Mendoza,

de
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Rodolfo Braceli

Tío Fidel, papá Fidel. Y después.

En un mundo de mandatarios monicacos, invertebrados, Fidel emerge descomunal, y los epitafios hacen agua. El caso es que, por haber nacido, se murió nomás. La CIA y los gusanos de Miami se quedaron con las ganas de matarlo.

Castro, muriéndose por las suyas, concretó otro acto de soberanía. En lo personal, ya no podré entrevistarlo, aunque siempre insisto con que no hay reportaje imposible que no sea posible. Como Fidel se piantó y se fue a respirar de otra manera, me agarro del consuelo de haberme aproximado a él, a través de dos personajes que sí pude entrevistar, largamente: Adelaida Guevara, hija del Che, y Silvio Rodríguez, el multiplicador de poesía, canciones mediante. 

Observemos en Adelaida la honda ternura que desmiente la asquerosa sospecha fogoneada por la prensa agusanada, según la cual el Che fue mandado al muere por Fidel. Sucede el sábado 6 de setiembre de 1997; le pregunto a Adelaida:

– ¿Qué imágenes guarda del Che?

– Argentino, ¡háblame como un argentino! ¡Que usted ni usted! Yo estaba para los 5 años cuando lo vi por última vez. Pero me quedan imágenes fuertes. Ahí te cuento: es noche, me lleva a caballito sobre su espalda... Otra: mi papá me despierta y me lleva a un corte de caña, porque él siendo ministro iba los domingos a cortar caña…. Y recuerdo otra noche en la que un hombre alto me extiende el brazo, le jalo la mano: “Debes cuidar a tus hermanos y ayudar a tu mamá, Aleidita”, me dice... Después sabré que ese hombre para mí inmenso es mi papá. Ahí se despide. Pero sin decirme adiós.

(Pasan dos horas, le pregunto a Adelaida cómo recibió la muerte del Che.)

– Yo estaba para cumplir 7 años. Mi tío Fidel (Castro) me mandó a buscar. Digo mi tío, y es prácticamente mi papá. Lo digo en un poema, “Mis dos padres”. Me mandó a llamar mi tío, quería darme la noticia. Pero mi madre le dijo “esto lo hago yo”. Entonces mi tío sólo me preparó: se inventó una carta. Tío Fidel me dijo: “He recibido una carta de tu papá en donde dice que si algún día muere en combate, él no quiere que ustedes lloren. Cuando un hombre muere así no debe llorarse por él. Tú y tu hermana, ¿entienden?”Le prometí, como revolucionaria, que no iba a llorar. Al otro día encontré a mi madre llorando muchísimo. Me impactó: ella era una mujer muy fuerte y de pronto, esas lágrimas desesperadas... Y yo “qué te pasa, mamá qué te pasa”. Y ella me sentó en la cama:   Pero yo no recuerdo si mi mamá me ha dado así, trac, la noticia. Lo que recuerdo es a mi mamá leyendo la carta de despedida de mi papá: “Si alguna vez tienen que leer esta carta será porque yo no esté entre ustedes...” Al final dice: “Hasta siempre hijitos... un beso grandote y un abrazo de papá.” Y yo mezclé la primera parte de la carta y la última y supe: “nunca más voy a tener papá”. Y un poco empecé a llorar, más que todo viendo cómo sufría mi madre. Pero serían una o dos lágrimas; me acordé de mi tío Fidel, me incorporé en la cama y repetí: “Mi papá murió como él quería y no podemos llorar por él, mamá.” Y dejamos de llorar. Así nos enseñó mi tío Fidel.

Silvio y Fidel y después.  El 7 de octubre de 1997 Silvio Rodríguez me dio cuatro horas de su tiempo. Escuchemos lo que cuenta sobre Fidel y el enero de 1959.

– Yo tenía 12 años. Veía júbilo en los mayores y complicidad en todo el pueblo. Escuchábamos radio rebelde muy bajito en la casa de una tía que sí tenía un buen radio de onda corta. Me decían: “no debes nombrar a Fidel con tus amiguitos, es muy peligroso”… aparecían jóvenes torturados.

– Clima de conspiración y de delación…

– Sí… estaban los famosos chivatos, delatores. La policía les pagaba  33 pesos coma 33 centavos. Por delatar. Cuando triunfa la revolución fuimos a mi pueblo a pasar el fin de año en casa de mis abuelos. Batista despide el año, a las 12 de la noche brinda y le dice a los generales más cercanos: “Vaamos rajando”. Y se lo llevó todo; en un avión repleto de dólares se fue para República Dominicana, allí estaba Trujillo… Era un día de un sol muy muy brillante, de un cielo muy muy azul. Y la alegría de la gente y se volteó la cosa… Y el Che entró en La Habana y después entró Camilo con Fidel. Era el 6 de enero: de allí viene la leyenda de los barbudos, como los reyes magos que traían la libertad.

– Y vos con tus 12 años.

– Yo celebraba, sabía lo que pasaba… Frente a la casa de mi padre había una panadería donde se vendían bonos del M. 26 de Julio dentro de los panes. Eran de un peso o de cinco. Tú comprabas un pan y eso contribuía a los rebeldes. Y todos comprábamos panes…

– Silvio, estarás harto de que te pregunten qué pasará con Cuba el día que Fidel…

– Mira, Rodolfo, aquí la cuestión es esa cosa de la autoridad paterna. Fidel es el arquetipo, insustituíble. Yo lo veo como un padre.

– Todo padre humano es…

Si tratas de preguntar cuál es el peor defecto que le encuentro yo te digo que Fidel tiene el defecto de ser único. Si papá se va, se fue papá.

– Tras la caída del Muro Cuba tenía las horas contadas, pero…

– Increíblemente quedó Cuba, una isla sin recursos. ¿Cómo se explica? Si nos invaden los Estados Unidos tendrán que hacer la inversión que menos les gusta, la inversión en vidas propias… Cuba no se humilla. A Fidel lo han dado por muerto varias veces… Y alguna vez dijo que “lo peor es que un día eso va a ser cierto y nadie lo va a creer”.

– Cuando sea cierto, ¿qué crees que puede pasar en Cuba?

– Puede pasar que la gente sencillamente lo llore y trabaje todavía con más tenacidad, por si Fidel nos está mirando por un huequito. Para el imperio asesino y ultrajante ese ejemplo de dignidad pudiera ser un arma química intolerable.

*  zbraceli@gmail.com   ==   www.rodolfobraceli.com.ar  

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