañas... Hoy me levanté y salí con la fresca. Amanecí extrañando, y con unas ganas de desayunar de caballo. No sé por qué estoy ahora mirando el almanaque: 25 del 1 del 98, ¡domingo carajo! Salgo a caminar, ¿por la cintura cósmica del sur? No, por la vereda nomás. Hoy quiero ver a mis chicos, a mis viejos, a Cristina, mi Pajarita. Hace días que no hablo con ellos pero, ¡otra cosa rara!, siento que hace años: los extraño como si me hubiera ido de viaje, lejos... Los buscaré y les daré abrazos ¡así!, sin avisarles, y listo, qué joder. ¿Voy a dar explicaciones cuando tengo ganas de pegar un abrazo?

(…) A gozar Buenos Aires en enero me enseñó el rengo Piazzolla: “En enero Buenos Aires es una hembra toda para vos”, decía. Pero, ¿qué carajo hago aquí? Debería estar fotografiando la temporada en Pinamar… Camino, ya pasé dos quioscos. Qué curioso: en la portada del Clarín y de La Nación me pareció ver una foto mía. En la de Página 12,  mi foto y grande la palabra: “¡Presente!” Me está gustando ver mi foto mirándome desde afiches. Pero ¿cómo puede ser? Si no soy candidato a nada.

“Sí, me pasan cosas raras. Sueño chifladuras que no tienen pies ni apellido. Quiero decir: ni cabeza. Anoto en un cuadernito “Gloria” esos sueños. Pero hay un sueño que ya no lo anoto, se me repite: unos chabones me ponen un revólver en la cabeza, me esposan, me hincan sobre el asiento trasero de un auto… ¿de qué mierda se ríen?… Uno de ellos me arranca la cámara de una patada… después, el estampido… es un flash, pero adentro de mi cabeza, y enseguida: llamas, demasiada luz, cierro los ojos… y el silencio…

“¿Me han matado? Si ahora cuento el sueño, señal que estoy vivo. Después de esa fiera pesadilla, me despierto; un trago de agua, me duermo y sueño algo repiola... Sueño que un chabón de anteojos me arrima una hoja con algo escrito en rojo: ‘No siempre la muerte se sale con la suya. La muerte no es perfecta…’... Ahí entra en el sueño Serrat, mi ídolo. Viene con un tipo menudito de la mano, es García Lorca. Me dice Joan Manuel: ‘Tiene razón el de anteojos, José Luis: La muerte no es perfecta. Que no basta con asesinar para matar. Aquí, de cuerpo y latido presente, te lo demuestra Federico García, el que viene a nacer’... Y después se van. Yo a Lorca alcanzo a gritarle: ‘¡Gallegooo!, ¡la próxima a ver si me decís el verso ese tuyo! ¡El del tipo que se llevó la mina al río creyendo que estaba desocupada pero tenía marido!’... Sí, el sueño con Lorca me borra el espanto del sueño en el que esos tipos me meten un relámpago en la cabeza...

(…) “Ahora sigo por Callao. Para desayunar elijo un boliche bacán: ‘¿Qué se va servir?’ ‘Medialunas’ ‘Y para tomar, ¿té o café?’ ‘Viejo, para tomar, ¡champán!’ ‘¿Champagne dijo?!’ ‘Champán Barón B. Hoy me da la gana de desayunar con champán. Soy un chabón duque eh...’ Joder, ahí viene un tipo leyendo el diario, desde abajo un perro lo mira. ¡Qué foto!... Pero, ¿y mi cámara?

(…) Recién dije Pinamar y sentí un gusto amargo en la boca. ¿Gusto a humo? Para sacarme ese gusto ya mismo iré a donde están los que quiero y les daré unos besos furiosos, de ésos que dejan zumbido en las orejas… Después les preguntaré: Che, diganmé de una vez: ¿saben dónde está mi cámara?

Posdata. Alguno de los lectores, ¿sabe dónde está su cámara? ¿Sabe alguien, cómo se hace para que la memoria no se nos bostece?

Que no se nos olvide Cabeza. Y que no se nos olvide el albañil López que fue borrado del mapa por ser testigo. Y sigamos buscando, con las madres abuelas, a las 400 criaturas robadas desde la placenta. Hagámoslo por el futuro. Que no se nos olvide la memoria.

zbraceli@gmail.com   =/=   www.rodolfobraceli.com.ar

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