Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Lunes, 1 de Abril de 2019

Alfonsín

Lunes, 1 de Abril de 2019
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Lunes, 1 de Abril de 2019 |

Hace 10 años la muerte de Raúl me produjo un dolor muy profundo. Toda muerte de un ser querido y amado como fue Alfonsín, es muy triste.  

Pero ayer el homenaje en el cementerio de la Recoleta me permitió celebrar que a través de su muerte nos entregó el valor supremo de la vida, porque la nobleza de este tipo de hombre redimen a la humanidad.

Y quienes por más de 30 años tuvimos el honor de haberlo acompañado, vemos con una enorme emoción que el pueblo en su gran mayoría lo recuerda con respeto y reconocimiento por su conducta y su intensa trayectoria de estadista al servicio de la República. Hoy es momento de repasar su vida con aciertos y errores, pero donde se destaca una trayectoria intachable que lo lleva a recibir ese consenso que lo hace trascender al mundo de los inmortales.

Sin duda que a Raúl Alfonsín, en los últimos años de su vida, por encima de sus méritos, contradicciones y desaciertos, la ciudadanía en su gran mayoría lo reconoció como a un conductor que ayudó a transitar, desde la dura crueldad de la dictadura hacia la difícil construcción de la República. Muchos argentinos que tal vez no comulgaron con sus ideas apreciaron su condición de hombre de bien, como un guardián de las reservas morales del país. Entre tantos demagogos, tantos prometedores de paraísos inalcanzables, el expresidente en los últimos tiempos se había convertido en el anciano de la tribu, capaz de cantarle las cuarenta a cualquiera o de convocar al sentido común.

La figura de Alfonsín quedó finalmente en la historia como la de una gran líder demócrata latinoamericano, moderado pero perseverante en la conjunción de idealismo y realismo, y la de uno de los dirigentes políticos de mayor y mejor trayectoria de la Argentina. Nadie, o casi nadie, duda hoy de la honradez personal, de sus convicciones democráticas y de las capacidades intelectuales del expresidente que lo diferencian claramente de varios otros que han ejercido las más altas funciones en la política.

Quienes tuvimos el enorme orgullo de conocerlo de cerca podemos manifestar que fue un hombre austero, prolijo en sus cuentas personales, nunca le interesó tener bienes materiales, trabajador incansable hasta altas horas de la noche y además gran madrugador. Un intelectual lúcido, lector incansable y autor de varias obras que van desde su primer libro “La cuestión Argentina” hasta el último “Fundamentos de la República Democrática”, pasando por “Democracia y Consenso”, títulos imprescindibles para interpretar los últimos años de la vida política, desde la experiencia del hombre de Estado y el trabajo intelectual de quien recorrió el espinel de la filosofía política y jurídica. Orador brillante y fogoso, imbuido de valores éticos y morales incuestionables; idealista, cascarrabias, apasionado y perseverante. Líder natural de principios republicanos muy profundos, luchador incasable y defensor de la democracia a ultranza. El perfil de Alfonsín se puede definir como dialoguista a ultranza, creía en el diálogo a pie juntillas y como tal lo profesaba, firme defensor de sus ideas, pero jamás propenso a la descortesía, el rencor o la descalificación del oponente. En su concepción, si la política no se nutría del diálogo terminaba en agresión.

Defensor de la democracia por antonomasia, no la concebía sino como un proyecto de largo plazo, retroalimentado por el diálogo fecundo y constructivo. Su proceder fue totalmente coherente con su prédica, en el llano lo practicó sin retaceos y, en su función de gobierno, mantuvo innumerables reuniones con políticos de todas las extracciones y, con exponentes de todos los sectores de la sociedad.

Su figura, luego de 10 años de fallecido, revive en momentos en que pareciera que la política languidece, reemplazada por las posturas mediáticas sin contenido, en épocas en que escasean las propuestas y el reclamo inmediato reemplaza a la palabra racional, cuando el diálogo parece evaporarse. Seguimos mirando hacia arriba esa estrella que ilumina el cielo nacional con su ejemplo de honradez, tolerancia, incitación al diálogo y a la pacificación.

Ayer en la Recoleta comprendimos que muchos mueren, pero pocos mueren para renacer.


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