El diario gratuito de Mendoza

de de

Mendoza

Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Miercoles, 15 de Agosto de 2018

Una oportunidad

Las tensiones entre EEUU y China aumentaron aún más en julio y agosto y China anunció que estaría dispuesta a imponer aranceles sobre los artículos estadounidenses por valor de 60.000 millones de dólares si el país norteamericano aplicara nuevos aranceles a los artículos chinos. Estados Unidos, por su parte, afirmó que no retrocedería.

La escalada verbal de Estados Unidos en los últimos días llega en plena tensión con China por la guerra arancelaria lanzada por Trump, con la que busca revertir el déficit comercial con el gigante asiático. También en un momento de incertidumbre en la negociación nuclear de EEUU con Corea del Norte. Las conversaciones no han derivado por ahora en ningún compromiso tangible de desmantelamiento atómico y Trump ha atribuido buena parte del estancamiento a China, principal aliado del régimen de Kim Jong-un.

La disputa comercial entre las dos mayores potencias económicas mundiales incomoda a muchos países en Asia, que temen que pueda afectar los flujos económicos en la región. A ello se une el viraje aislacionista y proteccionista de Trump, que en su primera semana en la Casa Blanca, en enero de 2017, canceló la incorporación de EE UU al acuerdo de libre comercio con 11 países del Pacífico, conocido como TPP. Ese pacto era el emblema del viraje a Asia impulsado por su predecesor, el demócrata Barack Obama. En cambio, la doctrina de Trump del “América primero” se interpreta como una rebaja del compromiso de Washington con Asia, reforzado en el último medio siglo, que allana el camino para las ansias expansionistas y hegemónicas de China.
En su discurso en la Cámara de Comercio de EEUU, en Washington, el secretario de Estado, Pompeo, justificó la salida del TPP en la búsqueda de un mejor acuerdo, pero subrayó que la Casa Blanca y las multinacionales norteamericanas siguen comprometidas con aumentar su presencia en Asia. Tratando de apuntalar esa tesis, anunció una nueva inversión de EEUU de 113 millones de dólares en proyectos de tecnología, energía e infraestructura en la región.
Lo paradójico es que los Estados Unidos, el país que encabezó el movimiento liberalizador, sea hoy el que se puso a la cabeza del regreso al proteccionismo, en busca de nivelar su balanza comercial, en la actualidad fuertemente deficitaria.
Es evidente que los datos sí muestran que EEUU sufre un importante déficit en la balanza comercial con muchos países. Ello no impide que la retórica hiperbólica de Trump al respecto resulte injustificada. De entrada, porque un déficit comercial no es el mal absoluto y, por ejemplo, no ha impedido que EEUU se halle en una de las más prolongadas y sostenidas etapas de expansión económica que se haya registrado. Y que la misma haya dejado al mercado laboral en una situación de pleno empleo.
Pero esta  guerra comercial desatada entre los Estados Unidos y China podría generar una oportunidad para la Argentina, dado que en 2019 tendría la posibilidad de incrementar exponencialmente sus ventas al gigante asiático.
Para el economista Víctor Beker, director del CENE, nuestro país, podría sustituir los productos provenientes de los Estados Unidos alcanzados por los aranceles que les impuso el gobierno chino. En concreto, la imposición de aranceles a las importaciones de acero y aluminio junto con otras medidas específicamente dirigidas a China, fue respondida por el país asiático con el establecimiento de restricciones al ingreso del poroto de soja y otro conjunto de productos provenientes de los Estados Unidos.
La Argentina tiene un fuerte déficit comercial con China: en 2017, sus exportaciones sumaron 4.593 millones de dólares, mientras que las importaciones treparon a 12.329 millones. En ese escenario, la oportunidad abierta por el conflicto chino-estadounidense permitiría reducir dicha brecha, incrementando la venta de maíz, trigo, carne vacuna, mariscos, lana y pollo.

Seguí leyendo en Roberto Suarez