Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Martes, 14 de Mayo de 2019

La larga espera de Neruda

Mientras su figura crece cada vez más, todavía intentan dilucidar las causas de su muerte.

Martes, 14 de Mayo de 2019
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Martes, 14 de Mayo de 2019 | Mientras su figura crece cada vez más, todavía intentan dilucidar las causas de su muerte.

Falta poco para que se cumplan 46 años de la muerte de Pablo Neruda, mientras las causas de su deceso siguen siendo un misterio. Desde hace ocho años, en el 2011, los tribunales investigan su muerte. La causa a cargo del juez Mario Carroza intenta dilucidar si falleció por enfermedad, como se pensó siempre, o por la intervención de terceros. Pero ha sido una investigación compleja y llena de trabas: desde octubre de 2017, laboratorios de Canadá, Dinamarca y Estados Unidos están a la espera de las muestras que Chile debe enviarles y que permitirán determinar el origen de una bacteria encontrada en un molar del poeta.              

Ya antes de esto en Chile, tras una investigación de 18 años, la justicia dictaminó que el presidente Eduardo Frei Montalva fue envenenado por médicos militares durante una operación hospitalaria, en 1982, y posteriormente se ocultó la autopsia para evitar la culpabilidad, por orden del gobierno del dictador Augusto Pinochet.

La carrera literaria de Pablo Neruda, nacido en julio de 1904 con el nombre de Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, comenzó a temprana edad cuando mostró interés en la escritura, por lo que fue impulsado por la directora de su escuela y futura ganadora del Nóbel de Literatura, Gabriela Mistral.

El poeta murió en una clínica de Santiago el 23 de septiembre de 1973, pocos días después del golpe militar que encabezó Augusto Pinochet para derrocar el gobierno de Salvador Allende, aparentemente a causa de un cáncer de próstata que padecía, versión que fue aceptada por sus familiares y cercanos. En 2011, el Partido Comunista chileno presentó una denuncia para que se investigara la muerte del poeta, basada en las declaraciones de Manuel Araya, un antiguo chofer del escritor, quien sostuvo que Neruda había sido envenenado. El cuerpo del autor de “Confieso que he vivido” (su autobiografía póstuma), fue exhumado el 8 de abril de 2013, y las pericias descartaron en primera instancia la intervención de terceros en su muerte. Pese a los primeros resultados, el juez especial a cargo de la investigación, Mario Carroza, mantuvo la causa abierta por considerar que los resultados no eran concluyentes, y ordenó nuevos exámenes. Dos laboratorios, uno en Canadá y otro en Dinamarca, iniciaron luego una serie de peritajes tras la difusión de un informe que publicó el diario español El País, que afirmó que es “altamente probable” que Neruda hubiera sido asesinado. Familiares del autor de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” han afirmado que al poeta se le inyectó, durante su ingreso en la clínica, la bacteria “estafilococo dorado”, un microorganismo altamente agresivo y resistente a la penicilina, que aceleró su muerte. Esta bacteria es uno de los químicos que se usaron en la dictadura militar de Pinochet (1973-1990) para eliminar opositores. Sin una claridad total de las causas de la muerte de Neruda, sus restos fueron devueltos a Isla Negra a la tumba que históricamente alojó su cuerpo junto al de su tercera y última esposa, Matilde Urrutia. Este fue el cuarto entierro de Neruda. Dos en el cementerio central de Santiago en los días cercanos a su fallecimiento. El tercero en 1992 cuando el presidente democrático, ya fallecido, Patricio Aylwin lideró la ceremonia que cumpliría con el sueño de Neruda: descansar en Isla Negra.

“Compañeros, enterradme en Isla Negra, frente al mar que conozco”… Esto es lo que expresó claramente y sin rodeos el poeta chileno en su “Canto general”. Finalmente está descansando en Isla Negra en esa casa donde vivió una de sus peores noches, cuando el 11 de septiembre de 1973 escuchando LV10, Radio de Cuyo de Mendoza, se enteraba del golpe de Estado y de la muerte del presidente Salvador Allende. En la muerte de su amigo presidente presentía parte de su propia suerte. Encerraba una premonición, y unos días después el final le llegaba a él.

Allí esta Neruda en su Isla Negra, como escribió su biógrafo, su otro gran amigo, Volodia Teitelboin: “Un hombre que está en la cima del promontorio mirando al mar”.


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