Roberto Suarez Roberto Suarez Lunes, 18 de Marzo de 2019

La triste realidad

Lunes, 18 de Marzo de 2019
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Lunes, 18 de Marzo de 2019 |

Por Roberto Suárez (rsuarez@jornadaonline.com.ar)


La corrupción generalizada hoy en la Argentina, los hechos que se vienen denunciando desde hace años no son una ficción ni una quimera etérea; es un fenómeno real, actual, envolvente y progresivo que inhibe el desarrollo del pueblo, debilita la institucionalidad democrática, vulnera la confianza en la clase dirigente y erosiona la formación de valores ciudadanos, haciendo propicio el ambiente para que germinen y se masifiquen otros tipos de deformaciones.

Un país inundado de denuncias, de procesos judiciales lentos y que crean dudas, de enormes fortunas de exfuncionarios (varios detenidos) y actuales funcionarios, de sindicalistas y empresarios también presos no puede funcionar.

A esto hay que agregarle que es fundamental acabar con el odio de los militantes de un sector hacia otro. Las defensas incondicionales de unos que llevan a los ataques incondicionales hacia los otros. Circunstancia que en muchas ocasiones se traslada a muchos periodistas y creadores de opinión. No ven mácula en los afines ni mérito en los contrarios. Así, el odio desciende piramidalmente a toda la sociedad de ciudadanos enfrentados siguiendo el patrón de los periodistas y dirigentes. Una sociedad fundada en el odio a quien piensa diferente tiene poco futuro.

La “Grieta” en nuestro país nos ha introducido en enorme agujero que exige reformular en clave moderna, simple y transparente los límites entre el interés personal y el bien común, porque es en esa confusión donde se gestan los desvíos.
La regeneración ética es lo que nos permitirá luchar contra esas execrables patologías sociales.

Además vivimos agobiados por la violencia engendrada en la inseguridad y porque a la corrupción antes señalada se suma la inestable situación económica que hoy es la principal preocupación de los ciudadanos.

La historia económica de nuestro país debería hacernos reflexionar e impulsarnos a buscar alternativas más allá de las políticas del FMI que no hicieron sino complicar más aún las cosas.

En 2019 Argentina se mueve a contramano del resto de Sudamérica. Mientras las otras economías —a excepción de Venezuela— enfrentan un escenario favorable, con inflación de un dígito y tasas de crecimiento de entre 1 y 4%, la nuestra se contrae.

La podrán pasar tranquilos el campo, algún otro sector exportador y los especuladores financieros.

Pero la semana pasada se volvió a plantear el “Plan secar de pesos” la economía, que significa profundizar la recesión, y que se presenta como la principal arma para frenar la inflación. Tasas superiores al 60%, como las fijadas con las licitaciones de Leliq (las letras que el Banco Central coloca a los bancos a cambio de pesos), aceleran raudamente la marcha de la economía a la recesión.

La caída del consumo, ya motorizada por la pérdida del poder adquisitivo salarial frente a la inflación, se profundizará por la falta de crédito.

A los sectores de las pymes, motor fundamental de la economía nacional, se las está ahogando. Por un lado se les hace imposible lograr créditos, descuentos de facturas o cheques por la altísimas tasas de interés únicas en el mundo.
Además son duramente apretadas por la AFIP, que endurece sus planes de pagos y las afecta seriamente embargando sus cuentas bancarias.

Esto va creando el achique de las mismas, que deben bajar su estructura laboral, creando más desocupación y algunas yendo a la quiebra.

El déjà vu aparece reflejando los distintos años de la “patria financiera”, o la patria de la “especulación y la timba financiera”.

El pronóstico indica que mantener esta situación puede ser muy peligroso, muy poco sostenible y tolerable.

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