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Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Miercoles, 18 de Abril de 2018

Pobreza

Desde hace un tiempo nos preguntamos, cuando visitamos la ciudad de Buenos Aires, ¿por qué tanta gente vive en la calle? En las puertas de los cines, bancos, en las esquinas, dentro de los espacios de cajeros automáticos…

Oficialmente, según informó la agencia gubernamental Télam, el subsecretario de Fortalecimiento Familiar y Comunitario porteño reconoció que son más de mil las personas durmiendo en las calles de la ciudad. En 2016 ya se había registrado una suba del orden del 40% con respecto a 2015, de acuerdo con la ONG Médicos del Mundo.
El subsecretario Maximiliano Corach (hijo de Carlos Corach, ex ministro de Menem) admitió que en el último año aumentó 23% la cantidad de personas en situación de calle.
Preocupa ver esa fotografía, sobre todo nocturna, de la ciudad de Buenos Aires, el distrito más rico del país.
No es lo mismo la pobreza que ser pobre. Todos los gobiernos afirman querer acabar con la pobreza, incluso aquellos que con sus políticas la promueven. Decirlo da rédito electoral. Los pobres, en cambio, molestan. El problema para algunos no es la pobreza sino los pobres.
Las personas sin techo son el testimonio más duro, y visible, de esta pobreza existente, que a menudo se vive puertas adentro, en silencio y con el único apoyo de la familia. Abuelos que acaban pagando el piso, la comida y la ropa de hijos y nietos. Las criaturas son las que más sufren las consecuencias. Una criatura, como afirman Facundo Manes y Abel Albino, que crece pobre tiene pocas posibilidades de salir adelante. Según los estudios, un 80% de los pequeños que hoy son pobres lo seguirán siendo de adultos. Cada vez más, se nace pobre y se muere pobre.
Son los invisibles, a quienes se acusa de ser pobres porque quieren, de no tener interés en trabajar. Personas golpeadas no sólo por la pobreza sino por los prejuicios.
Para aquellos que viven en la calle, recuperar la dignidad y la autonomía, ante un sistema que los aleja, es fundamental.
Todos creemos que hay recetas mágicas para acabar con la gente sin hogar, pero no es así. Claro que se puede hacer más para paliar la situación de los que viven en la calle, en particular desde el gobierno, pero mientras no se aborden las causas políticas que lo provocan todo lo que se hará será poner paños.
Como buena noticia, este año Mauricio Macri anunció que la pobreza bajó a 25,7%: todavía hay en el país 10 millones de pobres.
El número de pobres descendió en un año de 12.300.000 a 10.400.000. El aumento del empleo y la mejora parcial de los ingresos, entre los factores que explican el repunte.
Hay que fortalecer el crecimiento y desarrollo económico, acentuar las políticas sociales para bajar más fuertemente la brecha.
La línea entre la pobreza y la exclusión social es cada día más estrecha. No se trata de acabar con los pobres, como algunos quisieran, sino de acabar con la pobreza.

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