Mendoza,

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Rodolfo Braceli

¡Ojalá en el 2017! (vino mediante)

Este año 2016 después de Cristo se nos escurrió como agüita entre los dedos. Qué rápido sucedió, carajo, pero, por otra parte, de acuerdo a cómo se lo mire, parecía que no se nos terminaba nunca. No es lo mismo tener mesa con pan de cada día, que no tener pan cada día, y no tener mesa.

30/12/2016

No quiero presumir de “periodista objetivo”: considero que la objetividad es una trampa, un cuento chino. De entrada digo: desde mi subjetividad opino que hoy la esperanza está acorralada, socavada. Pero los bien leídos no nos podemos dar el lujo de bajar los brazos, de arriar la esperanza.

Anualmente, desde esta columna propongo a brindar con una punta de “ojalás” reflexivos, para entrar al nuevo año con el sol de la dignidad. Nada menos.

Imaginemos una mesa con el pan debido. (La mesa debería ser más larga, mucho más larga. Hay demasiados desgajados, que no pueden estar ¿no?)  Pero vamos a soltar los Ojalá. Retomo los deseos de otros años; varios se reiterarán, porque la realidad es reiterativa. Ojalá es una palabra preciosa que viene del árabe, y es como decir “y quiera Dios”. Ahora la usaremos alzando brindis, pero sin por ello delegar responsabilidades en el Dios que decimos venerar. Vino mediante, allá vamos:

Ojalá tengamos la precaución de revisarnos los cinco sentidos, y el sexto también. Para ver si estamos realmente despiertos. Cívicamente, y humanamente.

Ojalá cada día, al salir de nuestra casita, no nos dejemos el corazón olvidado.

Ojalá no caigamos en la asquerosa y cobarde tentación de la xenofobia y del racismo.

Ojalá aprendamos que hay una sola patria y esa patria es la Tierra entera. Y nada nos pertenece, porque todo es de todos. Eso: todos es de todos.

Ojalá no permitamos que el neoliberalismo nos privatice la Tierra. Ni el albedrío del aire, ni el albedrío de la piel, ni el albedrío de los sueños a rajacincha.

Ojalá nos demos cuenta que las fronteras son un invento de los asesinadores hacedores de misiles y de efectos colaterales, es decir, de muerte contra natura.

Ojalá nos demos por enterados de que, si el pan no es compartido, no es pan, es una pedrada en el íntimo espejo del alma.

Ojalá asumamos que el analfabetismo es mucho más que grave. Y la analfabetización es muuucho más que criminal. Analfabetismo y analfabetización son sinónimos de mano de obra barata, es decir, es consolidación de la esclavitud.

Ojalá seamos algo más que intestinos eructantes. Y que la digestión no sea nuestra única actividad cívica.

Ojalá dejemos de confundir impunidad con heroísmo, indiferencia con prudencia, resignación con paciencia, abulia con paz, chatura con nivel del mar. Y sobre todo, dejemos de confundir la obscena desmemoria con la reconciliación.

Ojalá no extraviemos el principio esencial: que todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario. Que la justicia sea justa; nada menos. Que la justicia no sea sirvienta; nada más.

Ojaláque los de piel marrón tengan la misma vara de justicia que nosotros los que, por ser de piel blanca, nos hemos asegurado el certificado de decencia y buena conducta.

Ojalá que nos llegue el día en el que las prepagas sólo cobren cuando sus clientes-pacientes gocen de buena salud.

Ojalá nos animemos a dar abrazos, sin pedir permiso y sin motivo alguno.

Ojala que periodistas y políticos y funcionarios hablemos el castellano en castellano y no con la penosa precariedad de don Tarzán.

Ojalá asumamos que la esperanza NO es cosa de ingenuos: es un derecho y un deber; es un trabajo, arduo y fascinante.

Ojalá no perdamos de vista el rubor del durazno, el presentimiento de la vid, la franqueza de la aceituna, el orgullo de la cebolla, la cordialidad del orégano, la emoción de la albahaca, el coraje del ajo.

Ojalá que, para estar en el mundo, no reneguemos de Latinoamérica. De la Patria Grande, de la Matria Grande, de la Mapatria grande.  

Ojalá, a propósito de neoliberalismo y de pertenecer a la Patria Grande, le demos una leída al discurso del Papa Francisco en el encuentro de Santa Cruz de la Sierra.

Ojalá que la “nueva política” sea mucho más que un eslogan publicitario.

Ojalá, cada mañana, recordemos que la ética empieza por casa. Y que la corrupción es algo muuuy repartido en todas las profesiones, no sólo en la de los políticos.

Ojalá comprendamos que nuestra seguridad no se consigue con más policía y más mano dura y más picana. Se consigue con más trabajo y más escuelas; con el pan de cada día y de cada noche en todas las mesas.

Ojalá los habitantes de esta tan violada Tierra nos percatemos, antes de que sea demasiado tarde, de que en estos días la madera cada vez estalla menos. Y la fruta ha extraviado el semblante. Y el mar no recuerda la orilla. Y los pájaros bostezan y en pleno vuelo se derrumban.

Ojalá, por favor, dejemos de besarnos de la boca para afuera, sin arrojo sin riesgo sin coraje. Que no se nos olvide: es un crimen desbesarse. Arrojémonos de cuajo, de cabeza en cada beso, adentro, bien adentro, ¡más adentro!

Ojalá no nos privemos de soñar a rajacincha. De soñar haciendo los sueños y haciendo el amor de los amores.

Ojalá que el canto de los gallos nos diga el día de mañana. Señal será que hay gallo y hay canto y otro día de mañana con sus gallos y sus cantos. Y así sucesivamente.

Posdata

Asoma el 2017. La Tierra es una uvita, orgullosa y desguarnecida, que flota en el sumo cosmos. Atención: ahora mismo tengamos el coraje de tomarnos el pulso y recibiremos la mejor de las noticias: estamos vivos.

Descorchemos el siempre luminoso vino oscuro. Que el vino ¡sea con nosotros! Que el vino ¡amén!

*  zbraceli@gmail.com   ==   www.rodolfobraceli.com.ar

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