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Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Miercoles, 27 de Junio de 2018

Rojo como la Revolución Rusa

Con el corazón en la boca, con los músculos agotados, cuando ya todo parecía que marcaba el más triste de los finales apareció en Rusia Rojo, Marcos Rojo, como hace  100 años una vanguardia comunista encabezó una insurrección de obreros y soldados que tomó la capital del imperio ruso en plena guerra mundial.

Con esa fuerza y voluntad Marcos Rojo le dio a la Argentina la posibilidad de estar en el verdadero mundial, el que empieza ahora en octavos. Una cosa es irse triste, dolorido y fracasado en la primera vuelta y otra protagonizar la parte final, la que es a todo o nada. Se gana se sigue en busca del título mundial y si se pierde se queda eliminado pero jugando entre los mejores 16 equipos del mundo. Y será el sábado en Kazam ante Francia, otro campeón del mundo, el partido de octavos.
Increíble pero cierto. Después de las pobres actuaciones anteriores, de las desprolijidades en los manejos de los directivos de la AFA, del cuerpo técnico, y la floja actuaciones de las principales figuras, sumadas a las distintas novelas producidas por las redes sociales y alentadas por algunos colegas y medios que crearon un clima espantoso.
Hoy empieza otro mundial. Argentina clasificó tras un golazo de Marcos Rojo a cinco minutos del final, cuando la albiceleste rozaba el drama, cuando Nigeria acariciaba la clasificación como segunda de grupo, después de una segunda parte de locos en la que hubo de todo: consultas al VAR, un absurdo penal de Mascherano, el clásico fallo de Higuaín que parecía que condenaría a su equipo.  Pero esta vez el fútbol esa mecánica de lo impensado como decía el maestro Dante Panzeri, tiene esas cosas Argentina está en la ronda más importante de Rusia 2018.
Aparte de a Rojo por el gol, Argentina debe darle las gracias a Messi y a Croacia, que fue la que la puso en octavos al ganarle a Islandia y que se mostró bastante inoperante en ataque. Con algunas figuras destacadas como Banegas, encontrando un arquero que dio seguridad, pero fundamentalmente con un equipo de Sampaoli que salió al campo de juego con un ánimo diferente. Empezando por Messi, que esta vez no agachó la cabeza al escuchar el himno nacional. Apuntalado por una espectacular hinchada, conducida por Diego Maradona, y todo un pueblo en Argentina alentando con pasión.
El primer tiempo fue arrollador para Argentina. Messi estaba encendido y su dupla con Di María y Banega hacía estragos en la defensa de los africanos. A los 14 minutos, un pase largo de Banega habilitó una de esas carreras memorables de Messi, que terminó en la red. El 10 le abrió la puerta a Argentina a octavos, y así se fue al descanso
Pero Argentina está acostumbrada a sufrir. Cuando miraba de reojo el resultado de Islandia-Croacia, una falta discutible de Mascherano en el área le dio un penal a Nigeria. Argentina pidió el VAR, sin éxito. Moses puso entonces el 1-1 y Argentina se desesperó. Durante media hora buscó por todos los sitios posibles, luchando contra su propia ansiedad. Messi se apagó y la defensa nigeriana se cerró. Por un momento todo pareció perdido. En un partido a todo o nada, la selección se llevó todo. Sufriendo pero redimiéndose del fracaso inicial.
Hasta el milagroso y tremendo gol de Marco Rojo. Que cambia la historia, ahora con la esperanza que puede terminar en jugar un solo partido más, dos o cuatro. Quizá se hayan iluminado los jugadores y en un marco de mayor tranquilidad se puede llegar a la final el 16 de julio en Moscú, como ocurrió en Brasil 2014. Ya estamos completando el equipo de Jornada con Sergio Levinsky en Rusia acompañando una nueva esperanza nacional. Como dijo el hombre que nos dio la victoria: “El Mundial para nosotros recién empieza”.

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