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Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Lunes, 28 de Enero de 2019

Leningrado y Auschwitz

Ayer, 27 de enero, Rusia conmemoró el 75 aniversario del fin del sitio de Leningrado (la actual ciudad de San Petersburgo), el asedio más feroz y mortífero de la Segunda Guerra Mundial y uno de los más largos en la historia de la humanidad.

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El bloqueo duró del 8 de septiembre de 1941 al 27 de enero de 1944 y, según distintas estimaciones, se cobró las vidas de entre 600 mil y 1,5 millones de habitantes. Más del 90% de ellos murieron de hambre.

“El levantamiento del sitio de Leningrado es uno de los principales acontecimientos que anunciaron un cambio drástico en el curso de la Segunda Guerra Mundial. Hizo que los soldados del Ejército Rojo creyeran en la victoria definitiva sobre el fascismo”, señala el académico e historiador ruso Vadim Trujachov.
En la misma fecha un año más tarde se producía otro acontecimiento histórico: el 27 de enero de 1945, el campo de concentración de Auschwitz fue liberado. La fecha, de la que se cumplieron 74 años, sirve para recordar a las víctimas del Holocausto. En 2005, una resolución de la Naciones Unidas (ONU) declaró el 27 de enero como Día Internacional en memoria de las víctimas de la Shoah para los judíos y el Porrajmos para el pueblo gitano.
El Holocausto fue la persecución y asesinato de seis millones de judíos por parte del gobierno nazi. Todo esto se realizó basado en la creencia que tenían los alemanes de que eran una raza superior, y por tanto, los judíos eran una raza considerada inferior y merecían morir.
Además de judíos, los alemanes también consideraban razas inferiores a los gitanos, los discapacitados y algunos grupos eslavos como polacos y rusos. Por razones políticas otros grupos perseguidos fueron los homosexuales, los testigos de Jehová, los comunistas y los socialistas.
Antes de empezar la Segunda Guerra Mundial, los alemanes ya habían creado campos de concentración para encarcelar a todos los grupos perseguidos.
Durante la guerra, los nazis crearon los guetos, campos de detención temporal y campos de trabajos forzados. En ellos, obligaban a la población judía a vivir en condiciones realmente miserables. Los aislaban de la población no judía así como de las otras comunidades judías. Los nazis crearon más de 400 guetos.
Entre 1942 y 1944, los nazis deportaron a millones de judíos desde los territorios ocupados a los campos de exterminio, donde fueron ejecutados en instalaciones diseñadas especialmente para ello.
En 1994, antes de que llegara el Ejército Rojo a Auschwitz, los alemanes trataron de borrar las huellas del genocidio, pero olvidaron quemar los planos de construcción del campo: habitaciones masificadas e insalubres, una fábrica de trabajos forzados, cámaras de gas subterráneas, edificios para la cremación de los cuerpos afloran en los planos de la “mayor fábrica de muerte de la historia”.
No puede hallarse en la Historia otro crimen tan atroz ni tan fríamente calculado como el que aniquiló a millones de seres humanos en los campos de concentración nazis. Reducidos al estado animal, sometidos a la más espantosa degradación moral y física, hombres, mujeres y niños fueron salvajemente torturados y arrastrados a las cámaras de gas por el solo hecho de pertenecer a una raza considerada inferior o de sostener creencias religiosas o políticas antagónicas a las de la “raza de los señores”.
Hitler fue el origen de este furioso torbellino de la muerte. Pero Hitler no estaba solo. Parte de un pueblo fanatizado por la propaganda, educado en el desprecio hacia el hombre no ario, le ayudó a borrar de la faz de la Tierra a sus pretendidos enemigos, y, lamentablemente también Hitler no estuvo solo en el devenir de la historia, por eso hoy al recordar estas fechas no olvidemos nunca que por estas tierras del sur del mundo, los Videla, Pinochet y compañía, siguieron sus ideas macabras de torturar, matar y, peor, desaparecer a personas.

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