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Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Miercoles, 26 de Diciembre de 2018

Mauricio y Alfredo

A tres años de su asunción, Mauricio Macri piensa que recién ahora consiguió algo de tranquilidad económica que, de mantenerse, podría servirle para revalidar títulos en las urnas en la próxima elección.

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Pero para medir el grado de éxito o fracaso de su gobierno hay que ver que pasó en materia económica en los últimos tres años.

La inflación aumentó, prácticamente se duplicó el promedio que veníamos teniendo de 26,9% en 2015 al estimado de 47% para 2018, la más alta desde 1991. El PBI está cayendo este año, se espera una baja de 1% cuando el presupuesto estimaba un crecimiento de 3,5% y es muy probable que caiga el año próximo, y también aumentó la pobreza.
Macri dijo en su primer año de mandato que quería que el éxito fuera juzgado a partir de sus avances en la erradicación de la pobreza. Según un estudio publicado a principios de diciembre de 2018 por la Universidad Católica Argentina, en un año la pobreza subió del 28,2% al 33,6%, provocando 2,2 millones de nuevos pobres y que 170.000 personas cayeran en la indigencia.
El presidente anunció desde su llegada al poder una apertura al mercado financiero mundial, y que esperaba una lluvia de inversiones. Eso no ocurrió, y por más que fue un éxito la organización del G20, donde el presidente mostró su mejor rol -que es el de las relaciones internacionales-, el inversor extranjero es muy difícil que llegue en el año electoral, sobre todo porque no ayuda el contexto global.
Le fue mejor al presidente en lo político-institucional que en lo económico, en sus tres años de gobierno. Se fortalecieron las instituciones, la independencia de los tres poderes del Estado y la libertad de expresión, y el país se insertó en el mundo.  
En Mendoza a Alfredo Cornejo le fue mejor que al presidente. Desde que vislumbró que podía ocupar el sillón de San Martín planteó que la herencia era terrible. Cuando asumió actuó directamente sobre el duro problema financiero que sufría la provincia y se dedicó con enorme energía varios meses a mejorar la situación. Así se paró también ante los otros temas que había que resolver o mejorar. La relación con la Nación, con los gremios estatales, con las fuerzas de seguridad, con la justicia. Lo hizo con firmeza y lealtad. Hablando de frente, explicando las cosas por su nombre. Esto cayó bien en vastos sectores de la comunidad y mal en aquellos que se sintieron afectados por las decisiones y las medidas.
Como se aprecia en el reportaje que nos brindó, está conforme, cree que cumplió con lo que les prometió a los mendocinos. Se siente reconocido. Cornejo demostró ser más político que los funcionarios nacionales. Se apoyó en su experiencia, que en casos de crisis es fundamental. Se preparó para esto. Por cierto, fue controvertido y polémico. Supo aglutinar al radicalismo para armar la estructura que le permitió llegar a la Casa de Gobierno; lo hizo buscando nuevas amistades y dejando en el camino a algunos. Con mucho pragmatismo lleva adelante una gestión que monitorea directamente área por área. A veces con exageración, lo que le ha provocado críticas.
Cornejo va camino a terminar su mandato de sinceramiento y ordenamiento del Estado provincial, lo hace bajo la reputación de un político y un gobernante capaz de sacar adelante cosas importantes, aunque sus políticas polaricen a la opinión pública.
Como lo expresa en la nota, es consciente de que están pendientes batallas que librar, para las que se siente preparado.
Pragmatismo y constancia son el escudo y la espada utilizados por Cornejo hasta el momento, para conseguir sus objetivos con éxito.
Es previsible que los siga usando en el futuro, para sumar más voluntades y coronar su mandato con prestigio.

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