Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Martes, 23 de Abril de 2019

Memoria

Raúl Alfonsín  que permitió que en nombre de los Derechos Humanos, la Justicia condenara en 1985 a los principales responsables del terrorismo de Estado.

Martes, 23 de Abril de 2019
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Martes, 23 de Abril de 2019 | Raúl Alfonsín  que permitió que en nombre de los Derechos Humanos, la Justicia condenara en 1985 a los principales responsables del terrorismo de Estado.


La persecución, la tortura, el asesinato y para peor la desaparición de personas fue asimilada por los protagonistas de la última dictadura militar argentina. 

El Juicio a las Juntas Militares que ensangrentaron a la Argentina entre 1976 y 1983 fue una victoria rotunda del Estado de derecho frente a la impunidad del genocidio. Ayer recordamos en nuestro país 34 años de este proceso que no tuvo precedentes en América latina y que terminó con la condena a prisión perpetua para los mayores responsables del terrorismo de Estado en nuestro país.  

El juicio se inició el 22 de abril de 1985 bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, quien desde 1983 en nombre de los Derechos Humanos no sólo hizo garantizar las libertades personales. También se consagró el pluralismo y la tolerancia, el diálogo.  

Hacia finales de la dictadura, el gobierno de facto del general Reynaldo Bignone pactó con la Multipartidaria (integrada por el PJ, el PI, la UCR y, entre otros, el PC) una transición ordenada. Antes de abandonar el Poder Ejecutivo, sancionó la ley 22.924 (conocida como "Ley de Pacificación Nacional" o "Ley de Autoamnistía") que tenía como objetivo evitar que se juzgara y castigara su accionar durante los años que estuvo en el poder. Esta norma otorgaba inmunidad a todos los miembros de las Fuerzas Armadas (FFAA) por los crímenes cometidos entre el 25 de mayo de 1973 y el 17 de junio de 1982.

Raúl Alfonsín derogó esta ley, lo que permitió que en nombre de los Derechos Humanos, la Justicia condenara en 1985 a los principales responsables del terrorismo de Estado.

No había antecedentes en el mundo de que el poder civil, en nuestro caso, consagrado democráticamente en las urnas tras la derrota post Malvinas y la consiguiente retirada del poder militar, enjuiciara a los responsables de la represión llevada adelante desde el corazón mismo del Estado nacional.

En este mes de abril también Armenia recuerda un nuevo aniversario del genocidio de 1915 perpetrado por los turcos otomanos, un día después de la canonización de 1,5 millones de víctimas de esa masacre y pese a las críticas de Turquía por el uso del término genocidio.

Los armenios calculan que 1,5 millones de personas murieron de manera sistemática entre 1915 y 1917, en los últimos años del Imperio Otomano.

El papa Francisco se ha atrevido a denunciar públicamente el ataque al pueblo armenio, “la primera nación cristiana”, como “el primer genocidio del siglo XX”.

Para muchos investigadores durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler se inspiró para su holocausto en el genocidio armenio cometido un par de décadas antes.

Hitler habría copiado de los turcos los campos de concentración y gran parte de sus técnicas de tortura.

También es importante recordar la Operación Rügen, el bombardeo a que fue sometida la pequeña ciudad vasca de Guernica por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, un 26 de abril de 1937. Desde el comienzo de la Guerra Civil española, el nazi-fascismo no vaciló en brindar su apoyo descarado a la sublevación falangista liderada por Francisco Franco contra la República. A la destrucción casi total de la ciudad, se agregan centenares de muertos civiles, como quedó inmortalizado en la obra de Pablo Picasso “Guernica”.

Al recordar estas fechas y hechos concluimos que son la cara más cruel de un siglo que conoció guerras, genocidios y violencias de Estado sin precedentes. Pero ese siglo presenció también, gracias entre otras cosas al impacto de la barbarie, la creación de tribunales internacionales, la persecución de criminales de guerra, y la formación de comisiones de la verdad.


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