Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Martes, 9 de Abril de 2019

Un esperado plan

La corrupción manifiesta hoy es la práctica de antivalores, por eso debe apurarse el plan que anuncia el Gobierno.

Martes, 9 de Abril de 2019
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Martes, 9 de Abril de 2019 | La corrupción manifiesta hoy es la práctica de antivalores, por eso debe apurarse el plan que anuncia el Gobierno.

La corrupción es un complejo fenómeno social, político y económico que afecta a todos los países del mundo. En diferentes contextos, la corrupción perjudica a las instituciones democráticas, desacelera el desarrollo económico y contribuye para la inestabilidad política. La corrupción destruye las bases de las instituciones democráticas al distorsionar los procesos electorales, socavando el imperio de la ley y deslegitimando la burocracia. Pero en nuestro país es un tema mucho más grave. 

Por eso vemos con satisfacción que el presidente Mauricio Macri firmará en los próximos días un decreto de aplicación del Plan Nacional Anticorrupción, obligatorio para toda la Administración Pública Nacional, a la que fija políticas de transparencia y de rendición de cuentas. El plan "forma parte de la estrategia de integridad pública y lucha contra la corrupción, es transversal para todo el Gobierno", adelantó el secretario de Fortalecimiento Institucional de la jefatura de Gabinete. "Tiene el objetivo y el compromiso político de pelear contra la corrupción, no dejar que pase", agregó.

Señaló que la Secretaría Legal y Técnica está "en el tramo final" de la redacción del decreto que lo pondrá en marcha.

Ese plan debe ser imitado por todos los gobiernos provinciales. Porque más allá de los vergonzosos hechos de corrupción descubiertos, denunciados y en procesos judiciales ocurridos en el gobierno del kirchnerismo, aún hay pillos que siguen haciendo de las suyas. Y a veces no son las conducciones, sino sectores intermedios del poder que manejan cajas.

Por lo que la lucha contra esas personas debe ser implacable.

Me parece bueno recordar que hace un tiempo atrás, el Papa Francisco arremetió duro contra los corruptos. Bergoglio emitió una reprobación contra quienes, desde los gobiernos o las empresas, hacen de la corrupción su sistema de vida: “Tal vez comienzan con un pequeño sobre, pero esto es como las drogas: el hábito del soborno se convierte en una adicción. ¡Dan de comer a sus hijos pan sucio! Y sus hijos, tal vez educados en colegios costosos, tal vez crecidos en ambientes cultos, habrán recibido de su papa´ como comida suciedad, porque su papá, llevando el pan sucio a la casa, ¡habrá perdido la dignidad! ¡Y esto es un pecado grave! Porque se comienza tal vez con una pequeña mordida”.

Para el Papa la connivencia con la corrupción no es general, pero sí muy extendida. “El corrupto camina por la vida por los atajos del ventajismo, y tiene cara de "yo no fui" y de estampita”.

Sería bueno difundir más estos conceptos del Papa para comenzar a cultivar la ética, la que crea valores, es decir virtudes, como honestidad, justicia, igualdad, respeto a la dignidad humana, sinceridad, fortaleza moral, solidaridad, responsabilidad, iniciativa y espíritu de trabajo, valores todos ellos que contribuyen al desarrollo y perfección del individuo y de la sociedad.

La corrupción manifiesta hoy es la práctica de antivalores, por eso debe apurarse el plan que anuncia el Gobierno.

En la antigua Grecia, y luego en Roma, no existía en los filósofos otra exigencia más sobresaliente que la ética para el ejercicio de un cargo público, para el gobierno de un pueblo. “Los que gobiernan un Estado no tienen mejor medio para ganarse fácilmente la benevolencia de la multitud que la moderación y el desinterés” de la riqueza, de los privilegios o de los favores, aconsejaba Cicerón a los políticos en su tratado sobre los deberes.

Nada tendría que estar más claro en el ejercicio de la política que el concepto de ética, sus límites, las obligaciones que acarrea y, sin embargo, nada parece más difuso en la realidad.


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